26 de abril de 2008

DUDAS Y QUEBRANTOS


Excelentísimo Señor Juan Gelman. Mientras haya un hombre asustado, habrá poesía.

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Leo las Rumbas de Joan de Sagarra antes de que la edición original de Kairós se convierta definitivamente en polvo. Cuendo pedí el libro por teléfono, y de tan familiar que suena la empresa, pensé que el propio Pániker me anotaba la comanda. Sagarra. Ingenio, agilidad y fugacidad. Esa frase: " Arcadi Espada no debe tener el oído muy fino. Yo no grité: Boadella, hijo de puta. Lo que grité fue: Boadella, fill de puta". Muy amenas las rumbitas catalanas que traen el aroma triste de las flores de las Ramblas y el color de la camiseta del Barsa cuando era azulgrana de verdad, o sea, cuando Sadurní, Rexach, Asensi y cia. O sea. Paloma.

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Pronto hará diez años que el Sporting falta de su asiento de Primera. Pero, este año, ¡sí!





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15 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente día de sol y de playa. Rondamos los treinta por el sur de la Isla.

Anónimo dijo...

¿Sólo treinta por el sur? Se habrán ido todos al norte.

heptafon dijo...

Esa versión asturiana, manifiestamente mejorable. Mucho mejor pites run. Eso si, viene al caso por lo del sporting.

También en el foro rondamos los treinta grados celsius.

Anónimo dijo...

En el balneario, sobre veinte y bajando. Se aviene la niebla tardana.

Anónimo dijo...

de Sagarra es recomendable su "La horma de mi sombrero". Aunque siempre tiene ese punto de no sé qué, como si fuera obligatorio encontrarle gusto hasta a sus pedos.

ya que no el Elche, pues el Sporting, ¡por supuesto!

Anónimo dijo...

ximo, la horma del sombrero de sagarra no se encuentra ni en iberlibro. Están muy bien las Rumbas, hombre...

Anónimo dijo...

Entre lo que hemos pagado a los piratas y a aquellos que secuestraron a dos médicos de Médicos sin Fronteras ya nos hemos gastado un par de millones de euros. Todo sea por el bien de la alianza de civilizaciones.
Si me secuestrasen por favor paguen rápido.

Anónimo dijo...

Westerman, ¿quién podría secuestrarte? Sería un riesgo secuestrar a alguien con un nomre tan rimbombante.

Anónimo dijo...

eso sí

Mercutio dijo...

¡Hombre! Llevaba años buscando una frase más falsa que esa de 'puedo escribir los versos más tristes esta noche', y va y me la regala Mr. Sarapo, así, de sopetón. Y sin cursiva ni comillas; como si fuese propia.

Pues pague, magufo, pirata, plagiario. Pague como si fuera suya.

Hipótesis:
Mientras haya un hombre asustado, habrá poesía.
T. Sarapo.

Corolario:
Homero, Virgilio, Horacio, Basho, Dante, Shakespeare, Quevedo, Hölderlin, García Lorca... acojonaos todos.

Anónimo dijo...

Ja ja ja¡¡¡¡¡¡


Muy bueno Mercutio, muy bueno. La frase no sé quien la dijo pero tiene que ver con la particular forma de expresar el miedo que tiene Gelman. Un día de éstos seguiré con Gelman valorará algo más el aserto.



¿Tal vez es de Gabo? ¿Pero Quién es Gabo?

Anónimo dijo...

JOAN DE SAGARRA
Se llamaba 'Nfumu Ngui' Añadir a Mi carpeta
EL PAÍS | Cataluña - 25-11-2003

Si no recuerdo mal, la primera noticia que tuve de la existencia del albino fue gracias a la revista National Geographic, a la que estaba suscrito el que entonces era mi suegro. Era el número de marzo de 1967 y en la portada figuraba una fotografía del albino -que a la sazón debía contar un par de años- con la siguiente leyenda: Snowflake, the world's first albino gorilla. En el interior, un extenso artículo del doctor Arthur Riopelle, director del Centro Regional Delta para la investigación de primates de la Universidad de Tulane, me puso al corriente de las peripecias en torno a su captura y posterior adquisición por el señor Sabater Pi, a cargo del zoológico barcelonés.


Así pues, gracias al señor Sabater Pi teníamos en el zoo a un gorila de costa albino, el único gorila albino que se conocía en cautividad, huérfano (le habían matado a la madre), de una edad aproximada de dos años y al que algún gracioso le había bautizado con el waltdisneyano nombre de Snowflake (Copo, Copito de Nieve). Toda una rareza. Y encima nos había costado una miseria: poco más de 10.000 pesetas.

A mí no me agradaban -y siguen sin agradarme- los zoológicos. De niño, mi padre me había llevado a ver el zoo de nuestra ciudad, donde vi animales famélicos, jaulas vacías y una elefanta, Perla creo que se llamaba, con la pata presa en una argolla. Poco después mi padre me llevó también al zoo de París, donde años más tarde asocié las jaulas de los primates que allí vi con el tétrico paisaje de la isla del Doctor Moreau. No me alegré en absoluto por la llegada del pequeño albino a nuestro zoo. "Pobre animal, mejor que lo hubiesen matado con su madre", llegué a pensar.Pero lo que más me indignó fue el nombre con el que lo habían bautizado, probablemente el propio doctor Riopelle. Y me extrañó, porque los científicos tienen por costumbre bautizar a los animales que capturan y luego exhiben con su nombre de origen. En el caso de nuestro gorililla, su nombre debía ser Nfumu Ngui, es decir, "gorila blanco" en la lengua de la tribu de los fang, de la entonces Guinea Ecuatorial española, que fueron quienes lo capturaron.

