12 de octubre de 2007

CUENTISTAS EN LA RED





La frase no hubiese tenido más importancia si no la hubiese dicho Álvaro Mutis. El genial novelista colombiano asentado en México suele decir cosas curiosas en las entrevistas. Mutis, el maestro en novelar las crisis morales de los hombres y en afirmar «la inutilidad de toda empresa». Mutis, el mago que creó al mejor de los gavieros. Yo ya sabía que Mutis no anduvo cómodo por el siglo XX y que el siglo XXI tampoco le caía muy bien. De hecho se considera un hombre del siglo XVIII y piensa que la última vez que pasó algo gordo fue en la caída de Constantinopla, hacia 1453. Un tipo divertido el novelista Mutis. Bueno, pues ahora salía en la prensa para alertar contra la tiranía de los nuevos medios de comunicación y contra los artilugios electrónicos que la sustentan. Y decía don Álvaro que «jamás en su vida sobre la tierra el hombre ha vivido más solo». Entre trompetas del Apocalipsis y tifones informáticos, Mutis afirmaba que los jóvenes se están transformando en robots ausentes y que aquella comunicación en la que antes intervenían los ojos, los gestos y la piel se había transformado gracias a internet en mentira y engaño. Todo un nostálgico del Antiguo Régimen.

No parece que tenga razón Mutis. Internet es la aventura más importante que le ha sucedido al hombre desde que el herrero Juan Gutenberg dio las primeras vueltas a la manivela de la imprenta de tipos móviles, allá por 1450. Y no estamos más solos que antes. Todo lo contrario. Internet ha supuesto para mucha gente con graves problemas de comunicación la posibilidad de entrar en contacto con sus semejantes, de verse cara a cara con alguien de vez en cuando. No voy a glosar aquí la larga serie de ventajas que el uso de las nuevas tecnologías conlleva para el desarrollo de una comunidad. Ahí están las millonarias inversiones de todos los gobiernos de todos los colores. Y puede que sean los más desfavorecidos quienes más tengan que agradecer a la red de redes. Es cierto que internet no debiera convertirse en la principal forma de comunicación entre los seres humanos, aunque una revolución de este tipo matizará las relaciones humanas. Es cierto que hay actividades que ahora probablemente se hacen con menos frecuencia que antes; en concreto, comprar discos, libros o periódicos. Pero yo sigo viendo el mismo bullicio en las calles que antes. Sigo viendo los parques y jardines ocupados por el mismo tipo de gente que siempre y sigo viendo la misma energía en la cara ilusionada de los más jóvenes. No, no son peores los jóvenes de ahora. Nunca lo han sido.

Me temo que en la crisis de Mutis con su tiempo laten dos conflictos: el que el autor de ficción establece con la realidad (un grave carajal) y el que la persona sufre con las generaciones posteriores, que no comparten o ni siquiera conocen sus códigos vitales más apreciados. No es raro que el hombre -Mutis- se sienta sólo. Estas cuitas me recuerdan al descalabro vital de aquél cómico de provincias ante la llegada del cine en esa historia tan terrible escrita, dirigida e interpretada por Fernán Gómez que se llamó «El viaje a ninguna parte».
Otro novelista, Enrique Vila-Matas, reconocía ayer en Oviedo que internet ha transformado su forma de trabajar. Internet le permite, a golpe de Google, escribir sobre desayunos en hoteles lejanos a donde no ha llegado. Y nos leyó el barcelonés un artículo sobre un desayuno con tucanes en un hotel de Cartagena de Indias sin haber estado en Cartagena de Indias. Vila-Matas, que se define como metaescritor, tiene que ser de los autores que mejor se lo pasan en la red. Y es que bien pensado, ¿qué más le puede pedir a la vida un cuentista?

22 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué más puede pedir a la vida un cuentista?
El Nobel de la Paz, por ejemplo.
Buenos Días

Anónimo dijo...

