16 de mayo de 2006

EL HOMBRE QUE ESPIRITUALIZO EL HORMIGON


Hace pocos días que murió Miguel Fisac.
Miguel Fisac. Una noche de insomnio de 2003 cuando le acababan de conceder el Premio Nacional de Arquitectura. Yo ya no tenía qué rascar para intentar dormir y, al mover el dial de la radio, en la cadena COPE, entrevistaban al arquitecto Fisac. Una hora duró la entrevista. Era una de esas ocasiones donde habla el entrevistado. Cosa rara. Fisac vivía aquel premio como un desquite ante el ostracismo al que había sido sometido en los últimos años.
Me pareció un tipo lúcido y enérgico. Le repateaba que le hubiesen tirado la Pagoda pero fue incapaz de articular ni una sola palabra contra Alvarez del Manzano. Al parecer así fue su vida. Una sumisión silenciosa hasta que se alzó contra el Opus y contra la persona que le hipotecó la vida: Escrivá de Balaguer. Léanse sus testimonios en "OpusDei ¡gracias a Dios nos fuimos¡"
La obra de Fisac es una neta expresión de la arquitectura en el franquismo. He conocido varios de sus trabajos y no me disgusta. Siempre pensé, equivocado, que Fisac había sido el arquitecto del santuario leonés de la Virgen del Camino. Equivocado digo, porque fue obra de un dominico portugués, Francisco Coello.
Alejado del Opus, arrinconado por la posmodernidad, Fisac siguió buscando la espiritualidad en el arte.
Aquella noche de insomnio, lo recuerdo, Fisac lanzó su último grito: estaba haciendo un colegio religioso. Las paredes eran de tierra. Y toda la pintura era un sencillo encalado.
Quería quedar ya con Dios.
Fisac se lleva con él una larga secuencia de la historia de la arquitectura y de la cultura española.
Fue uno de los primeros accionistas de El País.


PD. Hoy, leyendo al neurocientífico Ramachandran por consejo del psiquiatra Rendueles me entero que la hiperreligiosidad puede provocarse mediante estimulación eléctrica del lóbulo temporal. Es el Síndrome de Geschwind.
Parece que ni Santa Teresa ni San Pablo tomaban las pastillas.

















Muere Fisac, un referente de la elegancia
Fue durante seis décadas uno de los más grandes y lúcidos arquitectos españoles del pasado siglo
LUIS FERNÁNDEZ-GALIANO
EL PAÍS - Cultura - 13-05-2006



El arquitecto Miguel Fisac falleció ayer por la mañana en su casa de Madrid, a los 92 años. Había nacido en Daimiel (Ciudad Real) en 1913 y en los últimos tiempos fue entregando sus bocetos, sus materiales de trabajo, su legado, al colegio profesional de Ciudad Real, ciudad que acoge la fundación encargada de la catalogación y el estudio de su legado. Autor, entre otras muchas obras, del Centro de Estudios Hidrográficos de Madrid, recibió la medalla de oro del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos en 1994, el Premio Antonio Camuñas en 1997 y el Nacional de Arquitectura en 2003, además de otros galardones. Será enterrado hoy, a las once y media de la mañana, en el cementerio madrileño de Fuencarral, bajo la lápida que él mismo diseñó para su hija.

Llevaba años preparándola. Miguel Fisac orquestó la ceremonia de los adioses como su último proyecto. El progresivo despojamiento, la creación de la fundación, el traslado de los archivos a Ciudad Real, las disposiciones finales y hasta sus "poemas de la buena muerte" conducen serenamente hasta su desaparición luminosa en el Cerro del Aire, al alba de un viernes de mayo. En la casa que hace medio siglo construyó para Ana María, y acompañado de la mujer que ha compartido su prolongado itinerario biográfico, este gigante de la arquitectura española ha abandonado el reino de este mundo con la plácida aceptación que parece reservada a los creyentes en el otro. Fisac dejó el Opus Dei poco antes de contraer matrimonio en 1957, pero sus discrepancias públicas con la institución que había contribuido a fundar no afectaron a sus convicciones religiosas, que le hacían esperar el tránsito de la muerte con una naturalidad de emocionante elegancia.