Luego vino el numerito del alcalde. Eso ocurrió el mismo mes en que se publicaba el número del Natonal Geographic y Copito de Nieve saltaba a la fama. No sé a quién se le ocurrió la feliz idea de llevar al pequeño gorila al Ayuntamiento el día de San José, para celebrar la onomástica del señor alcalde, don José María de Porcioles. Le vi fotografiado -en La Vanguardia- subiendo, con dodotis, los escalones del Ayuntamiento, camino de la alcaldía, y luego sentándose en la silla del despacho del señor Porcioles, mientras éste le daba la mano. Parece que aquel día el gorililla se cagó, aunque, afortunadamente, no en brazos del alcalde Porcioles.

Todavía no nos conocíamos, el albino y yo, y todavía no le había sacado en los papeles. Fue un año y medio después del numerito del alcalde cuando me decidí a dedicarle uno de los artículos que diariamente publicaba en el diario Tele-exprés . Ese artículo surgió a raíz de una conversación que tuve con Gabriel García Márquez en el bar La Tour -donde preparaban un excelente dry martini-, en lo alto de la calle de Urgell, y donde Gabo y yo solíamos coincidir alguna que otra vez. Gabo hablaba de poesía y de pronto dijo una frase: "Mientras haya un hombre asustado habrá poesía". Y yo, no sé cómo, asocié el hombre asustado con el albino, con Copito, el poeta, "Copito de Lautréamont" , así se titulaba mi artículo. En él hablaba de los tranquilos caponatenses -los vecinos de Gabo, el cual a la sazón habitaba en la calle de Caponata-, los cuales se mostraban incapaces de percatarse del gran honor y, a la vez, del gran terror que la suerte les había deparado al enviarles a esta criatura albina, a ese pequeño monstruo, el cual, con los años, y más deprisa de lo que se imaginaban, se convertiría en una especie de King-Kong, en un fascinante poeta maldito, el cual habría de liberarles de su beatífica tranquilidad. En mi artículo, le decía a Gabo que, desgraciadamente, los tranquilos caponatenses se habían olvidado de ofrecerle pubilles frescas y sabrosas al pequeño albino, así como ramos de nardos. Y terminaba con estas líneas: "Pero llegará un día, tú bien lo sabes, Gabo, en que el albino romperá los barrotes de su jaula y se perderá en la ciudad en busca de lo que es suyo. Y se merendará a los tranquilos caponatenses que jamás se asustaron ante la mirada equívoca del albino, del poeta. Nuestro Lautréamont enjaulado".

Gabo se fue, cerró La Tour (nunca más supe qué se hizo de su barman, un canario de gran clase), llegó la bendita transición y el albino siguió tras los barrotes o los cristales de su jaula, hasta ayer a primera hora de la mañana, en que se murió de un cáncer de piel a una edad que, para un gorila, viene a ser la equivalente del no menos mítico Mickey Mouse.

Desde que escribí aquel primer artículo en el Tele-exprés, el albino y yo nos vimos con mucha frecuencia. Le presenté a mi hijo José -que hoy debe de llorarle en Budapest- y me reí con él cuando Óscar Tusquets, o cualquier otro estupendo, soltó aquello de "Copito es de la gauche divine". Más de un día, le abrí la puerta de la jaula para llevarle a comer un arroz de verduras al Set Portes o a tomar el aperitivo en el Boada, en compañía de su amigo Buffalo Bill. Últimamente, cuando iba a verle, me esquivaba con la mirada. No quería que le viera en aquel lamentable estado. Fue mi amigo, un gran amigo. Se llamaba Nfumu Ngui, era guineano, huérfano de madre, y fue, para su suerte o desgracia, the world's first albino gorilla. Murió ayer, en Barcelona, en una jaula.

Martes, 25 Noviembre, 2003

Anónimo dijo...

Pues sí, un hombre puede tener miedo:

http://www.sololiteratura.com/gel/gelsemblanza.htm

James Boswell

Mercutio dijo...

Acepto el reto de Pepsi, Sarapo. Se suspende el juicio hasta que presente Vd. nuevas pruebas. Contabilícese el tirón de orejas a efectos de cumplimiento efectivo de la pena, en su caso, o bien de cara a una posible indemnización.

Pero la generosidad y la paciencia de este tribunal tienen un límite. Y así como 'es toda una experiencia vivir con miedo' (Deckard vs. Batty, 1982), nos vemos inclinados a pensar que es asimismo jodido -e infrecuente- versificar con los congojos de corbata.

Anónimo dijo...

“He visto cosas que nunca creeríais. El ataque de naves ardiendo más allá de Orion. Rayos-C brillando en la oscuridad de la puerta de TanHauser. Ahora, todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”




Las frases favoritas de mi tío Mercu. ¿A que molan?