30 de marzo de 2007

HABLAR POR HABLAR

Luis Rojas Marcos, psiquiatra en Nueva York, es un escritor y conferenciante de reconocido éxito en nuestro país. Es un profundo conocedor de la sanidad estadounidense. Estuvo en Madrid hace unos días y habló para el público. Un servidor tomó notas.

Luis Rojas Marcos lleva tiempo intentando convencer a los españoles de tres o cuatro cosas: que en España se vive bastante bien, que las mujeres españolas son las que tienen una mayor esperanza de vida tras las japonesas, que los varones españoles vamos cuartos en ese mismo «ranking» y que todo ese optimismo que exudamos a raudales es porque hablamos mucho. Cuenta Rojas que se lo pasa fetén yendo por la Gran Vía madrileña y viendo a la gente hablar por los codos. Y dice más. Que le encanta llegar a media tarde a su casa neoyorquina, poner un disco de Sinatra y empezar a darle a la parpayuela sólo o en compañía de otros. Y abunda: a sus pacientes deprimidos les impone como primera obligación tener que hablar con 6 personas al día por lo menos.

También dijo que la espiritualidad y el ejercicio son unos antidepresivos excelentes.

Insistió mucho el doctor Rojas en la bondad de la conversación y en lo poco que hablan los norteamericanos entre sí. Insistió tanto en la pobreza expresiva de los yanquis que uno se los imagina un poco como Max Von Sydow, ese angustiado cósmico y mudo que tanto le pone a Woody Allen, ese neoyorquino logorreico y neurótico .

Ignoro de dónde saca Luis Rojas estas conclusiones. Que yo sepa no hay ningún estudio serio que vincule de manera concluyente la relación entre la locuacidad y el bienestar mental. El mismo Freud abandonó con presteza la senda de la «purga catártica», que vaticinaba la resolución de los problemas anímicos por el mero hecho de ser verbalizados. Y Rojas dice haber abandonado a Freud.

Ignoro asimismo qué clase de pacientes trata Luis Rojas; no creo que si existe un «verdadero» problema mental sea posible anteponer los «consejos de la abuela» a los fármacos o la psicoterapia. Ése es uno de los problemas de nuestro tiempo, la dificultad para acotar con precisión qué cosa es un trastorno mental. Hasta ahí han llegado las aguas con el crecimiento ilimitado del campo semántico de palabras, como «depresión», que las mató el éxito. Pero ésa es otra historia, otro légamo.

A mí, estos diagnósticos de Luis Rojas me recuerdan un poco a los informes un tanto estrafalarios que enviaba aquel comerciante inglés reconvertido a espía desganado que Graham Greene creó para «Nuestro hombre en La Habana». Aquellos informes sobre la realidad cubana inventados por el espía amateur pero creídos a pies juntillas por sus jefes londinenses. Pocos escritores han descrito el paño humano mirándolo tan de cerca como Greene.
Creo que a nuestro eminente médico de los nervios le hace falta salir a la calle y enterarse de cuáles son los verdaderos problemas de los españoles; el precio del café, por ejemplo. De siempre se ha dicho que los fieles guardianes del buen vivir mediterráneo eran la comida, el vino y el amar, macho o hembra, apasionado. Un sevillano como Rojas debiera estar al tanto.
Y debiera estar al tanto de que lo bueno está ya casi todo prohibido. Y que este país, como todos, está cambiando de manera acelerada. Y que, si de hablar se trata, hemos acabado prohibiendo a uno de los tipos más locuaces de nuestra historia reciente: un tal Butanito. Y que, a fecha de hoy, para poder hablar con tranquilidad, sosiego y silencio en estas ciudades nuestras hay que pasearse por algunas de las cafeterías franquiciadas, tipo Starbucks, de honda raíz anglosajona donde te dan el café en vasos de plástico.

Y es que la última conversación seria que recuerdo es aquella charla poscoital que se largaron José Sacristán y Fiorella Faltoyano cuando quedaron solos en la madrugada. El resto ha sido un hablar por hablar.

26 comentarios:

lafoca dijo...

¿Vasos de plástico? Joder, qué morro.

Se nota que Caín tiene el buen gusto -al contrario que yo- de no seguir toda la programación de A3. La vida de las cambiadas radicalmente está siendo contada en otras franjas horarias.

Iré al Pelayo ya que ha sido la única respuesta obtenida. Y además porque me fío de Chema.

sarapo dijo...

Foca, lo mejor de Oviedo, a buen precio es La Taberna del Zurdo.
Si me dices tu nombre llamo al dueño para que te trate mejor que a nadie.

devisita dijo...

Ví la entrevista que le hicieron por el plus y el señor me pareció un cantamañanas.

chema dijo...

Foca, no se arrepentirá.

chema dijo...

Sería muy fácil apostarse esta noche en la entrada de el Pelayo para conocer la identidad foquil pero respetamos su intimidad.
¿Va con Zaragozano?

Caín dijo...

Dos chorradas tras la lectura de nuestro columnista de cabecera:
1) El artículo está escrito más rápido que sus antecesores. Esto, siendo bueno (mayor comodidad con el formato),tiene el riesgo de pasar del trabajo artesanal a la producción en serie.

2) Lo malo de escribir en periódicos es que terminas contagiándote de las noticias (aunque sean tan imbéciles como los céntimos que invierte ZP en café).

Pero admito que esto sí es hablar por hablar.

lafoca dijo...

Ya está reservado en el Pelayo. Anoto lo del Zurdo aunque tiene pinta de demasiado minimalista para mis gustos. Como no creo que me pidan el DNI a la puerta con dar el nombre que usted conoce supongo que valdría, Sarapín.