Los creadores sobreviven en todo caso a través de su obra, y la copiosa cosecha de proyectos y patentes de Miguel Fisac garantizan la continuidad en el tiempo de las criaturas de su ingenio. Arquitecto de fértil imaginación técnica, tan dotado de talento plástico como de inventiva mecánica, la carrera de este manchego nacido en Daimiel en 1913 y titulado en Madrid en 1942 se extiende a lo largo de seis décadas, desde sus inicios en la España de la posguerra hasta las obras terminadas ya en el siglo XXI, y su esencial continuidad no excluye tres etapas bien diferenciadas, que coinciden con la propia evolución política y económica del país: la autarquía de los años cuarenta y cincuenta, el desarrollo de los sesenta y la transición de los setenta y los ochenta.

El primer periodo tiene como escenario la mítica Colina de los Chopos, donde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, dirigido por José María Albareda, encarga a Fisac la materialización de esa acrópolis del conocimiento en los altos del hipódromo que se había iniciado en el periodo republicano, y que los sueños imperiales de los vencedores de la guerra quieren teñir con monumentalidad clasicista y católica. Así se levantan la capilla del Espíritu Santo, el edificio central del CSIC y los propíleos pétreos que dan acceso desde la calle de Serrano a esa ciudad de Dios y de la ciencia. Pero el inquieto viajero que es Fisac pronto se alejará de esa retórica solemne, y su experiencia escandinava de 1949 templará con empirismo las obras posteriores, tanto en el ámbito de la investigación y la enseñanza -con el Instituto Cajal en Madrid y el primer instituto laboral, que se construiría en su localidad natal- como en el de la arquitectura religiosa, que alcanzaría singular altura con el Teologado de los Padres Dominicos en Alcobendas.

La segunda etapa de Fisac se asocia a sus experimentos estructurales con los huesos de hormigón, que emplea como vigas, pérgolas o celosías en innumerables proyectos, de los pioneros laboratorios farmacéuticos Made o la espectacular nave del Centro de Estudios Hidrográficos, hasta la parroquia de Santa Ana, el edificio IBM en la Castellana madrileña o las bodegas Garvey en Jerez de la Frontera, un conjunto de obras que retratan musculosamente el optimismo técnico y social de la España del desarrollo. De estos años sesenta es también la torre de los laboratorios Jorba, construida con paraboloides hiperbólicos de hormigón al borde de la autopista de Barajas y conocida popularmente como la pagoda, cuya demolición en 1999 fue ocasión de un encendido debate ciudadano.

El tercer y último periodo de la obra de Fisac es también el más incomprendido, porque su fascinación con los encofrados flexibles, que dan al hormigón un aspecto mullido, encontró poco eco en sus colegas o en la crítica, y el arquitecto se vio relegado a una oscuridad profesional tanto más notoria cuanto que seguía a tres décadas de éxito continuado y unánime. Con esa técnica de muros fláccidos construyó el centro de rehabilitación Mupag, el hotel Tres Islas en Fuerteventura, la parroquia de Nuestra Señora de Altamira o el Centro Social de las Hermanas Hospitalarias, además de su propio estudio en el Cerro del Aire o su casa en Almagro, recintos domésticos donde se recluiría durante su prolongada travesía del desierto: una marginación que llegaría felizmente a término durante los años noventa, con la multiplicación de los honores y reconocimientos públicos, pero también con su descubrimiento por la crítica internacional, que vio en los huesos de hormigón y en los encofrados flexibles del arquitecto una aventura técnica y estética que enlaza con las preocupaciones materiales y táctiles de las últimas generaciones. A través de su influencia en ellas, y a través también de la permanencia grave de las obras, el espíritu inquisitivo, exigente y lúcido de Miguel Fisac seguirá obstinadamente entre nosotros.

