7 de septiembre de 2007

HIJOS DE NINGÚN DIOS




La primicia fue publicada en «Vanity Fair» hace unos días: el genial dramaturgo norteamericano Arthur Miller, premio «Príncipe de Asturias» en el año 2002, abandonó en una institución a un hijo con síndrome de Down que tuvo en 1966 de su relación con la fotógrafa Inge Morath. La noticia ha adquirido pública relevancia a raíz de las especulaciones habidas a cuenta del testamento del famoso escritor, fallecido en 2005, a los 89 años. Al final, Arthur Miller incluyó a su hijo discapacitado, Daniel, en su relación de legítimos herederos, conjuntamente con sus otros tres hermanos.

La noticia vincula a un conocido moralista público con el lado más oscuro de su conducta, con lo más penoso de su condición humana. Y es que Arthur Miller fue precisamente uno de los principales querellantes contra la doble moral de sus compatriotas ante la miseria de los más desfavorecidos: las palabras, por un lado, y las obras, por otro. Por eso llegan tras la noticia furibundos ataques de sectores conservadores contra el activismo socialdemócrata y se recuerdan las imposturas de personajes como Günter Grass. Pero lo de Miller no tiene que ver con la peladura de cebolla de Grass, y no hay socialdemocracia que tenga por qué pagar los platos que rompe un tipo distante, frío y egoísta. Entre las múltiples reacciones ante la noticia también hay posturas tibias, amigos comprensivos y relativistas profesionales. Pero no hay defensa. Miller no tiene defensa posible. Se portó como un padre cruel y un miserable. ¿Es que cuesta tanto concluirlo? Un tipo que ingresa a su hijo en una institución sin tener ni una semana de edad, que no le va a visitar casi nunca (la madre, al menos, visitó a Daniel una vez por semana hasta que murió), que le ignora incluso en su autobiografía.¡ Y aún se duda de los adjetivos! Y aún hay quien rotula la historia como «un secreto bien guardado». Asepsia, sí, de rancio abolengo socialdemócrata.
Pero lo más triste de esta noticia es que apenas si ha sobrepasado la categoría de anécdota de la vida de una persona famosa. Y es que actitudes como las de Miller han sido habituales y son frecuentes hoy en día. El nacimiento de un hijo con una discapacidad psíquica supone un duro trauma para un padre, para una pareja y para una familia. A nada conduce negar los profundos cambios a los que tendrán que enfrentarse los familiares. Pero todas las pruebas nos indican que en ningún lugar vivirán los disminuidos mejor que en la casa paterna, siempre que las familias cuenten con apoyos tanto sanitarios como sociales. Y eso tuvo que saberlo Arthur Miller, a quien Daniel conoció en 1995, mientras su padre daba, lo que es la vida, una conferencia en favor de un discapacitado acusado de asesinato. El pobre infeliz, ante el excelso genio, sólo supo abrazarle. Daniel tiene ahora 41 años y vive con una familia adoptiva.
Porque me encanta el teatro de Arthur Miller, porque adoro sus agrias andanadas contra el hombre que se deja arrastrar por el brillo social y que elude sus responsabilidades como persona y como ciudadano, o que opta, como Willy Loman en la «Muerte de un viajante», por huir como un cobarde.

55 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabina y Serrat revientan la grada curva

Tras el concierto de anoche ( a quién se le ocurriría elegir ese día en la primera semana post vacaciones)yo también estoy reventada.
Mereció la pena.
Sensacional.

Anónimo dijo...

Cualquier trapo sucio es bueno para arremeter contra el partido político"antipatizante". Lo que hizo Arthur Miller es miserable y además, hipócrita, teniendo en cuenta su posicionamiento ante la doble moral, pero todo esto nada que ver tiene con la socialdemocracia.
Y sí, donde mejor está un hijo es en el hogar paterno, aunque...en el materno tampoco debe de estarse mal.
Por cierto, buenos días les deseo.

Anónimo dijo...

¡Pero dónde iba a estar mejor el chaval que en esa institución!

Anónimo dijo...

