Hace seis años que tuve la primera noticia de la negativa de un político a limitar el acceso de los medios de comunicación a su vida privada. Cierto que en aquella ocasión las cámaras de televisión y los fotógrafos querían acceder al domicilio del notorio caballero para captar las primeras imágenes de su primer nieto, recién nacido. La escena resultó sumamente curiosa. El citado político vivía en los medios a diario pero comprendió que una cosa era su vida y otra la del neonato que nada podía decir al respecto. Imagino que aquel hombre pasó por una dura tormenta de ideas para intentar resolver aquel dilema. Pero como al hombre se le daba medio bien lo de enfrentar conflictos ideó una estratagema que sería infalible y que le permitiría seguir teniendo tratos pasteleros con la prensa, como solía hacer y a la vez contentar a su hijo y a su muera, celosos guardianes de la intimidad del vástago. Entre todos decidieron que el tema se daría por zanjado si el padre de la patria accedía a fotografiarse al lado de la cuna del niño. Cuna que estaría blanca inmaculada pero especialmente ¡Vacía! Para la ocasión. Y así se hizo, y el gozoso abuelo posó junto a una cunita en la que destacaban un chupete de color azul y unos diminutos zapatitos de charol. Supongo que se trataría de dejar claro de alguna manera que su nuera no había parido un conejo, que la gente es muy mala, mal pensada y tiene poco que hacer en casa.
Al ver el reportaje un luminoso domingo por la mañana lo primero que pensé fue en el estrepitoso ridículo que habían hecho todos los actores en aquella performance. Pero esto dejé de pensarlo al recordar la adscripción socialdemócrata del pollo fotografiado. Porque de todos es bien sabido que la socialdemocracia, como la democracia cristiana son entidades teórica de tal calado moral que ni ridículos ni dobles sentidos tienen cabida en ellas.
Esto me vino a la memoria cuando me enteré de que Telma Ortiz, la hermana de la princesa Leticia, había interpuesto una demanda de auxilio pidiendo que los medios de comunicación se olvidasen de ella. Una demanda razonada, expuesta de forma prudente y educada. La señora Ortiz ha sido objeto de tretas y artificios para robar una foto de su hijo que harían palidecer a muchos padres de familia. Pese a todo está dispuesta a cargar con la parte alícuota de popularidad que, de rebote, le cayó encima con la buena boda que hizo su hermana Leticia. Permitiría a los medios fotografiarla en esos eventos compartidos. La resolución de la demanda, su desestimación judicial, ha sido interpretada por la prensa amante de la esplacnología como un triunfo en toda regla.
Los mejores teóricos del periodismo se han puesto levemente de parte de sus compañeros de oficio y le han enviado a Doña Telma mensajes con cayena y vaselina. ¡Aaaaah! La vida privada, dicen hinchando el tórax. ¡Aaaaah! ¡qué ingenuidad! ¡Aaaaah! ¡es la asepsia de los medios! ¡Aaaaah! Ni siquiera los medios deciden qué cosa es y no noticia. Toda una pantomima para esconder que el único lema reinante es ese hipogonadotrófico gritito que dice que “noticia es lo que deciden los medios de comunicación”. No hay más.
Y eso porque muchos, bastantes más de doce, pensamos que un periódico debe ser una instancia moral y cultural que dé noticia cierta de lo que sucede en una sociedad.
Aunque Telma haya perdido la demanda a mucha gente le consta que el control y la tiranía que en la actualidad ejercen los medios de comunicación sobre la vida privada de mucha gente que no desea ser noticia está pidiendo a gritos algún mecanismo de control que se encargue de que un periódico nunca deje de ser un referente moral y cultural.
La importancia de lo ontológico en psiquiatria (45)
Hace 57 minutos
18 comentarios:
tengan ustedes buenas noches. Msñsns les hablaré de la sangre y el ámbar.
Ambar=báltico.
Hay mucho en Lituania y en Polonia.
Encontrar un "socialista" democrático, -en el sentido estricto de democracia total-, es tan falso como hayarlo "liberal", -en igual sentido-, en lo económico.
¡Menos mal que nuestra "Cultura" es esquizofrénica, y por eso podemos seguir funcionando!