17 comentarios:

Protactínio dijo...

Fisac. De Daimiel. Como el Zulo del Marqués. Como la Marquesa. Hijo de las Tierras Raras. Seco, arrugado, auténtico, radical en la elegancia. Axial.

Sr. Verle dijo...

No se confunda Sr. Jambrina, Fisac no entendió el verdadero espíritu del hormigón. Sé lo que digo.
El título literario de su post es atractivo, no obstante. E intuye ciertas explicaciones, el opus, el país...
Un saludo.

TheoSarapo dijo...

Sr. Verle. Somos todos oídos y tiene este blog a su disposición. Me apasiona la vida torturada pero recta de Fisac. De arquitectura sé poco y no alcanzo a poder replicarle. Espero su comentario.
Gracias por confirmar lo intuido. Solo le diré que mi casa tiene paredes cuasiencaladas.

Sr. Verle dijo...

Perdone J.J. Entre por culpa de Protactínio, uno de mis mejores amigos blogueros, y no era mi intención resultar intolerante en la línea de 'academia locuta causa finita'. Nadie posee la verdad y menos en campos artísticos. Y tiene razón, en el caso Fisac no deja de haber actitudes, comportamientos, etc. que necesitarían cierta explicación. Es más complicado relacionar esas cuestiones con la esencia de su quehacer profesional, pero su persona y su personaje sí pueden tener interés.
Ah! y una persona que tiene paredes encaladas, cuenta a priori con todo mi respeto.Un saludo.

TheoSarapo dijo...

No hay nada que perdonar Sr. Verle. Me encantaría saber algo más sobre Fisac, sobre todo desde el punto de vista técnico.En realidad, desde cualquier punto de vista.

Sr. Verle dijo...

En el blog de Azúa, algo se ha escrito ayer y hoy. No obstante debería no serme complicado recuperar, supongo, algún artículo sobre el tema y podría darle a Ud. la referencia. Ha sido un placer, hasta otra ocasión.

TheoSarapo dijo...

Pues espero esa bibliografía.

procopio dijo...

está bien, jambrina, pero en mi ensayo, que tuvo a bien publicitar aquí, toda la primera parte es justamente un ataque a "la espiritualización de la materia" del peor Aristóteles y no digamos de Hegel. me temo, sin embargo, que me quedo en medio de los psi y de los bio. Una decisión que tomo, hala.

procopio dijo...

lo concreto, coñe, lo concreto: así le llaman en francés al cemento, c´est pas?

sarapo dijo...

Coño, Procopio, en el medio está la virtud. Y sepa que leo actualmente un trabajo titulado
"Psicopatología del sentido común" (Stanghellini). Anímese, que hay sitio.

Fernando Terreiro dijo...

Un psicópata del sentido común como yo cree que este blog es excelente. Hoy y ayer, chapeau.

recién llegada dijo...

Llego a casa después de un día laaaaargo al que sólo salvan una clase y la compañía. Mientras voy en el coche veo a lo lejos las luces de mi ciudad, y siento que estoy de nuevo en casa. En la radio, una canción que me hace reír, y gritar, y mover mis brazos en el primer semáforo, me recuerda que estoy viva. Y me pregunto si a veces merece la pena llorar.

devisita dijo...

El respeto a los mayores. Sí señor.
Semana de homenajes.

Por ciero D. Artabro, todos mayores de 62.

catalino dijo...

Voy con poco tiempo.
De Carlos Castilla del Pino no he leído casi nada. Me resulta difícil juzgar (en ese plan) a las personas, soy médico.
El cuerpo humano, los paisajes naturales y los edificios singulares. En ese orden.

Sr. Verle dijo...

Sr. J.J.: A vuela pluma, antes de que cambie de post. Bibliografía de urgencia sobre la obra de Fisac:
- M. Fisac, medalla de oro de la Arquitectura. Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España.
-M. Fisac. Monografía. Revista A&V nº 101.
Consultables por lo menos en las bibliotecas de los colegios de arquitectos. Un saludo.

