15 de julio de 2010

El poeta es un delantero

Del fuego de la victoria a las brasas. Me quedo con el alemán Muller. La sorpresa del Mundial como lo había sido de la final de Champions cuando le tocó bregar en solitario contra la defensa del Inter. Muller es de esos jugadores que son capaces de tirar de todo un equipo porque todo lo hacen bien: defienden, atacan y meten goles. Hay varios alemanes entre ese bunch of gays como les llama el exrepresentante de Ballack que lo harán bien en el futuro pero el Olimpo será para Thomas Muller.
También, en esa línea, me encantó el yanqui Landon Donovan, un superclase. Completísimo y con hambre de gol. Y el argentino Pastore en lo poco que le pudimos ver. Pero la aparición de Muller es de las que pueden marcar una época.

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El poeta es un delantero-CARLOS MARZAL







Intuición, elegancia, técnica, inspiración, remate, entrenamiento. Juego y belleza. ¿De qué estamos hablando? Detalles de pureza, movimientos inesperados, un instante en el que todo cambia, y para siempre. Un último gesto que surge de la nada, hace brotar la emoción y nos regala felicidad para todo el día. Poesía y fútbol. Fútbol y poesía.

Desde luego, hoy ningún recital llenaría el estadio de un equipo de Segunda B. Las revistas literarias no son las más vendidas en ningún país. No se conoce de ningún niño que tenga en su cuarto la imagen de un hombre escribiendo versos. Y si en un telediario se escucha hablar de poesía, malo: seguramente se ha muerto uno que ya era un clásico. Nada parece más lejos de la minoritaria poesía que el espectáculo más seguido del mundo.

Sin embargo, poeta y delantero comparten un mismo destino. Ir a la esencia, encontrar el código, los ritmos necesarios. No importa el proceso, sólo cuenta el triunfo final. Los atacantes afinan la puntería… los vates refinan la palabra. Un futbolista se convierte en goleador cuando está “en el lugar adecuado, en el momento adecuado”. Un escritor se hace poeta cuando dice “las cosas justas, en el modo adecuado”. Por eso, un buen gol es como un buen poema: no falta ni sobra nada.

El delantero espera en el área, como el poeta aguarda a su musa. Se diría que no hacen nada -la paciencia es un don de los elegidos- hasta que llega el instante decisivo, ése que sólo perciben los que tienen otra mirada. Es entonces, cuando poetas y delanteros se diferencian del resto por lo mismo: definen. Inventan una salida al problema. Resuelven. A veces del modo más sencillo, apoyándose en otros, o con mil fintas y requiebros para llegar a un final suave como un susurro, con un remate que se parezca a unos puntos suspensivos.

Por eso hay quienes, mientras escriben, les sorprende la inspiración, y deciden jugarse un mano a mano frente al portero con una dulce vaselina. Todos los escritores se han llevado alguna vez las manos a la cabeza al verse fallar una ocasión inmejorable. Y hay jugadas, como poemas, que no terminan bien, por un adorno de más.

Puede que el poeta afronte los mismos dilemas que el goleador. La obsesión por marcar y alcanzar así el triunfo inmediato, suelen dejar la portería a cero y el folio en blanco. A veces conviene ir directo a puerta, otras conviene retrasar la pelota a un compañero, para fabricar juntos una mejor ocasión. ¿Cuándo decidir el disparo final que haga bueno todo el trabajo anterior? Ésa es la decisión del poeta, y del delantero.

Pero de vez en cuando todo encaja. Y el universo parece predispuesto a que el balón que viene con rosca desde una banda, encuentre una cabeza firme en el último aliento del salto, o que la punta de una bota consiga que el balón no pase de largo, y cambie unos centímetros su trayectoria, de modo que dibuje un camino, el único posible, que sortea todos los obstáculos, y lleva directo al júbilo, que tiene algo de delirio: irrepetible y mágico.

Con el fútbol y la poesía, en un instante pasamos del aburrimiento a lo sublime, de la rutina a la gloria. Porque hay jugadores que parecen agraciados con los dioses. Como hay hombres y mujeres que, detrás de la oreja, tienen un hada que les susurra versos.

Parece lógico, por tanto, que los poetas se hayan ocupado de sus semejantes, y hayan sentido empatía con la soledad del lanzador de penaltis, y hayan descrito la emoción del pueblo en la grada y la frustración del genio la tarde que no acudió su musa… No es de extrañar que muchos poemas hablen de los que encuentran una forma más bella de conseguir el mismo objetivo. O que subrayen el abismo, que en el fútbol mide un milímetro, que separa el triunfo definitivo del absoluto fracaso.

