22 de octubre de 2009

Una ciudad a quemarropa

Pocas ciudades han tenido tan poca suerte en el carrusel de la Historia como Los Angeles. Si circulase por el mundo una guía del menosprecio, Los Angeles se llevaría unas cuantas páginas de gratuita publicidad peyorativa. Y sin embargo, la realidad es muy otra y muy lejana al interesado estereotipo: estamos ante una de las ciudades que cada año crece con más celeridad y vigor. Aunque le duela a los buenos.
La cosa pintaba bien cuando la industria del cine decidió arraigar en las adustas colinas de Hollywood. Pero aquellos maravillosos años de principios del siglo pasado se transformaron rápidamente en la Babilonia que tan duramente describió Kenneth Anger. Vinieron las juergas, las orgías, el desmadre, los prostíbulos, la corrupción. Malos cimientos sobre los que consolidar una sociedad que se precie. Nada que no contase ya James Elroy en su Cuarteto de Los Angeles. O que no haya diseccionado la novela negra del justiciero Chandler.
Y así pasaron los años y la ciudad siguió creciendo con una aureola de lugar peligroso y violento, de jungla de asfalto ingobernable y frívola.
Pero el tiro de gracia a la ciudad maldita se lo dió el genio neurótico de Woody Allen en una secuencia de Annie Hall: aquella en que tras declarar al sol como enemigo de la salud decía que el único avance cultural logrado en Los Angeles consistía en poder girar con el coche a la derecha con el semáforo en rojo. Allen, tan genial como hipócrita, había empezado su particular guerra con Hollywood y LA fue una fácil pieza.
En 1985, al angelino Bret Easton Ellis se le concedió la categoría de novelista por haber escrito un relato en el que la ciudad de Los Angeles era considerada como refugio y epítome de la llamada Generación X: aquella que definía a una juventud ensimismada, insolidaria, vil y fría. "A la gente le da miedo mezclarse al circular por las autopistas de Los Angeles", escribió el pueril Easton Ellis en la primera página de Menos que cero, la obra que le hizo rico. ¡Qué mejor escenario para una historia de amor insensible y egoísta!
Pero hasta ahí llegaron las aguas porque hubo un día en que Frank Sinatra levantó la voz para decir cuánto quería a esa ciudad que le había visto triunfar y disfrutar. Y todo empezó a cambiar un poco porque Tom Wolfe ya había dejado caer que LA era la ciudad del siglo XXI..o del XXII. Y porque Ridley Scott rodó Blade Runner en el mítico Downtown angelino y porque Pretty Woman empezó a pasearse por Rodeo Drive.
Una ciudad de la que todos hablan mal pero que nadie abandona. Una ciudad que mide 80 kms de cabo a rabo, que cobija miles de kilómetros de autopistas, que alberga a gentes que hablan 120 idionas diferentes y que ocupa una extensión de 1200 kms. cuadrados es algo muy distinto a cualquier modelo convencional de ciudad. Se acabó la plaza mayor, la iglesia, la farmacia y los barrios de alrededor. La ciudad del futuro habita entre nosotros.



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Vaya este Cadillac solitario por delante aunque la mejor canción sobre LA la escribieron Los Cardíacos y se tituló ¡Qué viva Hollywood! Pero ha sido imposible encontrar la sonrisa de Mrs. Hedda Hopper.

12 comentarios:

TheoSarapo dijo...

Buenos días y buena suerte

Mercutio dijo...

Sarapo, ha cometido Vd., en su benevolencia, el mismo error que otros en sus condenas: Los Angeles no es una ciudad. Es un polígono, una autopista habitada, un experimento social o cualquier otra cosa, pero no una ciudad.

El viejo chiste de '¿me da un mapamundi de Bilbao?' es una realidad en ese sitio; un plano de carreteras de LA que resulte útil, que sirva de algo a la hora de llegar de A a B, es como diez veces más grueso que otro de los EE.UU. que cumpla la misma función. Literalmente.