El Pozo y El Numa dijo...

"Pero prosigamos con Fisac. No sólo son sus alusiones a la arquitectura del mondongo –alusión orgánica y popular, que lo emparentan con la pasión surrealista por vísceras y mataderos–; sino la sinuosidad de sus componentes: plantas, techos y muros, o los atisbos de perplejidad como en los huecos fracturados del proyecto de reforma del Palacio Maestral de Almagro. Sinuosidad que adquiere un carácter emblemático en la fuente de los Dominicos de Valladolid; fuente formada por una cubeta originaria, un canal ingrávido y zigzagueante que entretiene el agua en su recorrido antes de ser vertida en el estanque. Fuente que algunos pueden interpretar en clave de Oriente vía Scarpa; pero que participa de unas indudable valencias surreales. Y es que en Fisac como manchego sediento, el agua compone una campo metafórico lleno de sugestiones y posibilidades expresivas que sólo aventura el sueño. El onirismo de algunas figuraciones: balcones suspendidos, cuerpos ingrávidos, escaleras flotantes, iluminaciónes metafísicas, suspensiones bruscas de una continuidad tectónica. El organicismo –biológico y casi comestible– de vigas hueso o de hormigones gelatinosos y el carácter sincopado de muchos desplazamientos y sustituciones. Incluso la conceptualización de esos muros esviados o curvados, como muro dinámico, no deja de ser un matiz claramente surreal y anticonvencional. Si un muro y su función de transmisión de cargas está regido por principios de la Estática,¿como pretender arrostar de ese principio estático un valor dinámico?, ¿cómo en alguna pintura de Dalí o de Magritte? De igual forma que una tinaja descontextualizada ahora del hermetismo mudo de la bodega o de la soledad azulada de la cueva, es exhibida bajo el sol restallante como un object-trouvé perdido sobre el terrizo y como un dépaysement sonoro e invisible. También como un ojo negro e inexpresivo en la feria del Campo, aparece ahora esa tinaja en el laboral de Daimiel partida como vaso metafórico de una fuente misteriosa, que ha mutado el vino en agua y ha invertido su función vertical en otra horizontal; incluso la boca de un cántaro se acopla como un caño que mana. Cuando bien a las claras ese orificio tiene una función inversa: más es lo suyo recibir el agua escasa y económica, que darla graciosa y gratuitamente para su recreo. También los acristalamientos descuadrados como en el Laboral de Daimiel, o los techos inclinados que prolongan en el interior el plano de la cubierta, se recubren de un clima tan surreal como el pasillo gaudiniano de la Residencia Teresiana, aromatizado por alguna experiencia cinética del cine alemán de los veinte: ya Lang, ya Murnau. Pero también ese clima refleja el universo surreal de la meseta: esos techos ondulados no son sino una visión de los campos de mies granada mecidos por el viento en un juego sin sentido productivo. Y el muro onírico del Instituto Cajal taladrado con una minuciosidad de cirujano o de pastelero y arriba un balcón flotante, suspendido en el orto solar y dramatizando la rudeza de la fábrica y la soledad de los juegos infantiles. O el esqueleto terso de la cubrición del Instituto de Estudios Hidrográficos o los techos ondulados y sinuosos como un oleaje de mies que sacude la quietud del espacio, son algunos ejemplos posibles de esa sensibilidad que se formaliza en códigos alterados, tensados en su mera lógica constructiva y condensados en una mera porción de aire fracturado. Si el surrealismo daliniano tratra de identificar la arquitectura que nos inquieta con su comestibilidad; Fisac resuelve el enigma optando por el misterio, no menos surreal, del agua, que ya no es comestible sino bebible. Agua que en la Mancha es todo un enigma pavoroso y sorprendente, aunque se beba". Fragmento del artículo publicado en Pasajes. Suplemento de CLM nº7 ,2003

Ch.L.C. dijo...

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