Fútbol y poesía. Poetas y delanteros. ¿Por qué no aprovechar las claves de uno empezar para comprender mejor al otro… Y darse cuenta que hay escritores no tan dotados, pero que marcan goles a fuerza de entrega y tesón. Jugadores que no saben sacar partido a toda su técnica. Poetas que regatean demasiado, extremos que ponen muchos adverbios. Unos y otros sufren sequías goleadoras, en ocasiones les cuesta definir, adoptar los tiempos justos, y no saben concluir en los instantes finales. Y algunos, a falta de inspiración, sólo saben fingir que siempre alguien les hace penalti.

Además, ¿no se tiran aforismos de puntera? ¿No hay poemas vibrantes como la prórroga de las finales? ¿No se parecen los adjetivos de Neruda a las descaradas bicicletas de Cristiano? ¿No es Iniesta genialmente sencillo, un perla surgida de la tierra, como Miguel Hernández? ¿No son versos épicos encabalgados los regates consecutivos de Messi? ¿No recuerdan a un soneto, 90 minutos de Xavi? ¿Y si sobrevivió el duende de Lorca unos años, en la bota izquierda de Maradona?

Esta perspectiva, además de ampliar nuestra sensibilidad poético-futbolística, tiene otra importante ventaja. Con ella podremos apartar (un poco) la tristeza por la escasez de lectores que hoy en día disfrutan con los versos. En cuanto sepamos cuántos millones de espectadores han visto los partidos de este Mundial de fútbol. Gentes de los 5 continentes que vibran, se emocionan, disfrutan, lloran, discuten y toman cerveza, frente a los televisores que retransmiten, durante horas, algunas muestras de la mejor poesía.


P.D. Si raras veces se ha visto a un poeta alzar los brazos tras encontrar el comienzo perfecto, ni dar saltos por marcar un ritmo preciso, ni celebrar con sus compañeros tropezarse con el verbo adecuado; será porque estas cosas ocurren normalmente de forma inesperada, en el metro, antes de dormir, frente a un viejo pupitre, o en un rincón apartado… siempre lejos de los grandes estadios.

10 comentarios:

TheoSarapo dijo...

Buenas tardes y buena suerte.

enric gonzalez dijo...

No es bueno para una democracia que la oposicion no funcione. Se corre el riesgo de desembocar en una satrapia. Y ya solo le faltaba a Zapatero y a su gobierno que pudiesen jugar a los satrapas.

c h dijo...

Hombre, Enric, yo creo que D. José Luis hace tiempo que comete satrapía. ¿Cuántas veces se ha pasado por el forro la soberanía del pueblo expresada en el congreso? Por ejemplo cuando el congreso reprobó a Magdalena Alvarez o cuando aprobó la petición de eliminar de ministerios. Ni puto caso que hizo al avoluntad popular. Talante, por atrás y por delante.

Ejemplo el de los del metro. Les bajan el recorte de 100 a 20 € después de la huelga salvaje. Ya sabemos lo que tenemos que hacer todos los ciudadanos para acabar con la crisis.

la voz de catalunya dijo...

Cierra Factual. Ocho meses.

cat dijo...

Quizá si dos periódicos, tres teles y (pongan ustedes los que crean que tampoco están a la altura) fueran, fuesen o seriesen independientes, serios y activos la cosa empezaba a cambiar. Son sueños. Mientras tanto la culpa la tiene la oposición, el inexistente recambio, y tan frescos.
¡Ele la grasia española! Y Quevedo delantero o mejor Celaya (La poesía es un arma cargada de futuro).

pipurrax dijo...

y ahora voy a presentar
a estos individuos
porque son eso,
individuos
que son unos cabrones
y se pasan todo el día
dando por culo

Casillas Neruda

Anónimo dijo...

Bye-bye factual!

c h dijo...

Bono bueno.

lafoca dijo...

He estado viendo un video de hace no sé cuantos años en el que Juan Pedro Hernández Moltó interrogaba a Mariano Rubio. Y me ha dado un ASCO así de GRANDE.

Creo que voy a empezar a delinquir y a mirar la vida desde otra perspectiva.

lafoca dijo...

El ayuntamiento subvenciona con 58.722 euros al Beltaine. Manda trillos. Y las pensiones congeladas.