
No alcanzo a ver el revuelo que se ha montado. Cierto que hay lugar para un bosque de metáforas. Cierto que la foto la hace un comercial. Cierto que los familiares tienen su parte alícuota de razón. Pero ¿y las modistillas? ¿qué me dicen de los modistos de todas las pasarelas del mundo rebelándose contra la modelo enferma?
15 comentarios:
my último libro, no lo he escrito yo... la verdad. Impresentable
corran a comprar mi nuevo libro
Bueno, Bueno.
Para uno que reconoce que tiene negro...
Yo con Dragó corté desde que le ví con Jodorowsky. Ignoro porqué Marni le seguía hablando...
Desde el Gargoris y Habidis, por lo menos, estaba claro. Ya antes tenía pinta de cantamañas pero aluego de semejante historia.
¿Son las secuelas de una úlcera sacra por presión lo de No-l-ita?
Extraña enfermedad que opera un mejicano.
No me extraña que con semejante cartel esté todo el mundo callado ¡Un horror!
Siempre hae pensado que la anorexia es una variante sofisticada de suicidio; la autolisis de los PSI. Ellos dirán que eso estudian.
De los modistos de fámelicas muchachas en sus pasarelas... desde muy joven oía decir a mi madre: "Estos mariquitones odian a las mujeres" y cuando estaba más tranquila: "Muy ponible, muy ponible..."
Me están entrando ganas de poner un enlace a una chica... de las que nos gustan a Loia y a mí.
Yo no digo nada porque estoy ocupado viendo el programa de "supermodelos" en la cuatro. je, je.
pero les aclaro que lo veo por la cosa de la moda ¿eh?
Es por el tema de los modistos que parece preocuparle a nuestro blogmaster Sarapo.
:)
Passo de North oh Little Italy.
Los McCann reconocen que han intentado contratar a un médium para localizar a Maddie.
Vamos centrando el caso. El polígrafo y la médium.
Yo soy más de la historia de una escalera.
Esta entrada languidece de inanición.
Adagio para cuerdas de Samuel Barber
A mí, qué quieren que les diga, la foto me suena a vista cientos de veces; pero las mujeres de las otras tenían la piel oscura y, generalmente, en sus brazos un niño esquelético con el vientre hinchado y ojos como platos.
Lo siento, no lo puedo evitar, pero me joden las enfermedades de la abundancia (anorexia y bulimia); las enfermedades de este puñetero primer mundo del que, para más inri, no dejamos de quejarnos.
Paradójicamente, en este primer mundo, la intensidad de las quejas es inversamente proporcional a la capacidad –económica por supuesto- de los beneficiarios del mismo. Los más silenciosos, los que nunca dicen nada, son precisamente ese cinco o diez por ciento de ciudadanos que viven al margen, en las cloacas, del sistema y a los que todos olvidan: partidos, sindicatos y ciudadanos en general; esos, sí, los invisibles, esos que “no vemos” cuando nos cruzamos con ellos por las calles de la ciudad.
Por el contrario, para poner a parir el sistema, para hablar alto y claro, no hay como estar bien colocado: buen puesto en la Administración, segunda vivienda en la costa, dos buenos coches (para el papá y la mamá) y, si la edad lo permite, un utilitario para que el peque vaya a la Facultad. Estos son generalmente los que más se hacen oír pero a mí, como exsindicalista, me resulta especialmente obsceno que los Sindicatos, y los trabajadores de las grandes empresas, armen la de Dios es Cristo (quemen contenedores, vuelquen coches, corten el tráfico) por unas décimas de incremento salarial o por una supuesta defensa del puesto de trabajo que, a la postre, no es más que una pelea por la mejora económica de la prejubilación. No cuestiono la legitimidad de las reivindicaciones sino el puñetero y sistemático olvido de los excluídos del sistema.
Cuando me embalo siempre reaparece mi vieja vena panfletaria.
La boda bien. Como diría Sabina: “he perdido una hija pero he ganado un cuarto de baño.”
En lugar preeminente; Simón y Furtivo.
La santa y yo llevamos tres días solos pero tranquilos y contentos.
Además, a mi los hijos se me van, pero poco; a diez minutos paseando los tengo, o me tienen. Lo del Zipi estuvo a punto de ser peor; piso y todo tenía comprado en Avilés, bella ciudad por cierto pero alejada de Artabria.
Cat, sin chaqué, un proleta como yo bastante hace con ponerse una corbata y quitarse la boina.
La foto me recuerda una obra de Hans Baldung Grien, discípulo de Durero, que está (o estaba) expuesta en el Prado: “Las edades de la mujer”. Lamentablemente, el parecido de la chica es con el cuarto personaje del cuadro, el que representa a la muerte.
Quitando que haya problemas en el mundo más graves que la anorexia, creo que la controversia está en que la atención se ha centrado más en el fotógrafo que es un provocador nato que en la campaña publicitaria.
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