Excelente Sarapo. Mutis nunca me gustó demasiado, no sé por qué, quizás porque es de los que se lía con el carajal de la ficción, cosaimperdonable para un novelista.

Nadie se tomo la preocupación de leer al revés: Satam Alive

Anónimo dijo...

Los del Nobel están empezando a copiar a los Príncipes de Asturias.

Anónimo dijo...

Pués a mí eso de internet ma ha llevado a corroborar que aquello de que "en casa del herrero cuchillo de palo", es aplicable a cualquier profesión.

"En casa del psiquiatra cerebro desordenado".

Abate Marchena.

Anónimo dijo...

Casaleeee ¿se te mojó el portatil?

Anónimo dijo...

Era la primera vez. Conectó el ordenador y se dio un paseo por la Red. A los pocos minutos, indignado apagó el diabólico aparato. Lentamente se levantó e hizo Mutis.

Anónimo dijo...

Artabro ¿qué te pasó ?

Anónimo dijo...

Sería estupendo saberlo, sarapo y que cada uno contase su cuento de la red... ártabro el ideas.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el señor Mutis. Inernet deshumaniza, no crea comunicación auténtica. Proporciona información, pero las relaciones entre los internautas están basadas en ficciones y obsesiones. Nada como la realidad; y nunca más solos y despedazados que en esta trampa virtual.

Anónimo dijo...

Mañana he quedado con una amiga en un pueblo de la costa occidental asturiana. Conduciré casi 500 kilómetros y volveré a verla. Me gustó la primera vez que nos vimos gracias a una cita internáutica.Ya ves anónimo que no todo es mohína.

Anónimo dijo...

no se me ha ahogado el portátil pero tengo problemas para conectarme a la red. Básicamente porque lo hago sin estar dado de alta y aprovechando no sé que circunstancia.
De repente vuelve, se va, esas cosas.

viejo casale

Anónimo dijo...

Casale, no disimule y reconozca que se está aprovechando del wifi del vecino.

Anónimo dijo...

Llevo viviendo fuera de España más de cinco años. ¿Alguien me puede explicar qué significa el titular "El mejor rondo de España"? Estoy casi convencido de que cuando yo me fui, eso de "rondo" no se decía. De hecho no sé lo que significa.

Gracias

Anónimo dijo...

Más que el wifi del vecino creo que es el wifi de un polideportivo que han construido justo debajo de donde escribo. Mejor así, eso supone que no debo tener problemas de suministro. Por cierto, después de unos días de vendavales, mar enrabietado y otros desastres, hoy ha regresado la calma en forma de balsa plateada. Tan es así que no descarto bajar y darme un baño. Pero antes...

viejo Casale

Anónimo dijo...

EL BEATO IMPOSTADO
Los domingos me gusta llevar a E. al trabajo. Es un madrugar grato, que me garantiza su sonrisa y también la certeza de aprovechar la mañana.
Suelo desayunar, ya solo, en un bar ubicado donde estaba el viejo campo del Levante UD, en la calle Alboraya. Un desayuno frugal: cortado, bocadillo de tortilla y un donut. Insisto, frugalidad ascética para no desentonar. El ambiente del bar se asemeja al de las parroquias, con grupos de familias pías, ancianas venerables y jóvenes aspirantes con gafas premodernas. No es nada casual semejante puesta en escena. Ya a principios del siglo XX Blasco Ibañez describió la zona como la kabila clerical. Un barrio de beatones y meapilas, rodeado de iglesias, conventos y talleres de imágenes sacras. De alguna manera, todo eso vuelve en las mañanas de domingo y su lento torrente de cafés con pastas.

Ya habituado al baile, llevo semanas observando al jefecillo de una de las mesas. Se trata de un tipo alto y desgarvado, con gafas de párroco miope y verbo fluido e inquisidor. Viene siempre rodeado de un grupo de ancianas, 6 ó 7, que le escuchan con verdadera devoción. El tipo, que tiene la mirada turbia y el gesto resabiado, es un conspirador nato. Al principio pensé que era el cura pero pronto ví que no. Es otra cosa: quizá un seglar o uno de esos que vive siempre alrededor de la parroquia y ve el pecado en todas partes. Sus intervenciones en el bar me han obligado a intentar sentarme siempre lo más cerca que puedo de su mesa. lo reconozco: es una experiencia fascinante.