Ártabro dijo...

Sarapo, es usted un conspicuo detractor de la novela. Lo es, además, con conocimiento de causa: alguien que ha leído tantas, algo tendrá que decir sobre ellas. Viene todo esto a cuento de su cita. Esta vez es Graham Greene, pero en otras ocasiones han sido otros “novelistas” los citados. Se nota que lo suyo con la novela es una relación amor-odio.

Yo leí “Nuestro hombre en la La Habana” hace unos treinta años y casi me había olvidado de la trama, pero la lectura de su artículo me la ha traído a la memoria. Recuerdo que el personaje, un vendedor de aspiradoras aprendiz de espía, enviaba a Londres planos de las aspiradoras haciéndolos pasar por bombas (por cierto esto me recuerda cierto juicio). En Londres eran recibidos como si realmente de planos de bombas se tratara.
Pero, coño, ahora descubro que el amigo Le Carre le plagió la idea a Greene y, en “El sastre de Panamá”, su personaje es un sastre metido a espía que, al igual que el vendedor de aspiradoras, se inventaba informes que también eran creídos en Londres.

Su artículo bien, no precisa recensión.

ártabro dijo...

Foca, si lleva usted el Zaragozano, ¿podría decirme cómo estará el tiempo la próxima semana?

TheoSarapo dijo...

Artabro, todo lo que quiero me resulta odioso. Es cierto.


Greene me atrae por otras razones. Su biografía, las entrevistas. Y alguna novela leída hace tiempo.

TheoSarapo dijo...

Foca, me sumo al comentario de Chema.

¿A qué nombre se refiere usted?

Caín dijo...

Desde las lejanas tierras artábricas queda constituida la Gran Orden en Defensa de la Novela.¡Caiga sobre los detractores de tamaña maravilla terribles tormentos!

Sarapo, discúlpate que a Artabro y Furtivo (entre otros) se les ve dolidos de verdad con el tema y exigen una rectificación.

chema dijo...

Yo estoy leyendo una novela a la que le han dado un premio el otro día, "Mauricio o las elecciones primarias."

alberto dijo...

Rojas Marcos es un impresentable. Pero más lamentable es su hermano Alejandro.
Busquen declaraciones del gran político andalucista. No se puede ser mas tonto.

lafoca dijo...

No entendía el comentario de Artabro y mire usted por donde existe una cosa que se llama el calendario zaragozano. ¡Qué de culturilla aprendo aquí!

Querido JJMJ: Si usted reserva a nombre de Paula García de la Calle, no se preocupe por mí que seré capaz de convencer al maitre de que así me llamo y, añado, en el improbable caso de que me pidiese la documentación, incluso se convencería por sí mismo.

sarapo dijo...

Creía que era Gómez de la Calle...

sarapo dijo...

LRM es un personaje patético.

lafoca dijo...

Jesús de Ignacio, del que nunca había oído hablar y que debe de ser ciutadanista de pro, escribe un comentario en el blog de Joaquín Leguina tendiéndole la mano para que se apunte al partido de Espada. ¿Se trata de hacer un partido nuevo o de ir recogiendo vacas sagradas?


Me voy de manifa.

lafoca dijo...

Sarapo, no se preocupe por la G., no la suelo usar -)

ch dijo...

A la Manifa. Convocada, entre otros, por PP e IU.

devisita dijo...

Extraña pareja la de la manifestación.

catalino dijo...

En la puesta de largo de C’s en Madrid (martes 20) tenía delante a un varón con el último libro de LRM. (No he sido capaz de hacer una crónica, a mi gusto, para ustedes) Me lo prestan y lo estoy leyendo en diagonal y a saltos. No dice nada. Me suena familiar ese escribir por no callar. Las veces que lo leí en el periódico pensé: ¿¡Y éste ha llegado a ser el Jefe Máximo de PSI de NY?! Ya, casi, sólo respeto y admiro al infante de trinchera que cava, dispara, pela patatas o limpia letrinas sin discursear, protestar, necesitar más utensilios … y lo hace bien, calladito. Son pocos y se les reconoce desde lejos.

devisita dijo...

Libro de autoayuda.Para sacarse un montón de pelas el autor.

Perlas Rojas Marcos dijo...

"La gente, sin apenas excepciones, también dedica bastante energía a presentar una imagen concreta con el fin de verificar que su noción de sí misma es cierta. Valga este ejemplo: está comprobado que personas que quieren proyectar una figura de líder tienden a sentarse a la cabecera de la mesa, mientras que quienes prefieren pasar más inadvertidos escogen sitios más periféricos"

alberto dijo...

olé

Fernando terreiro dijo...

Canción con nombre de mujer Caroline says del viejo Lou. Luego refundido en el Carolina de Paraíso.

Ayer estuve con mi amigo Manolo, que vuelve a Valladolid para quedarse. Mi amigo Manolo se había autoexiliado a un pueblecito de la costa granadina para dedicarse a la literatura. Dejó su trabajo y a escribir. Muchos cuentos, algún premiecillo y ahora está con su primera novela. Manolo se dió cuenta cuando leyó Lord Jim que todo lo que había aprendido en la carrera era superfluo y que Lord Jim, o Conrad en general, era mucho mejor, más sabio y mucho más divertido. Que le había enseñado más que cualquiera de los profesores de su carrera y todos los manuales y la bibliografía recomendada. Manolo dejó su trabajo de psicólogo en la Junta de Castilla y León y se dedicó a escribir. Todavía no sabemos con que resultados.