
Haruki Murakami. 60 años. Novelista de culto japonés en Occidente. No le he cogido el punto a sus novelas que tratan, dicen, de la incomunicación y del ansia de amor que respira nuestra sociedad. Y eso que lo he intentado varias veces. Pero siempre me ha llamado la atención su biografía, eso que llaman su estilo de vida. Un tipo solitario, esquivo, que rechaza todo tipo de entrevistas y performances sociales. Un tipo seducido por la cultura pop, por la serie LOST de la hiperconservadora cadena Fox y por
El día que murió Rita Hayworth. Hasta aquí nada reseñable. Un rarito con una buena agente literaria. Hace unas semanas leí que para entrevistar a Murakami había que madrugar. Que suele citar a los periodistas a las seis de la mañana en Central park por donde corretea una hora diaria. Y que no se detiene para contestar, que las intervíus las hace trotando. Y ahí ya me ganó. Porque ha publicado un librito de memorias donde intenta explicar y explicarse porque corre a diario desde hace casi 30 años.
What I talk about when i talk about running. Un excelente diario de su peripecia como maratoniano, como corredor de largas distancias y como triatleta. De hecho se ha ido a vivir temporadas a Hawaii, cuna del triatlón. Sus agudas reflexiones sobre la intersección entre el correr y su trabajo, entre la necesidad constante de escapar y la literatura. Y su resuelta y sencilla sinceridad: " As I run i tell myself to think of a river. But essentially i,m not thinking of a thing. All i do is keep on running in my own cozy, homemade void, my own nostalgic silence. And this is a pretty wonderful thing." Haruki escucha a
Lovin Spoonful mientras corre.
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El periodista Arcadi Espada proclama,
a modo de prólogo, la muerte de los periódicos a manos de la posmodernidad. Sus razones son conocidas para quienes le leemos desde hace años. Me interesa sobre manera su razonada carga de caballería contra el espíritu de cuerpo, contra los colegios profesionales. Justo lo que ayer le echaba en cara la recortada simplicidad de Julia Otero. Y esta frase: " Nada como el dinero para desvincular al periodista del común de los ciudadanos". El dinero...o su escasez. Solo falta que el maestro deje de dar palmas y se arranque por alegrías. Pero mientras tanto que
Enric González siga haciendo las esquelas. __________________________________________________________
Me precio de conocer a las personas con un par de conversaciones breves. La voz que ayer tarde descolgó el auricular en Budapest parece de buena gente.