Se avecinan muchos cambios de cara al otoño. TL no ha querido ser ajena al vendaval que se nos viene y, tras un par de semanas de pruebas, ha decidido quedarse a vivir en el formato actual. El diseño que estrenamos es obra de la pericia informática de Verónica Puertollano que ha tenido la sensibilidad adecuada para acallar mis inseguridades. Gracias, Verónica.
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Al Espanyol siempre le costó salir en la televisión, en parte por la omnipresencia del Barça, y puede que penalice también hacer constar en el currículo la condición de perico cuando se trata de aspirar a un cargo, de manera que a veces se impone silenciar el amor a los colores blanquiazules, sufrir en el anonimato, o, por el contrario, se exagera el gesto como signo de resistencia, lejos en cualquier caso de la normalidad. Nunca ha sido un club mediático y hasta alguno de sus mejores escribientes se cambió de equipo para favorecer sus aspiraciones periodísticas. A veces da la sensación de que gestiona mejor las derrotas que las victorias. A muchos ciudadanos les suena más Leverkusen y Glasgow que Mestalla o el Manzanares y todavía hoy se recuerda el estruendo del desplome de Sarrià después de ser dinamitado por las deudas.Estas palabras de Ramón Besa salvadas del arroyo por MA me han empujado a hacerme seguidor del Español manque pierda. Un gesto de irreverencia ante la ola Guardiola. Y un punto cervantino: "Con el débil siempre, con razón o sin ella". Así pues, este año nos sentiremos gente perica y seguiremos al equipo de un puñado de valientes como Albert de Paco, Enric González, Pau Gassol, Ricky Rubio, etc.
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Se quedaba corto el amigo Bernal cuando reclamaba la ironía en la literatura como rasgo diferencial de la literatura barcelonesa hecha en castellano. De un tiempo a esta parte parece como si lo único interesante que pasase en el mundo cultural hispano viniese de la Barcelona castellanoparlante. Bueno, todo menos
Sabina y los Quijano.