Por lo que he leído el niño fue ingresado en la susodicha institución pese a la oposición de la madre. No parece que haya sido mucha oposición ni mucha madre. Con esa parentela quizá lo de la institución no haya sido tan mala idea...

Anónimo dijo...

Extraños tiempos estos, o no tan extraños, en los que cualquier suceso sirve, venga a cuento o no, para apalear a la socialdemocracia. Ya sé, ya sé, que Arcadi…; pero coño no todos somos Arcadi, ¿O sí?

Anónimo dijo...

Vale, que sí, los malos nos acechan por diestra y siniestra. Tienen razón Ártabro y Marni. Ese discurso sobre la socialdemocracia ya queda rancio y debería estar superado.
Lo de Miller es de mala gente, de egoístas y sinvergüenzas. Fuera.

En casa mecanikong no gustaba el Umbral columnista.

Vengo de un viaje literario "Por la costa oeste de Irlanda". El tigre celta no recuerda ya las hambrunas. El gaélico agoniza. O se impone una lengua o se muere. No hay más. Y las playas donde se rodaron las escenas de "La hija de Ryan" están llenas de esqueletos de españoles que el viento del Atlántico deja a la luz. Por cierto, tenemos un nordeste en Asturias que sopla frío, frío. Los niños del condado de kerry juegan con las tibias y peronés de los marineros de la Armada invencible.

Anónimo dijo...

devisita, marni, pipurrax, mecanikong...
Hace tiempo que no aparecían todos.

Anónimo dijo...

y ana y ártabro, además.

Anónimo dijo...

Muy miserable. Pero el que salió perdiendo fue él. La convivencia con discapacitados es dura y difícil, especialmente para las madres, y dependiendo también del grado de discapacidad (matiz importante) pero las cosas que se perdió forman parte de una sabiduría que es imposible encontrar en los libros. Pobre Miller.

viejo Casale

Anónimo dijo...

Solo he visto la Muerte... en DVD con Hoffman de viajante. Yo si veo adecuada la crítica a la esquisitez de ciertos izquierdistas. Tan puros, tan limpios, tan inodoros, tan insaboros...

Anónimo dijo...

Para puros y limpios, no hay nadie como la virgen María. Inodoros e insaboros puede que el espíritu santo. No conozco izquierdistas de estas características.
Chema y demás familia bloggera...me alegra leerles, después de tanto tiempo.

Anónimo dijo...

La relación de los grandes moralistas con la familia debería ser tema de estudio de psiquiatras. Suponiendo que los psiquiatras tengan algo que decir sobre el asunto, que es mucho suponer.
El ejemplo paradigmático lo tenemos en Rousseau. El mismo que escribió: “El Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, “El contrato social” y “Emilio o de la educación”; el que tanta influencia tuvo en la Revolución Francesa, no tuvo ningún reparo en ir enviando a la inclusa, conforme iban naciendo, a cada uno de los cinco hijos que tuvo con su compañera Théresè. En su caso lo que resulta más sorprendente es que se sentía orgulloso de lo que había hecho y así lo manifiesta en “Las Confesiones”.

Loiayirga dijo...

Theosarapo, ¿pero no nos explicaba usted en otra ocasión que no existe el libre albedrio?

Nos dice ahora que Miller se portó como un padre cruel y miserable. ¿Es que acaso podía elegir? ¿Existe o no libertad para decidir nuestra conducta?

¿acaso no fueron sus genes (los de Miller) o su educación o su historia personal o sus costumbres ya consolidadas o los mil mecanismos psicológicos correspondientes o su estructura neuronal o algún otro factor desconocido los que decidieron por él? ¿Fue Miller el que decidió abandonar a su hijo? ¿O cualquiera con todos esos condicionantes antes nombrados hubiera actuado exactamente igual?

Creo que es necesario que solucione usted este problema. Si quiere seguir haciendo (todos lo hacemos constantemente) reproches morales, no diga que el libre albedrio no existe. Y dígaselo a Ginés Morata.

Y si el libre albedrio es únicamente una ilusión del ser humano... ni Miller, ni Grass, ni Hittler son responsables de nada. Déjelos tranquilos.

