
Si alguien quiere saber cuán atormentada puede llegar a ser la vida de un neurótico puede leerse la «Biografía interior de Juan Ramón Jiménez» escrita por el psiquiatra González-Duro. No fue fácil la vida del poeta onubense; podría ser convertida fácilmente en una historia clínica para discutir en la sociedad psicoanalítica vienesa que se aglutinaba en torno a Freud: la historia de un poeta embelesado con su madre hasta que se enamora de otra mujer muy parecida a su madre, Zenobia Camprubí, que dirige totalmente su vida hasta que muere. Todo muy freudiano. Todo incluso muy proustiano, ese otro gran neurótico que prefería tener ataques de asma con su madre al lado antes que curarse y perder a su madre. Todo encaja, sólo falta la realidad, la prueba del algodón de los hechos contrastados; pero al psicoanálisis le interesan más los sueños.
No es fácil la vida del neurótico. Juan Ramón pasaba frecuentes episodios depresivos y tenía una inseguridad continua y un tremendo miedo a morir expresado en mil hipocondrías y temores. Una vida que le llevó a ir de sanatorio en sanatorio persiguiendo médicos que a menudo no tenían más remedio que llevárselo a su casa, dado que era la única forma de calmar la ansiedad del paciente. Aquellos principios del siglo XX no tenían apenas psicofármacos. Ahora hay quien quiere dar un vuelco a la biografía del poeta tras salir a la luz un poemario titulado «Libro del amor» con poemas eróticos, sensuales, dedicados a las mujeres con las que convivía en sus internamientos en las casas de reposo. Se habla con ligereza de un nuevo Juan Ramón. Juan Ramón ha sido siempre el poeta de la pasión amorosa y a ningún estudioso le pasa desapercibido su carácter enamoradizo. No entiendo la sorpresa salvo por interés de industria editorial. Estos 25 poemas inéditos fueron escritos cuando el poeta tenía 21 años y están dedicados a jóvenes del campo, esposas o hermanas de amigos e incluso a las monjas del sanatorio del Rosario, lo que hace saltar de alegría a mentes líderes como la de Jesús Ruiz Mantilla -«El País»-. Ruiz Mantilla acaba de escribir sobre Farinelli, así que sabe mucho de la relación entre creatividad y función gonadal. El poeta pensó en publicar los versos eróticos, pero parece que tras leerlos Zenobia Camprubí en 1913 el manuscrito quedó olvidado porque a Zenobia no le gustaron. Los versos incluyen transgresiones del tipo «podías haber sido mi novia blanca», que le dice a una novicia, o «Hermana Pilar, ¿cómo tienes tus pechos?», o este lujurioso: «Étu sexo, que es como un pulmón negro». ¡Coño, porno duro y lujuria a raudales! Pero lo que no queda nada claro es que Juan Ramón mantuviese relaciones sexuales con todas las mujeres objeto de su deseo imaginado y puesto en verso, tal y como quiere hacer colar la salsa rosa editorial. Aclarar esos detalles es muy importante en cualquier biografía, y más en este caso, porque se aventan infidelidades sin pruebas. Un triste episodio lo supuso el suicidio en 1932 de Marga Gil Roesset, enamorada del poeta y amiga íntima de Zenobia. Una sobrina de la escultora Roesset ha escrito un libro -«Amarga luz- sobre la relación del poeta y su tía. La realidad es que desde que Juan Ramón se casó con Zenobia, en 1916, se convirtieron en inseparables. Zenobia ayudó y estimuló a Juan Ramón en su labor creativa, aunque no pudo evitar que dejase de sufrir frecuentes crisis presididas por un intenso terror a morir y que tuviese ingresos en casas de reposo tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico.
La concesión en 1956 del premio Nobel al de Moguer coincide con la muerte de Zenobia. Poco más. Tres años después, Juan Ramón murió en Puerto Rico, desheredado, con el último recuerdo para su madre y para España.
Casi todos los expertos coinciden en resaltar la gran valía intelectual y humana de Zenobia. Hay quien se tira a la piscina y dice que el Nobel debió ser para ella, porque era la que preparaba los materiales al poeta. ¡Vaya! Como a Damasio, pensé.
12 comentarios:
Tentada estuve de escribir todo esto en mayúsculas, tal y como hace Sarapo para dar las noticias importantes. Y esta lo es pero al final mi natural modestia me ha contenido. Lafoca se despide de todos ustedes hasta septiembre. Que aprueben los exámenes los que andan en ello, que disfruten los demás, que sean felices todos. Nos leemos en dos meses, un beso y un abrazo a cada uno de los que aquí escriben o leen.
Pero foca ¿qué me dice? ¿qué va a ser de nosotros? Si Internet hay en todos los lados, no me fastidie.
Simón toda la suerte del mundo. Aunque me parece que no le hace falta.
Juan Ramón es de esos pocos poetas a los que soporto. Sobre todo cuando se va a Nueva York.
FOCA, LA VAMOS A EXTRAÑAR. ¿NO PODÍA USTED CONECTARSE UNA VEZ A LA SEMANA para consolar la pérdida de la juventud de este puñado de cuarentones-cincuentones?
Juan Ramón Jimenez tiene un poema que explica cómo todas las cosas remiten a la amada cuando ésta está ausente.
Foca, a usted va dedicado.
Cuando la mujer está,
todo es, tranquilo, lo que es
(la llama, la flor, la música).
Cuando la mujer se fue
(la luz, la canción, la llama)
¡todo! es, loco, la mujer.
Sarapo, he leido hoy, con retraso, su artículo "imposturas" y he entendido mejor algunas cosas que decía hace días sobre periodismo
Adios foca y cuidadito con la DGT.
Te esperamos impacientes. Que te lo pases muy bien. Saludos al maño.
Y ahora digo...
A mí me gusta Platero y yo.
Es una delicia este oasis de Tierra libertad, abonado amablemente por la sensibilidad e inteligencia de su dueño. Incluso su apodo es amable.
La Voz de Avilés:
Agentes de la comisaría de la Policía Nacional han desarticulado una red especializada en la venta de cocaína «a la alta sociedad» de Avilés y comarca, según reza el comunicado hecho público ayer por la Jefatura Superior de Policía de Asturias.
Juro que no soy el anónimo.
Juro que no vuelvo a faltar dos días seguidos porque se escapan las focas.
Juro que haré todo lo posible por recuperar a LaFoca.
Mañana mismo empiezo.
Suerte Maestro Simón. Contamos contigo.
No le hace falta el juramento, Sarapo; tiene usted la máxima credibilidad, además de sentido del humor.
Añado que no está de más recordar que el acceso a la obra de Tagore en España se lo debemos a la discreta Zenobia.
Un saludo (soy el primer anónimo)
En un programa de libros que ví en la televisión hace poco un familiar de JRJ insistía en desmentir la leyenda de que Juan Ramón al morir recordase a España, solo recordó a su madre.
Mariola ¿que bar es ese que surtía de droga a la jet avilesina?
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