6 de julio de 2007

CIUDADANOS (LNE HOY)







Sería incierto decir que la aparición del partido Ciudadanos de Cataluña ha sido la única sorpresa relevante que ha deparado la política nacional en la última legislatura. Sustos y tensión no han faltado en la batalla entre los principales partidos, pero está visto que no sólo de rumba vive el hombre y sería injusto no reconocer a la iniciativa de los Ciudadanos una gran capacidad de dinamización y de transformación de la política catalana. Atrás quedan las pruebas: tres diputados en el Parlamento catalán conseguidos el 1 de noviembre de 2006 por un partido que arrancó del sentimiento antinacionalista y laico de un grupo de intelectuales el 7 de junio de 2005. No está nada mal. Y está mucho menos mal si se rastrea el influjo del ideario de Ciudadanos en otros partidos políticos tanto catalanes como ultramarinos.
Un fenómeno de este calado no podía pasar desapercibido para estudiosos y editoriales. Y en pocos meses ya tenemos tres textos que intentan arrojar luz, más luz para explicar el acontecimiento.
Desconozco el texto que firma Álex Salmón, director de «El Mundo de Cataluña», pero me he leído con fruición el libro editado por José Lázaro en la Editorial Triacastela («Ciudadanos. Sed realistas. Decid lo indecible») y el firmado por Jordi Bernal «Viajando con Ciutadans», publicado por Tentadero.
José Lázaro aparece como editor y prologuista de un libro que busca desentrañar la médula intelectual de la que surge este partido. Lázaro analiza la savia elaborada que se revela en forma de manifiestos, artículos y discursos de los fundadores del nuevo partido que nació con vocación de carácter racional, laico y posnacionalista. Tal vez el mayor acierto del libro sea la deliberación inédita que se establece entre seis de los ideólogos (Carreras, Azúa, Espada, Boadella, Ovejero y Pericay) y un simpatizante acérrimo como Fernando Savater. Tipos que siempre tienen algo que decir en un debate como el que les plantea Lázaro: una interpelación por las razones que les llevaron a iniciar el movimiento. Y ahí tenemos la sentencia lapidaria de Savater cuando reconoce que pasará lo que dejemos que pase. O al irónico Azúa punzando que en Cataluña la sensatez es revolucionaria o a Espada eligiendo lema para su casa: Dicho y hecho. Y así se conforma un buen texto con el que cualquier lector puede saciar sus dudas sobre cómo fue posible esa conjunción de intelectuales, cuáles son sus preocupaciones políticas y cuáles son, sí, los puntos que les distancian.
Jordi Bernal es un joven periodista badalonés que ha sido testigo de primera fila de toda la epopeya de los Ciudadanos desde la reunión fundacional en el restaurante El Taxidermista hasta la mágica noche del Hotel Calderón. Bernal, en su «Viajando con Ciutadans», recoge el testigo de grandes articulistas catalanes como Pla, Gaziel, Sagarra o Xammar. A un reverencial respeto hacia lo fáctico le añade Bernal una capa templada de buena literatura y exquisito gusto por lo poético o lo épico según tenga cerca a Joan Margarit o a James Stewart. Está empeñado el autor de este «road-book» en recuperar el valor de la crónica periodística por oposición a los sesudos editoriales militarizantes, espejos deformadores. Y se agradece esa apuesta. En trenes, taxis o autobuses, Bernal recorrió Cataluña asistiendo a mítines, debates o conferencias para levantar acta objetiva de los dificultosísimos primeros pasos de un partido político inédito en España. El apagón mediático con que la mayoría de medios de comunicación saludó la campaña de Ciutadans confiere mayor al trabajo de Jordi Bernal que contiene un brillante análisis sociológico y moral de la Cataluña actual.

Esa Cataluña ensimismada que pretende transformar, según Savater, «el primer partido de izquierda cívica que se funda ex novo en España desde la transición».

Veremos. Ahora lo que está por adjetivar es el futuro.

1 comentarios:

Button dijo...

Ciudadanos Ja! Dónde está el liberalismo. Vuelven los "ciudadanos" por sus mismos fueros, el de un artificio intelectual. Hay q tenerlos. Aquí España, parece q sólo se puede ser de derechas ou!

Nil novi sub sole sería demasiado, pero a este futuro lo que le falta es sustantivo, no adjetivos.