31 de diciembre de 2006

SILENCIO

Hoy hemos pasado de puntillas por la T4, bajo la niebla. Había bastante gente en la terminal. Pero sobre todo había mucho silencio, mucho silencio. Niebla, silencio y sueño.
Puede que haya que aprender a callar más, que ya dijo Junger que es más profundo el silencio que la palabra. Salen sobrando las palabras, pensaba Cortázar que dejó escrito en Rayuela: ¡Cuántas palabras, cuánta nomenclatura para un mismo desconcierto¡
Un camarero joven, simpático y salsero se quejaba de que la reparación de todo lo destrozado por el atentado de ayer la pagaremos entre todos y que ayer se hizo daño a mucha gente. Se lo contaba a dos neoyorquinos que no daban crédito a lo sucedido. Los de New York le recetaron al camarero ánimo y entusiasmo. Y el camarero dijo que con esa gente nada de nada y que él, cuando quiere animarse, toca las palmas.

29 de diciembre de 2006

Y VIDAL-BENEYTO CONTRA ROSA

No nos equivoquemos de cadáveres


José Vidal-Beneyto

EL PAÍS - Opinión - 29-12-2006
Algunos jóvenes justicieros de hoy, amparados en la impunidad que da el no estar en la memoria que se quiere ajusticiar, y acompañados por la autoridad de algún historiador que por otras razones que las de la edad tampoco está en ella, han emprendido en nuestro diario una insistente campaña de levantamiento de las alfombras franquistas, pero se han equivocado de habitación y de ocupantes. Su fijación fóbica por lo que entonces se llamó el grupo Escorial yerra completamente el tiro, pues Dionisio Ridruejo, Pedro Laín y sus compañeros fueron a partir de 1957 los más seguros valedores de la operación de defascistizar la sociedad civil española, en que nos empeñamos, sin heroísmo pero con determinación, los jóvenes antifranquistas burgueses de entonces. Y quiero decir que lo que representaron los Cursos de Sociología, Ceisa, la Escuela Crítica de Ciencias Sociales y la Fundación Cultural Española, verdadera avanzadilla del saber crítico y de la intelligentsia democrática de los años sesenta, no hubiera sido posible sin Pedro Laín que, como presidente del Patronato Científico y figura emblemática de todas esas operaciones, les dio la legitimidad social que necesitaban y nos ayudó a resistir las agresiones del Gobierno y de la policía.

El profesor Laín, con motivo de los cierres de la escuela, me acompañó en tres ocasiones a la Dirección General de Seguridad y, lo que hoy puede parecer una banalidad administrativa, entonces no lo era. ¿Por qué, pues, en vez de cebarse en los Ridruejo/Laínes, no nos ayudan a sacar los cadáveres de los armarios de nuestra clase dominante? De la de hoy, claro, que es la de siempre. ¿Por qué en vez de obstinarse en la denuncia del conocido falangismo inicial de unos antifranquistas tardíos pero combativos, no se airea el pasado de quienes los antagonizaron en cuanto demócratas? Comenzando por quien dirigió, como responsable del Ministerio de Información de la dictadura, el hostigamiento de que fueron objeto y que hoy sigue codirigiendo nuestros destinos democráticos. A lo mejor así logramos entender por qué los que pedíamos la ruptura y por qué los que nos querían imponer la reforma nos vimos reducidos a la condición de comparsas, más o menos resignados, de la autotransformación del franquismo en lo que hoy tenemos.

26 de diciembre de 2006

AMOR VIENÉS











DR.SIGM FREUD U FRAU

Y ROSA CONTESTO A LAZARO

APROXIMACIONES
Árboles que dejan ver el bosque


ISAAC ROSA

BABELIA - 23-12-2006
El escritor Isaac Rosa contesta a un artículo publicado en Babelia por el profesor José Lázaro en defensa de Pedro Laín Entralgo y recuerda, de nuevo, las depuraciones de docentes universitarios tras el final de la Guerra Civil. El autor de la novela El vano ayer pone en duda que Laín fuera una "víctima del sarampión del momento" al convertirse en un jerarca de Falange.






Una vez más, como advertí en mi artículo Los espinazos curvos de la dictadura (Babelia, 14 de octubre de 2006), "los laínes no nos dejan ver el bosque". Parece una maldición, pero cada vez que alguien opina sobre los intelectuales franquistas, la sola mención de Laín Entralgo (o de Ridruejo o Aranguren) provoca artículos y cartas de partidarios, discípulos y familiares, que desvían el debate inicial. Así ha ocurrido, una vez más, con la respuesta que José Lázaro (Babelia, 9 de diciembre de 2006) da a mi texto, refutando mi afirmación de que Laín se benefició de la depuración franquista sobre los docentes. Sin embargo, aunque el árbol Laín nos tape de nuevo ese impresionante bosque que es la Universidad española desde 1939, tal vez la observación detenida de este espécimen nos acabe diciendo mucho más del bosque, de esa selva que fue la enseñanza española a golpe de depuración y oposición patriótica.