Si Madrid es más grande que Europa (hagan la prueba: dibujen en un papel Europa, de memoria, con todos los detalles que recuerden, las fronteras aproximadas, las capitales o las ciudades más importantes, y luego intenten hacer lo mismo con Madrid), LA es mucho más inconcebible que cualquier otra cosa. Quizá sea el objeto más complejo que haya construido el ser humano.

Hay menos diferencias conceptuales entre México D.F. y Piedras Blancas que entre Los Angeles y todo otro asentamiento humano en la historia.

En cuanto a las críticas, tienen una explicación del tipo Barça-Madrit: a los neoyorquinos -que meriendan albino alligator de alcantarilla y tienen de cartero al Hijo de Sam- les da miedo LA.

Anónimo dijo...

Los Angeles, cuatro casas viejas y un río.

BT

Ártabro dijo...

Todo un privilegio ver los ángeles sin haberse muerto.

TheoSarapo dijo...

Mercutio, de acuerdo contigo.

El intelectualizado neoyorquino no puede soportar que haya una ciudad donde la gente se pirra por las tías en pelotas, por las limusinas y por las alfombras rojas de la fama.
Sin valorar el enorme andamiaje que precisa lograr que funcione este evento.

El maltrato a Los Angeles es algo tan viejo como la envidia.

chm dijo...

Los Angeles, una cancha de baloncesto y dos autovías.

Chm
(a la manera de BT).
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Oye Sarapo, y.... ¿has ido por negocios o por placer?

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En cuanto veo los premios Príncipes de Asturias en la tele empiezo a celebrar la Navidad.
Buenas tardes.

M.A. dijo...

Hombre, hombre, ¿envidia de los neoyorkinos a la capital de las pandillas de América? Si acaso al clima, a los bonitos atardeceres entre smog. La comparación sería ciudad de Nueva York-estado de California y para hacer esa lectura habría que remontarse a finales de los 80, principios de los 90. Hasta que llegó Giuliani y mandó parar. En esos años, con Nueva York convertida en una de las ciudades más peligrosas del mundo, con un déficit de 2500 millones de dólares, todos los gurús económicos veían en sus bolas de cristal un cambio de poder y de costa. El eje NY-Londres sería reemplazado por LA-Tokyo o lo que es lo mismo, el Pacífico sustituiría al Atlántico. Ello se debía más a la pujanza de Tokyo que a Los Ángeles mismo, convertida en una cabeza de playa japonesa. Luego, al otro lado del Pacífico pasó lo que pasó: el tercer modelo económico (capitalismo-marxismo-japonés) basado en los “keiretsus” -grupos piramidales con un banco en la cúspide- y una dirección global de la economía llevada desde el poderoso Ministerio de Industria entró en crisis, a la vez que un tipo de Brooklyn se hacía con la alcaldía de NY. Giuliani convirtió a NY en la ciudad más segura de América, de un enorme agujero fiscal pasó a tener superávit…, y el resto de la historia es de sobra conocido.

La Fundación Mori de Japón realiza un prestigioso estudio de las ciudades más “poderosas”. El índice se hace consultando a numerosas personalidades de todo el mundo. Se analiza la economía, i+d, servicios, actividad cultural, sostenibilidad, etc. La primera, con diferencia, no se la cuento. ¿Dónde está LA? La novena, entre Boston y Toronto.

Dos últimos apuntes: 500.000 californianos se han largado a otros estados, muchos serán angelinos, digo yo; y yo SÍ que le tengo envidia, Berlín, Washington, NY, Boston, LA. ¡Joder!

fernando terreiro dijo...

La mejor es esta:

I remember California

cat dijo...

Es esta .

cat dijo...

Perdón, []

fernando terreiro dijo...

Buena peli, pero ¿lo dice usted por el gobernador?

cat dijo...

Sí, y por el título.