21 de febrero de 2009

SALUD MENTAL Y PERIODISMO

LUIS M. ALONSO

La salud mental tiene un divulgador incansable en el psiquiatra Juan José Martínez Jambrina, que es, además, un bloguero reconocido y un buen articulista vecino de página. Jambrina, junto a tres compañeros de profesión, ha organizado un seminario para profundizar en el tratamiento que los medios de comunicación dan a los asuntos relacionados con las enfermedades mentales. Es decir, para tirarnos de la oreja por el enfoque sesgado de las noticias o el abuso, en los artículos de opinión, de palabras que pudieran contribuir a la estigmatización de la locura.

Jambrina, y supongo que también los psiquiatras autores de los trabajos que ayer se dieron a conocer en Avilés, es consciente de que a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Pero también sabe, como somos conscientes muchos periodistas, que las urgencias del oficio en el momento de hacer una información y la falta de conocimiento de los asuntos que se tratan, relacionados con la salud mental y otros, inducen frecuentemente al error.

Lo dijo, con su frescura habitual, otro vecino y miembro de la cofradía de la columna, el maestro Eugenio Suárez. «Los periodistas no sabemos de esto ni de otras muchas cosas». Y mucho antes que Eugenio Suárez ya lo había manifestado con su habitual cinismo el magnate de la prensa británica, lord Northcliffe, un hombre que para crecer favoreció el sensacionalismo que siempre había reprobado: «Periodista es quien escribe de cosas que ni él mismo entiende».

Ahora bien, dicho esto, convendría también recordar, por si alguien lo cuestiona, que al hombre que, por ejemplo, mata a otro hachazos presa de enajenación mental cabe considerarlo un loco. Una vez confirmada la locura del homicida, el primer servicio al lector es incluirla en el titular.

Por lo demás, no está mal fomentar las buenas relaciones entre psiquiatras y periodistas, en el caso de que hubiera que lanzar un SOS desde las redacciones. Y, créanme, no hay nada trivial en ello.




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Trastornos de «Pulitzer»
Los psiquiatras y los periodistas demandan formación para tratar noticias ligadas a enfermedades mentales







M. M.

Paul Watson, reportero, ganó el premio «Pulitzer» por la foto de un soldado golpeado. Trabajó en Somalia y Ruanda, donde plasmó gestos de hambre y odio. A Watson le diagnosticaron estrés postraumático: se formó en salud mental por obligación. La mayoría de los periodistas, sin embargo, requieren cursos para tratar informaciones ligadas a los trastornos mentales y huir de la estigmatización que, en ocasiones, daña a los enfermos y a sus familias. Ésta es, al menos, la conclusión a la que llegaron ayer los periodistas y psiquiatras que se reunieron en Avilés para debatir sobre salud mental y medios.

El psiquiatra Alberto Durán, en nombre de Enrique Peñuelas, que no pudo acudir a la acto al igual que el periodista Enric González, abogó por evitar la discriminación y el lenguaje peyorativo sobre trastornos mentales. Su colega Óscar Martínez, del Hospital de Basurto, aplaudió, sin embargo, el trabajo de los periodistas y fotógrafos que con su trabajo han contribuido a que se produjeran cambios sociales. El más importante: el cierre de los psiquiátricos. El especialista Ánder Galdeano, de Salud Mental de Irún, criticó, por su parte, la relación que generalmente se establece entre salud mental y violencia.

¿Y los periodistas? Eugenio Suárez, colaborador de LA NUEVA ESPAÑA y creador de «Sábado Gráfico» y «El Caso», coincidió con los especialistas y recordó cuando en sus publicaciones en vez de loco se utilizaba la palabra insano. «Pero el problema no es de la prensa, es de los periodistas, que no están enseñados en salud mental y su incidencia en las relaciones intersociales. Por ejemplo, ¿se deben publicar noticias de suicidios? Yo diría que no, porque el hombre es un ser mimético», sentenció.

El psiquiatra Martínez Jambrina, también colaborador de este diario, y el periodista Jordi Bernal aplaudieron las intervenciones de los ponentes. A su juicio, las cosas se deben llamar por su nombre, pero sin causar daño. Para el representante de la Asociación de Familiares de Enfermos Mentales de Oviedo, Daniel Rodríguez, los periodistas deben autorregular sus informaciones. «El enfermo mental es un ciudadano con derechos y necesita la ayuda de toda la sociedad», concluyó.

10 comentarios:

TheoSarapo dijo...

Creo que ya se ha resuelto el problema.

acraciacosmopolita dijo...

Cada vez entiendo menos la emoción de la vida esencial o no . Hacer tu > nido. Cuidar a la prole.. Tiene sentido todo esto?

anx dijo...

Mientras no se acabe con una salud imperativa el estigma seguirá existiendo. El modelo Avilés es un avance si convive con una hospitalización no involuntaria. Qué respeto puede tener de la sociedad el enfermo mental si x el status quo oficialista es tratado no como otro doliente más sino el de un sujeto a coaccionar. El estigma del paciente mental diagnosticado se asimila al racismo, pero mientras la sanidad tnga un W. C de consentimiento informado para unos y un simulacro delictivo para otros, el rechazo y el abuso es tan inevitable esa precaria sumisión en la k habita el enfermo mental de nuestros días.

anx dijo...

...tan inevitable y iatrogénica como la precaria sumisión que sufre y soporta el enfermo mental hoy en día.

catalino dijo...

Interesantes puntos, anx.
Sus párrafos, exagerando, pasan, casi, a ser universales retirando de ellos la palabra mental.

Sería tan amable de escribir una reflexión del para quién deja (enfermos y profesionales) la hospitalización involuntaria y en qué lugar cree que debe hacerse.

No es frecuente en mi medio y ahora tengo uno a mi cargo … Me da que pensar.

¡Sarapo pone comillas!

TheoSarapo dijo...

Sufre el Barsa. Gana le Madrid

TheoSarapo dijo...

Anx: para estigma el de los gitanos.

Anónimo dijo...

Ya sólo falta que un meteorito caiga sobre mestalla para que el finde futbolero sea perfecto

Paula

anx dijo...

Es que creo y difícilmente nadie me lo discuta el enfermo mental necesita a veces aislamiento quid pro quo. Se le debe de ofrecer. Pero alguien q sabe como se llama y donde está, incluso casi siempre de que se le acusa, tiene y lo recalco, sobran las cursivas, la suficiente conciencia para circular y ser expulsado, o sea, y no temo ser tachado de radical porque a largo plazo sék es la mejor opción, marginado. Al redilSi hay atención no intervención sino latencia se vuelve... Anclado y no colgado. El loco aunque no entienda al prójimo sabe explotarlo como cualquier individuo. Las zapatillas perdidas de un Alzheimer son octra cosa.

catalino dijo...

Interesante la distinción entre intervención y atención, si es que le he entendido bien, y ese es el quid de la cuestión cuando el loco, encima, va a morir al ser incapaz de tratarse otra enfermedad, -mortal si no lo hace a diario- que a mi caso acompaña. No vea la de tumbos (intervenciones) que lleva dados y los que hay que dar para conseguir la atención que precisa para siempre.