Loiayirga dijo...

Rectifico lo de "Déjelos tranquilos". Perdone, Theosarapo.

No me había dado cuenta de que si no existe el libre albedrio tampoco usted puede decidir si hacer o no hacer reproches morales.

Anónimo dijo...

Si Chema, mucha gente que hacia tiempo no escribía junta, esto me empieza a recordar a aquel blog braserillo tan agradable del invierno pasado.
Estupendo.

Anónimo dijo...

Me encuentro en la guardia -573 AFH.
Hacia mucho tiempo que no escribía esto. Lo necesitaba de veras.
Un saludo muy efusivo a todos ustedes a los de siempre y a la savia nueva.

Anónimo dijo...

Ya hace tiempo que me molesta el hecho de que determinada gente (lease A.E.) utilicen la palabra socialdemócrata como un insulto, y aprovechen la más mínima oportunidad para la critica destructiva. Que Miller era un sinvegüenza, sí, y podríamos encontrar sinvergüenzas entre los defensores de cualquier ideología, credo, fé o religión.

Anónimo dijo...

Loia, todo esto de la moral es un teatrillo muy bien montao. Sepa usted nada de lo que cuento pasa en realidad y que todo lo que planteo es un producto de la aplicación pragmática del "como si".
Le explico. Hoy por hoy, vivir sin libre albedrío me costaría un riñón y la mitad del otro. Es por eso que acepto, temporalmente, estos convencionalismos de la moral de ustedes y funciono " como si " yo también fuese uno los vuestros. Pero solo es una solución temporal a un problema resuelto pero que no podido ser ejecutado.
A ver si Morata et al se animan y lo resolvemos en breve.

Anónimo dijo...

La gente como Miller serían canallas incluso sin libre albedrío. Habría que inventar una nueva taxonomía de la conducta en la era del fin del libre albedrío. Un bonito tema.

Anónimo dijo...

No encuentro adecuado el uso despectivo del término "socialdemócrata"en esta ocasión. Pero por lo demás me parece un término tan risible y ridiculizable como puede serlo el votar a Zaplana o el ser Arcadi Espada.

Anónimo dijo...

Artabro, parece que hay una relación entre los tipos geniales y la mala leche.

Anónimo dijo...

Coincido con usted en una cosa señor Sarapo, cualquier ideología humana es risible y ridiculizable (cuando no ridicula). E incluso, soy de la opinión que así debe de ser. La risa es sana, y cualquier ideología que tema el humor o se niegue a ser objeto de broma o chanza, me parece de lo más peligrosa.

Loiayirga dijo...

Parece que Miller vivió en un tiempo equivocado. Si hubiese vivido hoy la mujer con la que tuvo relaciones sexuales se hubiese hecho la amniocentesis y al detectar que el feto tenía el sindrome de down lo hubiera liquidado en su vientre antes de que cumpliera los meses reglamentarios. Sólo se lo hubiera dicho a los muy íntimos y todo arreglado. ¿Lo calificaría usted de canalla entonces señor Sarapo?

Loiayirga dijo...

¿Sabría decirme si las personas con "síndrome de down" (sé que algunas consiguen un grado de autonomía e independencia muy notable) tienen algún tipo de problema psicológico al saber que son seres que mucha gente cree que nunca debieron nacer?

Loiayirga dijo...

¿Tienen algún problema sabiendo que de haber existido la amniocentesis en la época de su concepción es posible que no estuvieran aquí?

¿Para cuando "el día del orgullo down"?

Anónimo dijo...

Matemática demagógica: Son más los defensores de los socialdemócratas que de los discapacitados.

Anónimo dijo...

Canallas hay en todos los lados. Otra cosa es el encallanamiento político en el que probablemente ahora, en este momento exacto, algunos socialdemócratas se lleven la palma.

Estoy de acuerdo, las ideologías son risibles, las que no lo son malo, pero malo, malo. Pero los actos y responsabilidades de quien sustentan esas ideologías no lo son.

