5 de abril de 2007

DE BARRO


Una cita imprescincible. Pescada por una mujer-pez en la madrugada. Lo dice Claudio Magris, empoderizado por el Premio Príncipe de Asturias: "No hay que tener miedo del barro de que estamos hechos, con el que, en cambio, cierta cultura de izquierdas, más idealista que marxista, se ha negado a hacer cuentas, creyendo así, con abstracto ideologismo, que puede cambiar más fácilmente el mundo y liberar a los hombres".
Luego, leyendo a Freud me entero de que un hombre es fuerte en la medida que represente a una idea fuerte.
Y hablando de Freud y de Marx, me viene como anillo al dedo el artículo de Carlos Castilla del Pino en EP sobre la ridiculez de Mariano Rajoy. Don Carlos sabe de qué escribe. Es cierto, hay que reconocerlo, si hay alguien experto en errores, en verguenzas, en culpas y en llevar a sus huestes por un camino perdido ése es Carlos Castilla.
Nada le impide al académico mostrar su frontal rechazo al PP y a la política de Rajoy pero hacerlo desde la subjetividad desde la que lo hace hoy bajo una pátina de psicología baratíííissssiiiima nos informa de que el autor está en las últimas.
El ebúrneo psiquiatra cordobés obvia recordar que hay una estructura de carácter que impide al sujeto decodificar la realidad y llegar a sentir ni culpa ni rubor ante el dolor de los demás; llámase psicopatía. Apunto en mis notas la urgente necesidad de recordar que alguien se encare con una biografía de Castilla del Pino que nos libere de la imagen indulgente que se ha fabricado en su Autobiografía.
Y sobre la ridiculez, recuerdo aquellas palabras que escribió Bernardo Bertolucci cuando estrenó su película LA TRAGEDIA DE UN HOMBRE RIDICULO:
"El ridículo es hermosísimo porque está más allá de la ironía, es la última frontera que todavía no han cruzado los vicios culturales, el narcisismo y la hipocresía que son el sustento de la actitud irónica. Por eso el hombre ridículo está en estado de gracia y se comporta sanamente, es decir como un “idiota”.
Aquella fue, sí, la tragedia de un hombre ridículo. ¿Don Carlos? ¡Quita pallá¡ Barro. Solo barro. Grotesco barro.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

FETIDO EL QUIOSQUERO

la gloria se la llevó Chema el panadero, pero su ejemplo apenas dejó secuelas en el Gremio. Creánme, no hay ni un solo panadero que tomara como referencia al farlogay de Barrio Sésamo. Y sé de lo que hablo.
Otro cantar fue Braulio. Braulio el quiosquero de Barrio Sésamo. ¿quién lo recuerda? me temo que muy pocos. Y sin embargo, hay una nómina de quiosqueros que si aprendieron el oficio con él.
Por ejemplo Fétido, el quiosquero de la calle donde ahora trabajo. Todo lo que sabe lo aprendió con los cursos CEAC basados en la experiencia de Braulio. Y se nota. Es un profesional. Cascarrabias casi siempre, entrañable a ratos, pero con olfato para saber cual es tu periódico: ese instinto de gran quiosquero.
Su problema, su gran problema, es que no se ducha. Al parecer tiene un catéter que se lo impide. O esa al menos es la excusa que pone. Cada día apesta más. De ahí que servidor haya optado por pagar el periódico desde el umbral de la puerta. No obstante, Fétido es lento para pillar indirectas.
Ni siquera las moscas que revoletean a su alrededor le hacen reaccionar. Será cosa del catéter.

viejo Casale

catalino dijo...

Y adquirir conocimientos mediante la lectura ¿e finito?
Mañana el que se va soy yo.
Ciudad con mar y río.

Anónimo dijo...

¿donosti?

catalino dijo...

Si no fuera anónimo puede que hasta se lo explicara que para eso estamos en la fiestas de Semana Santa o de primavera.
(Suponiendo que la pregunta tenga que ver conmigo?)

Fernando Terreiro dijo...

Un mar más grande y un río más grande aunque no es el río que pasa por mi aldea.