Ante mi comentario sobre los "catedráticos que ocuparon cátedras cuyos titulares legítimos habían sido depurados (como Laín)", Lázaro se dedica a probar cómo el antecesor de Laín en la cátedra de Historia de la Medicina, Eduardo García del Real y Álvarez, no fue en realidad depurado, sino que se jubiló. De entrada, limitar el debate (y basar la exculpación de Laín) a la aclaración de lo sucedido a García del Real es otra forma de esconder el bosque, esta vez tras el tronco seco del viejo catedrático, pues que Laín se beneficiase o no de la represión va más allá de ese episodio, como luego se verá. En segundo lugar, mi afirmación no era una "difamación insidiosa" propia de "almas puras", como sugiere Lázaro. Mi comentario partía de un apunte de Carlos Castilla del Pino (que conoció bien a Laín), reforzado por la inclusión de García del Real en el listado de profesores represaliados que figura en la exposición-homenaje de la Complutense: "La destrucción de la ciencia en España. La depuración de la Universidad de Madrid en la dictadura franquista".

García del Real sí fue sancionado, como demuestra la resolución publicada en el BOE de 3 de septiembre de 1940 -que Lázaro cita sólo en parte-. Allí se ordena que el catedrático "sea rehabilitado en las funciones activas de la enseñanza, pero con la inhabilitación para cargos directivos y de confianza". No fue apartado de su cátedra, pero la demora del expediente hizo que se jubilase antes de poder reincorporarse. Pero más allá de discutir el particular, la polémica abre otra vía: a partir del estudio de estos dos árboles (García del Real y el propio Laín), aprender algo más del bosque a que pertenecían, y cuya visión nos han ocultado momentáneamente

El expediente de depuración de

García del Real dice mucho de cómo fue aquel proceso de "destrucción de la ciencia". Vemos, a partir del mismo, cómo un catedrático a punto de cumplir los setenta años, que no se había significado políticamente y que se presentó voluntariamente ante las nuevas autoridades en cuanto entraron en Madrid, fue sometido a meses de investigación, interrogado, enjuiciado por distintas autoridades que emitieron informe de su conducta (Jefatura de Falange, Ayuntamiento, decano), tuvo que reunir avales personales, y hasta delató a varios "izquierdistas" de su departamento (nombres conocidos y ya exiliados).

Todo ello no bastó: aunque el juez instructor propuso en agosto de 1939 "la readmisión sin imposición de sanción", el expediente quedó congelado durante un año -impidiendo su vuelta a la universidad antes de jubilarse-, y finalmente la dirección general de turno decidió sancionarle con la mencionada inhabilitación. No sabemos qué provocó el recelo de las autoridades, si su perfil de "institucionista convencido", o que su hija hubiese sido "secretaria y amiga personal" de un fiscal republicano.

Pasemos ahora a examinar el otro ejemplar arbóreo, Pedro Laín Entralgo. Comencemos por sus memorias, Descargo de conciencia. En ellas, como señala Lázaro, desvincula su acceso a la cátedra de la depuración de su anterior titular. Supongo que muchos lectores del Descargo -no así Lázaro- tendrán cautela a la hora de dar crédito al relato que de su vida hace Laín. Su trayectoria en guerra y posguerra está narrado con remilgos y piruetas para disculpar su destacado papel en el falangismo triunfante. Se autorretrata como un cándido joven, "falangista sin vocación" víctima del "sarampión del momento" y de una "adolescente ilusión"; un "utopista de la Guerra Civil" que toma las decisiones y asume los compromisos casi por casualidad, desde la "ingenuidad y el desconocimiento", que está en el sitio adecuado y a la hora precisa sin intención. Un Forrest Gump de la guerra española, inocente, bienintencionado, que acude al congreso del partido nazi en Alemania en actitud más turística que militante.

En Descargo de conciencia podemos seguir su llegada a Madrid, con intención de vincularse a la Universidad. Él mismo se presenta como "un mediquillo de manicomio" que "en ningún campo del saber había hecho sus primeras armas". Relata su relación con el catedrático García del Real, el episodio ya referido. Seguimos leyendo y en el siguiente párrafo cuenta Laín: "No quise renunciar, sin embargo, a la docencia universitaria". Y tras tener noticia "de que no se encontraba docente idóneo para explicar la psicología experimental", solicita ser encargado de esa enseñanza, aunque reconoce no haberla impartido nunca.

La disciplina de psicología experimental, para la que según Laín "no se encontraba docente idóneo", estaba en efecto vacante en ese momento, por ausencia de quien desde 1920 se había encargado interinamente de ella: el doctor Cipriano Rodrigo Lavín, cuyo compromiso con la República le condujo al exilio tras la guerra.

