17 de abril de 2010

Un pacto con la realidad

La historia social de DESCONECTADOS arranca de un pacto con la realidad. El que hubo que hacer para aceptar que parte de lo construido no servía para dar respuesta a tanto dolor, a tanto sufrimiento de pacientes y familiares. El pacto fue amargo pero no quedaba otro remedio si queríamos cambiar algunas cosas. Sobre la ruinas del hospital psiquiátrico pasamos a edificar un nuevo hospital, el mejor hospital, en la casa de los pacientes. Eso lo contó en un reportaje seminal la periodista asturiana Mariola Riera con quién DESCONECTADOS tiene contraída una sonora deuda. Al igual que con el resto de la prensa asturiana, sobre todo la avilesina, a través de los trabajos de Fernando del Busto, Elisa Campo y Miriam Mancisidor. Todos navegan por esta tierra desde hace tiempo. Quede constancia que parte de la energía que nos lleva a Málaga surge de su interés por escrutar con detalle un severo pacto con la realidad.

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DESCONECTADOS exhibe el trabajo de 11 profesionales del Servicio de Salud Mental del Hospital San Agustín de Avilés y las vidas de siete pacientes. Pero el documental hubiese sido imposible sin la colaboración y el trabajo en equipo realizado por los 98 profesionales que forman el Servicio. No dejaré de insistir en ello. Es otra realidad.


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Maite ha entendido a la perfección el documental desde el trailer. ¡Gracias!

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El Comercio y La Nueva España

19 comentarios:

TheoSarapo dijo...

Buenos días y buena suerte

cat dijo...

Aaaaamén. (Cantando)

c h dijo...

No paran de llegarme comentarios de asombro y elogio ante el trabajo de Juanjo.
¡Que gran médico de familia hemos perdido!

c h dijo...

"El volcán islandés respeta a Desconectados."

Sarapo, salió del aeropuerto asturiano solo unas horas de su cierre por las cenizas.

TheoSarapo dijo...

Ganará María y yo. No sé como explicarles.

c h dijo...

Explíquese.
Llegan las crónicas de Imanol y Carmen Conesa.

villa dijo...

María va en Ferrari. Desconectados en Torito Rosso. La esperanza se llama Victor Manuel.

lourdes dijo...

Cenizas...
(las últimas también se guardan en cajitas)


http://www.youtube.com/watch?v=--IRJr_AsPU

Javier dijo...

Ha muerto lady Laura.

c h dijo...

sin vergüenza...

Entrevista a la Ministra de Sanidad en EM:
John Müller.- ¿Es estimulante ser médico en un sistema tan funcionalizado como el español?
T. J.- ¿Los salarios son bajos? Yo creo que no. Un médico especialista con horas de guardia cobra lo mismo que un ministro. Razonable. No es mucho, no es poco. Son salarios ajustados. Es que España, afortunadamente, es un país muy igualitario y tanto médicos especialistas con horas de guardia, como profesores universitarios, como funcionarios en general, como directores generales más o menos estamos en la media. Creo que son salarios suficientes.

c h dijo...

¿Qué es eso de "Paquita y todo lo demás"?
Le han dedicado un minuto en el Telediario de la 1ª edición.
¿Es que no conocen el ETAC?

Catalino dijo...

¿Sin vergüenza? No, Chema; mentirijillas nada más

Anónimo dijo...

Se nos va Samaranch...

Anónimo dijo...

Cuento de domingo en Giulesti


Este sábado, a pocas horas del derby Rapid-Steaua, fallecía a los 61 años de un paro cardiorespiratorio el ex-futbolista del Rapid Sandu Neagu. Unos días antes había ingresado en el hospital, después de romperse el fémur jugando en Giulesti con su hijo Robert, de 5 años, durante un entrenamiento del primer equipo. Su precaria salud obligó a los médicos a aplazar la operación. No la harían nunca. Su corazón y sus pulmones fallaron antes de que pudieran reparar el hueso.