Tengo una amigo conservador que cree que el 23 F fue responsabilidad de los socilistas, el 11 M también. pero lo último que me ha dicho, lo juró por mi carácter portugués, es que la plaga de topillos la han provocado los socialistas.
Tengo otros conocidos para los que Aznar es las siete plagas de Egipto y alguna más que no se conocía entonces. ¿Qué hacer con todas estas personas a parte de intentar no ser como ellos, fundamentalmente utilizando la ironía con respecto a sus ideologías?

Anónimo dijo...

Y se me olvidaba decirlo, tanto unos como otros ¡son inteligentes! Excepto en ese cortocicuito ideológico que les ciega.

Loiayirga dijo...

El disgusto de Sarapo por la "canallada" de Miller tiene su origen en creer que los que denuncian los vicios de los demás no padecen ellos mismos lo que critican. A veces suponemos que hay dos tipos de personas: los críticos y los criticados. Lo cierto es que todos estamos hechos de la misma pasta y nos mostramos comprensivos con conductas propias que nos repugnan cuando las vemos en los demás.

Miller somos nosotros.

Loiayirga dijo...

No entiendo la frase de Caín, y lo siento, porque me gustaría.

Anónimo dijo...

Loia, no me preocupa eso que dices. Me preocupa, creo que quedó claro, esa notable capacidad de ciertos padres para desentenderse de sus hijos. Y me preocupa que sea un hecho habitual hoy en día,cuando sabemos positivamente qué cosas les van bien o mal a estos pobres. No es un capricho el que se recomiende su estancia en la casa paterna. Es que están mejor ¡coño¡
Y quienes actúan así son unos canallas llámense Miller o Castilla del Pino por mucho que racionalicen su conducta.
No, loia, no todos somos Miller.

Anónimo dijo...

Y sí, hay muchos hijos consentidos a consecuencia de las fantasías de aborto que manejaron sus padres tras la concepción.
Incluso conozco a un niño de 10 años que durante el embarazo fue detectado como Down, sus padres manejaron la posibilidad del aborto durante unas semanas aunque al final optaron por tirar para adelante y el niño Sergio nació sano. Había sido un falso positivo en la amniocentesis.
A fecha de hoy, Sergio está sano como un toro, puede con sus dos padres a fuerza de hacerles reír y casi seguro que será un extraordinario médico. Entonces sabrá cómo fueron sus primeros meses de vida.

Anónimo dijo...

La foto de Miller que nos cuelga Juanjo es bastante ofensiva. La gente que asume el cuidado de los discapacitados, ancianos o jóvenes, lo pasa muy mal. Pero no pueden hacer otra, los quieren o se lo deben en el caso de los ancianos (que viene a ser amor). Esto frente a los Miller de turno.

Anónimo dijo...

Y me la suda la genética en estos casos.

Anónimo dijo...

Excelente Sarapo, excelente la entrada de hoy y el debate. ha hecho resucitar hasta a Caín.

De todas las maneras la historia personal de los intelectuales del siglo XX es para echarse a temblar (Sartre, Althusser, Heidegger...). Brillantísimos pero cegatos perdidos ante la muerte y el sufrimiento de millones de personas.

Anónimo dijo...

Sí, Fernando pero los intelectuales son la anécdota. El problema es que no hemos conseguido concienciar a la población general de la necesidad de cuidar a los más desfavorecidos por el simple hecho de que suele ser lo mejor para la evolución de sus problemas. Insisto en la necesidad de los apoyos sociales adecuados e insisto en que la gravedad de ciertos casos impide su permanencia en la casa familiar.
Casale sabe muy bien de lo que hablo y le agradecería que nos echase una líneas al respecto con su punto de vista.

Anónimo dijo...

Me temo que uno de los factores que posibilitó que Miller pudiese desentenderse de su hijo es que Miller tenía dinero para permitírselo.
La historia es bonita. Intento ponerme en su piel. Vale, le mandas a una insitución porque en 1966 te lo aconsejan pero ¿por qué no ir a verle de vez en cuando?
Y mantener el olvido 40 años...
en fin.

Anónimo dijo...