El tipo habla, habla y habla. De vez en cuando alguna anciana interrumpe y dice, juro no es coña: "la culpa es de Zapatero". Pero por lo demás, es el ex-seminarista quien lleva la voz cantante. Además, no escucha a nadie. Y la prueba más evidente es la mirada de indiferencia atroz que luce cuando simula escuchar a los demás. Esa mirada tan reconocible es siempre lo que más me llama la atención del personaje: la distancia que le separa de su doctrina. Pero lo mejor, con todo, es cuando llega la hora de pagar. Como mi marcaje va en aumento desde que le descubrí, hoy ha sido la cuarta vez que a la hora de pagar se ha levantado para ir al servicio. Por curiosidad le he seguido al lavabo. Sólo para confirmar mi intución. Como era de esperar, el beato no es tal. Del otro lado de la puerta del retrete he oído su conversación telefónica con algún compinche: "las viejas están pagando el desayuno ahora. Hoy tienes que atracar a la de la peluca gris. Es la que se irá sola por la calle del Pintor Vilar"...

Al salir con ellas por la puerta, una ha comentado en voz baja: "oyes, otra vez que se va sin pagar..." Y eso que no sabía lo que le esperaba al doblar la esquina. Era la vieja de la peluca gris: La culpa, como no, es de Zapatero.

viejo Casale

Anónimo dijo...

Bruno;

Más o menos:
rondo es lo que se hace en los entrenamientos. Los jugadores se pasan la pelota con uno en medio sin que este la huela. Cuando un equipo toca mucho el balón como ayer España en la jugada del segundo gol se dice eso: hacer el rondo.

viejo Casale

Anónimo dijo...

Entiendo, v. Casale. Gracias por la explicación.

Anónimo dijo...

"Más que el wifi del vecino creo que es el wifi de un polideportivo que han construido justo debajo de donde escribo..."

¡Carallo! El Viejo Casale ha anidado en un marcador electrónico.

Anónimo dijo...

Hay que esforzarse mucho por parecer más tonto de lo que se es.

Anónimo dijo...

Exacto Devisita. Mutis es un tipo encantador con compañías peligrosas. De Vila Matas escribiré largo y tendido mas adelante porque el personaje se lo merece.

Anónimo dijo...

Tumbado en una pequeña caleta cercana a Orzola con un dulce de resaca en la cabeza. Van ya cuatro bodas por estas tierras. Puedo confirmarles que a todos ustedes les leen de vez en cuando desde las más diversas latitudes.

Anónimo dijo...

¡Encontrado!
Mala memoria que confunde el verde de un expositor de librería con el marrón en uno de mis estantes.
Y así comienza..
“Una vez (en Misisipí, en mayo, en 1927, año de la inundación) había dos penados . Uno de ellos tenía unos veinticinco años; era flaco, sin barriga, con una cara tostada y pelo negro de indio con pálidos e indignados ojos de porcelana -una indignación dirigida no a los hombres que habían frustrado su crimen, ni siquiera a los abogados y jueces que lo habían mandado aquí, sino a los escritores. Los incorpóreos nombres ligados a los cuentos, a las novelas por entregas (los Diamond Dick y Jesse James y otros de su calaña) que según él lo habían empujado a su condición actual por su propia ignorancia y credulidad acerca del medio en que traficaban y cobraban dinero, aceptando información en la que estampaban sello de verosimilitud y autenticidad- , hecho tanto más criminal, cuanto que no adjuntaban una garantía legalizada y explotaban así la tácita buena fe a cambio del cobre o de los quince centavos que remitía y revendía por dinero y que al primer ensayo resultaba impracticable y (para el penado) criminalmente falsa.”
Old Man.