16 de noviembre de 2007

CUÍDATE MUCHO





Hace unos meses que la artista francesa Sophie Calle recibió una inesperada carta del hombre con el que compartía su vida. Más que una carta, su amante bandido le escribió un email para decirle que la había querido mucho, que había tratado de hacer de ella la mujer de su vida, pero que las cosas ya no iban bien y que como nunca la había engañado tampoco iba a hacerlo a última hora; que se iba y que esperaba que lo entendiese. Pero lo que más le dolió a la dulce Sophie (musa de Paul Auster) fueron las cuatro palabras del email con las que su pareja le decía au revoir. Prenez-soin-de-vous. O sea, cuídate muchoÉ ¡Vaya! No sólo se iba, sino que se permitía un consejo final. Cuídate, le decía, como si ella, que tenía algo más de 50 luminosos años, tuviese dificultades para cuidarse. Sophie quedó entre sorprendida, enojada y dolida. No sabía qué hacer. No entendía nada. Y se le ocurrió recurrir a 107 mujeres de diferentes edades y profesiones para que le ayudasen a interpretar y digerir aquel email de despedida. En internet pueden contemplarse algunas de las intervenciones de gente como Jeanne Moreau y Victoria Abril, que lee la carta en el lecho de la película «Átame». Y entre fotos, vídeos y textos con testimonios muy dispares Sophie Calle construyó una obra de arte sobre las ruinas de su luto sentimental. Una obra de arte que este año representa a Francia en la Bienal de Venecia.
El novelista Vila-Matas, que dice ser un buen amigo de la Calle, dice que hay rupturas liberadoras y que estos asuntos tan íntimos no tienen por qué ser cuestiones meramente personales, sino que pueden inscribirse en un campo de experiencias universales muy comunes. No me parece una reflexión acertada.

Las razones de Sophie Calle para hacer esta performance creo que son de otro tipo. Está claro que hay algo de reparador en la expresión del malestar y en el apoyo de los próximos, pero el dolor, la ausencia, el llanto son íntimos, muy íntimos. Está bien hablar de nuestros problemas. Es más, las cosas se complican cuando no alcanzamos a dar salidas a la tristeza. Pero la Sophie que se arranca con tanto ímpetu en pos de la gloria pública está poseída por un dinamismo que tiene que ver mucho más con su rol de artista profesional que con su rol de mujer dolida.
Siempre me ha llamado la atención la gran capacidad de la cultura francesa para trabajar con las emociones y los sentimientos. Su literatura, su música y su cine están plagados de amores rotos y amantes despechados. Los franceses parecen tener una riquísima vida interior que les permite lidiar con las penas en registros muy distintos.
La propia Sophie Calle ya había tratado previamente con este tipo de intervenciones. En 1984, tras un viaje a Japón, Sophie supo lo que era el dolor de un abandono sentimental; empezó a escribir un diario personal, pero el sufrimiento se le hacía interminable. Y no tenía otro tema de conversación que sus pesares. Hasta que un día se paró a escuchar el dolor de los demás y notó cierto alivio. Y se le ocurrió interrogar a una serie de personas por el momento más doloroso de sus vidas. Al relativizar su pesar comparándolo con el de otros, Sophie logró aliviar sus cuitas, aunque no dio publicidad a su trabajo por temor a recaer en los recuerdos. Hace unos meses que hizo otro montaje audiovisual con esa experiencia tan desgarradora, un reportaje sobre el abandono, sobre su pérdida. Y la de otros veinte corazones rotos. El resultado se expone en la Paul Cooper Gallery (Nueva York). ¿El título? ¡Ah!, bueno, sí... «Un dolor exquisito».

14 comentarios:

Juanjo Jambrina dijo...

James, gracias por ese loco en camiseta que nos recuerda que existe una ciudad libre llamada Barna.

Juanjo Jambrina dijo...

Ojo con hacérselo con la Calle. Al siguiente lo diseca y con los menudillos se hace un collar.

Protactínio dijo...

No sólo le dijo cuídate. Es peor aún. Mucho peor. Le dijo, en realidad: cuídese. De usted. A su ex-amante.

(¿Se creería el e-escribano Jean Sol Partre?)

((Lo cual tendría un pase.¡Pero que a esa señora cincuentona estupenda la confunda con la Simona de Buenver...! Intolerable, maestro. Intolerable.))

Loiayirga dijo...

Theosarapo, habla usted de Sofie Calle.
¿No nos da usted algún consejo para el trato con alguien más cercano a este blog: Con "De la Calle"?

Anónimo dijo...

¡Qué suerte tener unos pesares tan artísticos!

Anónimo dijo...

Eso es hacer de la necesidad virtud. De cada dos matrimonios uno se rompe en ná.

Anónimo dijo...

Don Prota ¡Cuánto tiempo y cuánta razón lleva¡

Anónimo dijo...

Sí, Loia, yo también me pregunté si la Calle francesa tendría algo que ver con nuestra Calle avilesina. En pettit comité le diré que mola más la de aquí aunque la francesa tiene su charme.

Anónimo dijo...

Si alguien de LNE (Mariola,Myriam o cualquiera) lee esto que le traslade el agradecimiento a Alvarez-Buylla por uno de los bollos de ayer.
Solo faltaría que en vez de Julián hubiese escrito Julio (nombre real) y la alegría hubiese sido mayor.

lafoca dijo...

Chema, mi madre ha llegado a casa diciendo maravillas de la doctora de la sala 4. Que si atenta, que si agradable, que si cariñosa, guapa, bien plantá, sonriente, simpática... De buena profesional no dijo nada, lo primero porque no lo sabe, lo segundo porque lo da por supuesto y lo tercero porque en realidad no le importa.

Anónimo dijo...

Chema, haga el favor de explicar a nuestra nutrida clientela qué es un bollo de pascua, qué clases de bollo hay y quién es Alvarez Buylla, gran amante de La Calle.

Anónimo dijo...

Me estoy embruteciendo. Lo noto a diario.

viejo Casale

Anónimo dijo...

Mi mujer se fue con otro; fue entonces cuando yo la dejé.

Anónimo dijo...

SOBREMESA DEL VIERNES
No sé si les sucede a ustedes pero a pesar de trabajar hasta las 20'00 y de hacerlo en la mañana del sábado también, sigo escuchando en la sobremesa del viernes la misma música adolescente de los años del instituto: ese momento luminoso y único de acabar las clases y pensar en el fin de semana. Es extraño como la rutina de apenas 4 años se consolida de una manera tan eficaz y dichosa. Han pasado casi 20 pero perdura aquella atmósfera y su sentido. La sobremesa del viernes me sigue pareciendo el paraíso donde todo puede pasar...aunque lo que uno quisiera ya es que pasen las menos cosas posibles. Y limitarse, con algo parecido a la calma, a inventariar pequeñeces propias de hombres cansados pero moderadamente felices. No sé si me explico.

viejo Casale