Y como cotilleo, les cuento que quien convenció a Miller para que metiese en el testamento a Daniel fue su yerno Daniel Day Lewis que se quedó muy sensiblizado con los pobres desde que rodó Mi pie izquierdo

Loiayirga dijo...

Permítanme que defienda lo que dije: Miller somos nosotros.

La sociedad española tiene una ley que permite "eliminar" a los hijos mongólicos que van a venir cuando ya han sido concebidos.

Son muchísimos los médicos que recomiendan hacerse la amniocentesis para detectar ese tipo de problemas u otros. Tengo idea que únicamente los del OPUS no la recomiendan.

Es decir que socialmente está admitido que para poder continuar con nuestra tranquila vida podamos "eliminar mongólicos" antes de que nazcan. Miller cometió el error de dejarlo nacer, pero una vez nacido hizo lo que muchos de nuestros contemporaneos hacen y quieren hacer: seguir con su tranquila vida. Miller consideró que debía seguir con su vida y retirar el obstáculo que se lo impedía. Eso exactamente es lo permite la ley actual en relación con la amniocentesis.

Creo que el caso que cuenta Sarapo es excepcional y ¡Chapeau! por esos padres. Excepcional por el falso positivo y excepcional por la valentía de los padres. Supongo que habrá de todo en la viña del Señor pero si para calificar a los españoles tengo que elegir entre

"somos esos padres" o
"somos Miller"
creo que claramente tengo que inclinarme por la segunda.

Loiayirga dijo...

Eso sí, luego en el lenguaje somos todos muy correctos.

«No podemos permitir que en 2005 nuestra Constirución defina a las personas con discapacidad como disminuidos». (Zapatero dixit)

Anónimo dijo...

ZAPATERO HABLANDO DE SÍ MISMO.

Anónimo dijo...

Loiayirga: eres astuto en la retórica. Será que juegas al ajedrez. Pero tu razonamiento falla porque la toma de decisiones con la amniocentesis involucra otro problema, el del aborto. Y mientras no se demuestre lo contrario el aborto con una amniocentesis positiva no se lleva por delante a un niño con síndrome de Down sino a un embrión que en potencia...
Si tu crees que la vida fetal es equiparable a la de un bebé, es tu problema.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con Uría. El feto es una persona o no lo es, Loia. That is the question. Si admitiese su razonamiento tendría que admitir que el aborto es imposible moralmente en ningún caso. La ley dice que el feto no es persona y a mí particularmente me parece bien en los casos que la ley admite el aborto, que por otra parte como el mismo Sarapo deja ver con el caso de sus amigos, no es obligatorio.
Y esto no tiene nada que ver con el caso Miller de olvido y negación de una persona viva por parte de alguien que fue referente moral de una generación de americanos progresistas.

Anónimo dijo...

Cosas que me llamaron la atención de mi mismo. Hasta los 10 años me avergonzaba de mi hermano. Después supe que mi padre tampoco encajó muy bien la situación, que le costó ponerse en su sitio. Que mi madre se quedó muy sola ante el drama de ver que tu hijo es distinto y que nadie sabe decirte que le pasa salvo la evidencia de que ni oye ni habla...pero que hay más cosas por ahí...cosas que fueron apareciendo...teclas mal conectadas, cables averiados...

Ese niño que estuvo a punto de morir 4 ó 5 veces antes de los 2 años lo cambió todo para siempre. Y eso sólo lo sabe en realidad mi madre. Porque casi siempre son sólo las madres las que padecen y cargan con ese dolor, que deja de ser dolor para convertirse en otra forma de vivir... donde ya nada es igual. Como ya nada es igual para los padres que entierran a sus hijos.

Alguna vez lo hemos hablado. Nunca pensó que le pudiera pasar a ella. De haberlo sabido no hubiera tenido hijos. No compensa. Créeme, no compensa, dice entre lágrimas.

Y eso que en el fondo mi hermano es un privilegiado. Porque pese a su 65% de minusvalía come solo, nada, va en bici, se lava, sale a la calle, puede hacer la compra con lista, sabe distinguir lo bueno de lo malo, es cariñoso, encantador, coge autobuses, y hasta va de putas (otro debate; yo mismo le llevo alguna vez para que no le tanguen); mi propia madre le da dinero para que vaya.