Hallarlo debí escribir.....
"Hay una relación directa entre desorientación cultural y probabilidad de convertirse en esquizofrénico."
La civilización occidental no puede ser aprehendida de manera sintética por el individuo, lo que provoca dificultades de orientación y favorece la psicosis.
El hombre desorientado, incapaz de asociarse a un conjunto cultural coherente, -en su contenido y su proyecto-, procede a "extrapolaciones rápidas" que le llevan hacia un pensamiento abstracto que se aparta progresivamente de lo real.
1939, G. Devereux, etnopsiquiatra.
Totalmente de acuerdo, Sarapo-
en alemania, no pasan esas cosas.
Negar que la vida privada tiene dueño es una ignominia. Se entra en el terreno de lo abominable cuando la propiedad y el ámbito personal quedan desprotejidos. Qué otra cosa puede ser el personaje público sino un actor, dentro de un teatro que se escenefica en lo público. Algunos pretenden darle la vuelta a la realidad. Y se quedan en la más extravagente Ficción. Porque esa información de "sociedad", salvo por su manifiesta intención individual exhibicionista no puede ser noticiable. Ni son presuntos delitos ni nadie puede ser obligado a "entrar en escena". Los datos personales tienen un precio del que cada cual es su acreedor. Es lujo del periodismo, poco o nada quizá que ver con lo inmoral, acordar verificar la autenticidad de un personaje. Pero una aberración su expoliación. Lo comunitario no puede ser una norma. La norma ha de ser hecha para protejer al individuo. Y cuando la información pública no nos proteje sobra.
proteger, no protejer. I´m sorry.
Permítanme dos cosas:
a) Que dude lo de referente moral y cultural pues a la tierna edad de en 2º de bachiller (plan Villar Palasí) el libro de una innombrable asignatura me colocó la primera página de cinco periódicos con la misma noticia … demoledor con caída del caballo para siempre jamás.
b) El siguiente Julio Camba. Me ha parecido ver hoy en Babelia el libro recomendado.
“Se ha dicho que hasta ahora los periodistas madrileños no habían empleado contra sus empresas ningún procedimiento revolucionario, y esto es inexacto. Durante la guerra ruso japonesa, yo era redactor de un periódico donde nos pagaban con bastante dificultad. Sobre todo, considerábamos humillante la clase de moneda con que se nos hacían los pagos, y que era: o calderilla, producto de la venta en la Puerta del Sol, o sellos de Correos, que acabábamos vendiéndole, mediante un considerable descuento, al propio administrador que nos lo había entregado.
-Crean ustedes -solía decirnos aquel señor- que al tomarles a ustedes a diez céntimos estos sellos de quince, hago un gran sacrificio. Nosotros somos un periódico muy liberal y tenemos para toda nuestra correspondencia la franquicia parlamentaria…
No había medio de que se nos liquidase en plata ni con regularidad. ¿Qué hacer? La huelga era imposible, y decidimos recurrir al sabotaje. En todos los telegramas de la guerra que nos mandaban las agencias nosotros le quitábamos un cero a la cifra de los muertos, y así, mientras los demás diarios, a la hora del desayuno, les servían cuatrocientos o quinientos cadáveres a sus lectores, el diario saboteado sólo le servia a los suyos cuarenta o cincuenta. La diferencia era enorme. Toda la prensa nos ganaba en interés y emoción. A la hora de tomar el café, cuando el lector de nuestro periódico se ponía a discutir la guerra con sus amigos, el papel que hacia era sumamente lamentable. Todo el mundo presentaba bajas a centenares y él no podía sacarlas mas que por docenas. Muchos suscriptores se borraron, diciendo que carecíamos de amenidad y que éramos unos malos periodistas.
-Habrá que hacer un gran esfuerzo -nos observó un día el propietario.
Y entonces nosotros le planteamos nuestras condiciones: pago puntual y moneda de plata o billetes de Banco. El propietario aceptó y, durante varias semanas, en vez de suprimir, le añadíamos un cero a las cifras de muertos. Fue un éxito formidable. Las otras empresas se volvían locas pensando en qué procedimientos serían los nuestros para obtener unas informaciones tan completas. Llegamos hasta a matar a muchos heridos en riñas de los alrededores de Madrid, heridos que los otros periódicos dejaban simplemente moribundos. Luego decidimos que este esfuerzo gigantesco estaba muy mal retribuido y lo abandonamos.