Neagu había sido el estandarte del equipo que en 1967 consiguió la primera liga de la historia del Rapid, y era recordado por su magnífico gol en un Rumanía-Checoslovaquia del Mundial de México del 70. Su retirada marcó el comienzo de una sucesión de fracasos y disgustos que convirtió su vida en la caída libre que el sábado tocó fondo. Como no conocía otro mundo, intentó por todos los medios seguir ligado al fútbol. Se hizo árbitro y llegó a pitar en tercera división. Después de probar fortuna en banquillos modestos trabajó como mecánico en Bucarest y Egipto, donde vivió un año y medio. El Rapid le ofreció un puesto de entrenador en las categorías inferiores, pero tampoco allí encontró Neagu su lugar.

En algún momento empezó a beber. Sólo bebidas fuertes, vodka o coñac. Nunca se conformaba con un vino, dicen en los periódicos quienes le conocieron. Se separó de su primera mujer y comenzó a tener graves problemas económicos.

Durante algún tiempo durmió en un cuarto bajo una de las tribunas del estadio del Rapid, y en el momento de su muerte vivía con su segunda esposa y dos de sus hijos en la casa que le compró el entrenador del Shaktar Mircea Lucescu, un antiguo compañero de selección con más suerte o mayor capacidad para desenvolverse en la vida. Pasaba con su pequeña pensión, y con las ayudas de personas vinculadas al club en el que jugó. El aún futbolista del Oporto -cedido al Rapid- Cristi Sapunaru, rapidista de toda la vida, le daba dinero cada mes para mantener a su familia, y el dueño del equipo, George Copos, le pagó el tratamiento contra la cirrosis que destrozaba su hígado.

Nada de esto pudo salvar a Neagu, pero el partido del domingo era una buena ocasión para despedirle con la emoción y la belleza que él había llevado a Giulesti en tantas tardes de fútbol. La plantilla dijo a la prensa que jugaría para Neagu. Tras el saque de centro, un gran trapo con los nombres del equipo que lideró Neagu hace cuarenta años cubrió el centro de la curva, y su nombre atronó mil veces en las tribunas entre un mar de banderas blancas y granates.

El Rapid se presentaba al partido en el peor momento de la temporada. Desde que perdió en casa hace un mes con el modesto Astra Ploiesti un partido que podía colocarle líder, había caído hasta la séptima posición, a 13 puntos del líder Cluj y a cinco de los puestos europeos. El Steaua visitaba Giulesti segundo, y debía ganar para poner presión al líder. Sus seguidores no estaban confiados. El Rapid se ha ganado fama de hacer extremadamente bien lo difícil y enredarse en lo fácil. En la liga rumana es el equipo de las gestas imposibles y los fracasos inexplicables. Venía el más poderoso y el Rapid estaba mal. Las circunstancias presagiaban una tarde feliz junto a las vías del tren, en el estadio del que fuera equipo de los trabajadores ferroviarios.

Anónimo dijo...

En una primera parte de ensueño, los jugadores del recién llegado Ion Andone pasaron por encima del Steaua. El joven Ionita, que hasta hace poco cobraba mil euros e iba a entrenar en metro y el año que viene jugará en el Colonia, abrió un marcador en el minuto seis con un certero cabezazo desde dentro del área. El estadio estalló de alegría cuando aún no se había repuesto del tifo del inicio. El fondo sur se iluminó con bengalas rojas y naranjas. En el tartán detrás de la portería del Steaua varios petardos hicieron huir a los bomberos. El griego Kapetanos empató para el Steaua, y Ionita volvió a adelantar al Rapid a la salida de un córner. En el minuto 21 el brasileño Cesinha encaró solo al portero del Steaua. Lo superó con una vaselina y marcó a puerta vacía desde la parte izquierda. La grada volvió a encenderse. Los 10.000 rapidistas que llenaban las tres cuartas partes de campo abiertas -un fondo está cerrado por riesgo de derrumbe- convirtieron Giulesti en una caja desbordada de júbilo. Todo el campo gritó de nuevo el nombre de Sandu Neagu, como para recordar a quién iba la victoria. Constantin de penalty y Helder marcaron de nuevo para el Rapid, que acabó goleando por 5 goles a 1 al arrogante Steaua. Al final del partido Sapunaru corrió a la grada y tomó en brazos al pequeño Robert Neagu.

