7 de noviembre de 2012

Azzurra (II)

Al periodista Enric González habría que mandarle cada cuatro o cinco años a una ciudad distinta y exigirle para volver el correspondiente libro sobre ella. Es una maravilla leer a Enric González en sus Historias del calcio, pero sobre todo en sus Historias de Roma, el penúltimo destino que tuvo como corresponsal antes de largarse a Jerusalén. En estas historias romanas, González conserva intacta la capacidad para explicar una ciudad en muy pocas palabras y basándose en amenas anécdotas sobre el lugar. Pero creo que este libro esta lleno de urgencias y no es tan redondo como Londres o Nueva York. Enric llega a Roma en medio de los últimos estertores de un periodismo que se va y que amenaza con llevarse en su deceso la ocupación de "corresponsal". Y esto pesa demasiado en el libro ya que Enric se muestra hiperemotivo con todos sus compañeros de tareas en Roma. Por otro lado, la cita de Sciascia sobre la falta de verdad y de justicia en Italia no debe hacerle mucha gracia a un tipo tan jodidamente comprometido con la información como es Enric por mucho que lo disimule. Roma es una  ciudad llena de gente muy ambiciosa y muy mentirosa e Italia es un país donde un periodista que se precie lo tiene muy difícil.
De todas formas, a Enric le deberemos siempre haber conocido la pizzería Montecarlo o la Vineria Reggio y esa visión descacharrante de la plaza Minerva y alrededores. Pero hemos conocido mejor Roma de la mano de Robert Hughes, de su monumental obra, tan amena como documentada. Incluso las Promenades dans Rome, los Paseos por Roma, de Stendhal son una gran fuente de disfrute e información sobre esta ciudad tan extraña e hiperdotada que se declara a sí misma Capital del Mundo. Porque ¿cómo coños habrá sido posible concentrar tanta belleza?
Si me dan a elegir, me quedo con los Michelángelos: Buonarrotti y Merisi, detto Caravaggio. Y con la posibilidad cumplida de haber podido ver ocho nuevos cuadros de Vermeer, entre ellos La callecita y La muchacha con sombrero rojo. Así que recuerdos desde Roma, con amor.






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Ciudadanos, tan fieramente humanos...


11 comentarios:

TheoSarapo dijo...

Buenas noches y buena suerte

ancar dijo...
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ancar dijo...
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ancar dijo...
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Comentario oprimido dijo...

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ancar dijo...

(Me resulta un poco sórdido hablar de mis experiencias de dislocación, pero a ver si puedo expresarlo diplomático)

No me reconozco en esa locura tranquila de la que habla en Jotdown. No me ha pasado, pero no podría tener un diálogo con Maradona y quedarme tan pancho. Reconozco he gritado, por ejemplo, atado a una cama, inflados mis delirios, a causa del sometimiento, experimentando sufrir antropofagia por el enfermero de turno, y agitarme con una fiereza inaudita, volteando la cama hasta tirarla conmigo al suelo.

Coger una silla con toda la fiereza intencionada del contexto, del dolor y de la humillación sentida, y atravesar la galería de mi habitación en el hospital que estaba ingresado (la primera vez) porque me sabía loco y encerrado. Gritando, por supuesto.

Puede sea una cuestión de carácter, y yo una perra histérica, pero he montado tumultos en algún hotel o en la misma calle, siempre exteriorizando pavores persecutorios. Han tenido que venir los loqueros y la policía.

Como un poseído he asaltado a la gente diciendo que yo ya creía en dios, por ejemplo.

Huyendo a un mirador puesto las luces de emergencia y tocando el claxon a todo dar, horrorizado, escapando de todo y de todos.

No, mi locura no ha estado nunca metida refractariamente en mi cabeza. Tengo muchas y todo ha sido muy vehemente y peliculero.

Por eso, por la ociosa diversidad de experimentar lo posible, no veo mal especular emocionalmente con las combinaciones infinitas de los sentimientos individuales. Nuestra cabeza es un teatrillo donde puede representarse casi cualquier función. Y la ficción es generalmente eso, solo la exploración de un determinado mundo interior imaginado, siempre presionando por salir, factible de brotar. Hasta Superman tiene su cachito de autenticidad.

Quizá sea un romanticismo vago dejarse llevar por cualquier mundo sentimental personal, pero las vidas interiores son siempre pelis y las pelis vidas.

ancar dijo...

Más que peliculero, exuberante. Visionario y colorista, por lo menos al principio. No he podido quitarme de encima a veces la sensación de aventura. Sí que creo que he perdido vehemencia al final. Y tb carcomido, me cuesta más organizarme y padezco lagunas, ha sido un caro precio.

ancar dijo...

Hay mucho horror pero también mucho disfrute

ancar dijo...

Las consecuencias de llevar una vida errática mejor las dejamos a un lado.

ancar dijo...

Las consecuencias de llevar una vida errática mejor las dejamos a un lado.

ancar dijo...

Gran conclusión, he sido un flipado experimentador.

Buenas noches.