-Por mucho que nos paguen -dijimos-, nunca nos pagaran lo bastante. Indudablemente no vale la pena matar a nadie por cuenta ajena…
[…] Las empresas periodísticas no son, después de todo, más que una modalidad de las empresas funerarias, y nosotros somos unos sencillos empleados de pompas fúnebres que hacemos, según los diarios que nos han contratado, entierros de primera clase, entierros de segunda y entierros de tercera…”
[Maneras de ser español]
¡Babelia, tontaina, ABCD!
chikilicuatre el 16. a c
El PSOE suspende un acto de Zapatero en Alange ante las protestas de unos manifestantes
Espero que ahora la gente deje de tocar los huevos con la puta sequía .
Gore Vidal, que es primo de jimmy Carter y familia (no sé qué) de Al Gore, dice de Obama:
«Será presidente pero le pegarán un tiro. Claro que ése es su problema. Si Jack sabía que le iban a matar, un chico negro debe ser aún más consciente de ello».
Joder, entre este y Hillary Barack Obama no llega al próximo finde.
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Tareas:
Recortar el artículo de Enric González en El País de hoy y tirar el resto de la prensa.
Grave cogida de Frascuelo.
El niño 44
Sonrisas y lágrimas
«Tres años cobrando 60.000 euros por ser funcionaria en la Oficina Antifraude catalana, que no existe» si no fuera porque es verdad esta noticia movería a risa, un oxymoron perfecto, fraude en la oficina antifraude, pero lamentablemente la información no sólo es cierta, sino que es un reflejo exacto de los desmanes de la casta política que so capa de representarnos, se dedica a llenarse el bolsillo. Y lo que es peor, es coherente con el doble pensar que se ha instalado en la dictadura de lo políticamente correcto.
El fraude en la oficina antifraude inevitablemente evoca la excelente novela de George Orwell, 1984. En la dictadura imaginada por Orwell el ministerio encargado de gestionar la perpetua guerra se llamaba Ministerio de la Paz; paralelamente, el que se ocupaba de manipular el pasado cada vez que los cambios en las alianzas bélicas lo exigían era el Ministerio de la Verdad. Paradoja exquisita. Doble pensar, creer en una cosa y su contraria según convenga al Gran Hermano.
La dictadura de lo políticamente correcto que nos oprime también se ha instalado en la paradoja continua. No basta con que la Constitución consagre la igualdad sin distinciones de sexo, raza, religión, etc... es necesario crear un Ministerio de Igualdad que, coherente con la tradición orwelliana, debe velar por la desigualdad. Así los portavoces de lo políticamente correcto están eufóricos por el gran avance que supone la reforma penal en lo concerniente a la mal llamada violencia de género (el género es una categoría gramatical, no una condición sexual).
El gran logro de los paladines de la igualdad es haber conseguido la desigualdad en la aplicación de la justicia, si la violencia la ejerce el hombre la pena es más severa que si la ejerce una mujer. “Discriminación positiva” llaman a ese dislate. El sintagma se ha convertido ya en uno de los pilares del pensamiento políticamente correcto. Lo malo es que “discriminación” es un sustantivo y “positiva” un adjetivo calificativo. Me explico, lo sustantivo es lo esencial, la discriminación, mientras que “positiva” es una calificación subjetiva.
Discriminación positiva me pone la carne de gallina al igual que “venganza justa”, “guerra santa”, “mal necesario” o “solución final”. Los adjetivos son peligrosos, pueden dar apariencia de bondad a las mayores barbaridades. Pero cuando se da un paso más allá y se manipula la realidad hasta el extremo de que los sustantivos, como en la novela de Orwell, como nuestro Ministerio de Igualdad, designen exactamente lo contrario de lo que significan, la cosa es para echarse a llorar...o a reír. Sonrisas y lágrimas.
Enrique Benavent Morales
26-05-08. http://www.valenciahui.com/
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