Era una victoria grande, con todos los elementos propios de Giulesti. La curva enloquecida llena de banderas y la tribuna casi vertical de delante de las vías a rebosar, según la regla de los viejos estadios -tantos cabían tantos entraban. Once jugadores entregados y una exaltación de la belleza emocionante y gratuita, que no tendrá más consecuencias que la borrachera de felicidad de quienes ayer por la tarde acudieron al estadio. Como Sandu Neagu, el Rapid tiene una relación desastrosa con las cosas prácticas. Vendrán más remontadas inverosímiles y los más grandes seguirán hincando la rodilla en Giulesti. 7 años después del último campeonato, nadie sabe en cambio cuándo cuándo volverá a ganar la liga. Pero tampoco importa demasiado. Las militancias sólo toman sentido en domingos como ayer.

Anónimo dijo...

En una primera parte de ensueño, los jugadores del recién llegado Ion Andone pasaron por encima del Steaua. El joven Ionita, que hasta hace poco cobraba mil euros e iba a entrenar en metro y el año que viene jugará en el Colonia, abrió un marcador en el minuto seis con un certero cabezazo desde dentro del área. El estadio estalló de alegría cuando aún no se había repuesto del tifo del inicio. El fondo sur se iluminó con bengalas rojas y naranjas. En el tartán detrás de la portería del Steaua varios petardos hicieron huir a los bomberos. El griego Kapetanos empató para el Steaua, y Ionita volvió a adelantar al Rapid a la salida de un córner. En el minuto 21 el brasileño Cesinha encaró solo al portero del Steaua. Lo superó con una vaselina y marcó a puerta vacía desde la parte izquierda. La grada volvió a encenderse. Los 10.000 rapidistas que llenaban las tres cuartas partes de campo abiertas -un fondo está cerrado por riesgo de derrumbe- convirtieron Giulesti en una caja desbordada de júbilo. Todo el campo gritó de nuevo el nombre de Sandu Neagu, como para recordar a quién iba la victoria. Constantin de penalty y Helder marcaron de nuevo para el Rapid, que acabó goleando por 5 goles a 1 al arrogante Steaua. Al final del partido Sapunaru corrió a la grada y tomó en brazos al pequeño Robert Neagu.

Era una victoria grande, con todos los elementos propios de Giulesti. La curva enloquecida llena de banderas y la tribuna casi vertical de delante de las vías a rebosar, según la regla de los viejos estadios -tantos cabían tantos entraban. Once jugadores entregados y una exaltación de la belleza emocionante y gratuita, que no tendrá más consecuencias que la borrachera de felicidad de quienes ayer por la tarde acudieron al estadio. Como Sandu Neagu, el Rapid tiene una relación desastrosa con las cosas prácticas. Vendrán más remontadas inverosímiles y los más grandes seguirán hincando la rodilla en Giulesti. 7 años después del último campeonato, nadie sabe en cambio cuándo cuándo volverá a ganar la liga. Pero tampoco importa demasiado. Las militancias sólo toman sentido en domingos como ayer.

don´t dijo...

¿Hay que trabajarse mucho la biznaga?. Y por cierto, ¿qué coño es una biznaga?. Tratándose de cine español suena mejor el "Vizcotur de oro".

TheoSarapo dijo...

La biznaga es una composición floral que los malagueños hacen con jazmines blancos.



La que tiene un laburo más agradecido es Mabel Lozano, graaaaaaaaaaaaande, bella y simpática.

c h dijo...

¡Cómo nos ha llegado Sarapo de Málaga!

Sepan ustedes que si ya llevan media vida laboral (o más) ya deberían tener dos o tres pisazos pagados , que si no son ustedes unos desastrados.