Pero a veces, cuando en las sobremesas hablamos y él se queda descolgado en su mundo de tinieblas pregunta con signos que porqué él, que porqué le ha tenido que tocar a él. Porque a su incapacidad para llevar una vida de esas que llamamos normales (conducir, leer y entender una frase, hacer una resta, escuchar y oir, etc, etc) se le une una sensibilidad que a mi personalmente me estremece. Y es entonces cuando descubro todo lo que he aprendido intentando ponerme en su lugar. Un imposible claro. Pero inevitablemente una lección de prudencia y sentido común que por desgracia ha tenido un precio demasiado alto. Sobre todo cuando en una de sus crisis lo llevamos a un psiquiatra y este nos dijo algo que aún me causó más perplejidad: "su hermano lleva toda la vida intentando disimular su discapacidad y esa imposibilidad real de hacerlo es la que le hace empeorar periódicamente. Si aceptara su situación todo sería más fácil. Pero es eso precisamente lo que no puede hacer: aceptar su situación. Carece de la herramienta necesaria para hacerlo."

De vez en cuando, una vez a la semana al menos, me pregunta que qué pasará con él cuando se muera mi madre. Y sé que es en esa pregunta donde me juego todo mi capital como ser humano. Quiero creer que tengo la respuesta adecuada, pero también sé que mi madre sueña con morirse un minuto después de él. Para quedarse realmente tranquila...para no tener que poner a prueba a sus hijos *normales*. Una prueba que ella lleva 33 años aprobando a diario con un coraje envidiable. Porque una cosa tengo clara, entre Arthur Miller y mi madre no hay color.

viejo Casale

Anónimo dijo...

No Loia, afortunadamente no todos somos iguales. Hay hijos de perra y hay personas extraordinarias,
está Miller y está la madre de Casale.

Anónimo dijo...

Siempre digo acojonante Casale, pero esta vez acojona de verdad.

Loiayirga dijo...

Me gustaría poder seguir debatiendo con Uría y Terreiro, con todos, pero me parece que después del relato de Viejo Casale cualquier especulación teórica sonaría como una frivolidad.

Anónimo dijo...

Si Casale no existiese habría que inventarlo. Me ha gustado mucho todo lo que ha escrito, especialmente el último párrafo: el 'sueño' de su madre y sus propias dudas.

Anónimo dijo...

Muy bueno Casale.

Anónimo dijo...

A la madre de Casale le pasa lo contrario que al resto. En mi caso, prefiero morirme antes que mi hija. Ella, un minuto después.
Ha sido lo mejor que he leído en toda la semana.
Y lo que más me ha impactado.

Anónimo dijo...

A mí que Miller fuese socialdemócrata me la suda. Me preocupa más el hecho de la leyenda que el genio hace de su hijo Down como una mancha en el expediente.
Incluso me parece aceptable la actitud de la madre ya que en aquellos años la institucionalización era prescrita en muchos casos por los médicos. La señora Morath anduvo cerca de su hijo durante 35 años. Me parece comprensible. Pero el portazo de Miller padre y la desconexión del juguete roto es lo que no llevo.

Anónimo dijo...

Quise decir de la lectura que el genio hace...


Casale, intuía que lo ibas a explicar mejor que nadie.

Anónimo dijo...

En casi todos los casos que voy conociendo sucede casi lo mismo: a los padres les cuesta mucho situarse y para las madres no hay mejor lotería que verlos morir antes que ellas.

Lo de morirse un minuto después no se cumple en todos los casos.

Anónimo dijo...

Casale, que no le falten las putas. Aunque le pongan multas suecas. You are OK

Anónimo dijo...

Ojalá la culpa la tuviera la socialdemocracia y no la condición humana. Conozco a un individuo ultraconservador y numerario de la Obra que en público abandera las causas antiabortistas y en privado reniega de uno de sus hermanos, aquejado de síndrome de Down.