Como a tantos profesores y catedráticos, su marcha no impidió la persecución judicial. Fue apartado de la docencia por Orden Ministerial de 25 de noviembre de 1939, declarado incurso en el artículo 171 de la Ley Moyano de 1857 (BOE de 6 de diciembre de 1939).

Algunos argumentarán que el

profesor Rodrigo Lavín no fue expulsado, sino que él mismo dejó la plaza vacía al marcharse. Seguramente le habría traído más cuenta esperar a ver qué ocurría, y no marcharse tan apresuradamente. Habría tenido oportunidad de ver cómo le aplicaban, directamente y no en ausencia, la Ley de Responsabilidades Políticas, y cumplir los doce años y un día de reclusión menor a que fue condenado "en rebeldía" por el Tribunal Especial para la represión de la Masonería y del Comunismo (sumario 470-44), así como la inhabilitación absoluta perpetua, y el posterior embargo de sus bienes.

Pero Laín no ignora a Rodrigo Lavín en su Descargo. En nota a pie apunta, referido a su ocupación de la plaza del docente depurado: "He sabido que por aquellos días todavía andaba por Madrid, semioculto, el último encargado de enseñar esta disciplina: el doctor Rodrigo Lavín (

...). De haberlo sabido entonces, me habría puesto de acuerdo con él antes de recibir el nombramiento". Al huido doctor, perseguido por su compromiso republicano, le habría encantado ponerse "de acuerdo" con uno de los principales jerarcas de Falange.

Sin exigir perdón, sin difamar ni buscar revanchismos, vemos cómo tres historias particulares (la de García del Real, Rodrigo Lavín, y la de Laín como hilo) nos dicen mucho de cómo era la Universidad devastada de 1939, ese bosque que muchos queremos conocer, y donde no hay árboles sagrados, ni siquiera Laín.

24 de diciembre de 2006

DEDICATORIA


Colecciono dedicatorias. Siempre me han llamado la atención. Unas breves líneas al inicio de un libro o de una película de cine. Unas leves líneas que, a menudo, suelen pasar desapercibidas.
La mayoría son una especie de retrato familiar breve, apenas comprensible para el autor y allegados. El autor suele pedir perdón a sus íntimos por el tiempo robado y dedicado a la obra de arte. O enumerar a las personas que le han apoyado en los momentos de fatiga. "A mis amigos catalanes, allende el yermo ibérico", escribía hacia 1980 el psiquiatra vallisoletano Antonio Colodrón. Y Cela, en sus Memorias: " A Marina, mi peto y mi espaldar".
Eficacia y austeridad. Y sencillez.
Alguno, como Culvert Casey, utilizó una dedicatoria como mensaje póstumo: "Con una oscura intuición de lo que hubiera podida ser la dicha". Antes de tomarse una sobredosis de somníferos. Felicidad Blanc, ya viuda de Panero, quiso ver en esa dedicatoria el último aullido del poeta cubano reclamándola a su lado. Lo cuenta ella misma en El Desencanto.
Hay otras bellísimas, relindas, jondas. Me atraen porque con cuatro o cinco palabras son capaces de abarcar una vida. Y dicen mucho. Escribió Espada no sé donde " A mi padre. Que nunca me pidió nada." Y el leonés Julio Llamazares: "A mi madre, que ya es nieve". ¿Cabe mayor precisión poética?
Para la gran mayoría de autores, las dedicatorias son un mero trámite, un estorbo sentimental, excesivo. Se limitan entonces a reseñar alguna cita desganada de algún autor de su gusto. Poca cosa.
A mí me sigue pareciendo muy difícil hacer una buena dedicatoria. Tan difícil como un solo verso. A fin de cuentas, como decía el Domador, muestran el secreto que guardan unas breves palabras enlazadas. O sea, la literatura.







PD. MUCHA FELICIDAD A TODOS LOS QUE HAN ESCRITO O VISITADO ESTA TIERRALIBRE DURANTE ESTE PRIMER AÑO DE EXISTENCIA. DEDICADO QUEDA.

21 de diciembre de 2006

DACALIN


Enrique Rodríguez Cal, alias Dacalín, será homenajeado esta tarde en Avilés como recompensa a su larga carrera pugilística. Dacal abandonó el boxeo hace ya 18 años pero en su tierra se le recuerda con cariño.
En palabras del gran crítico Fernando Vadillo: "era un personaje respetable y respetado por las multitudes adictas a la droga del deporte”.
Era 1972. Era Munich. Era Septiembre Negro. No era un gigante de brea. No era una máquina de picar carne. No meaba hielo. Nunca peleó contra el Bombardero de Detroit. Era un peso minimosca al que privaron de hacer el Servicio Militar por "corto de talla". Fue medalla de bronce en aquellas Olimpiadas. Es más. Fue la única medalla española en aquellas tristes Olimpiadas.
Historia viva de un deporte que agoniza. Dacalín, joder, Dacalín.

19 de diciembre de 2006

DELIBERACION VERSUS DEBATE

Entendemos que un debate es lo que suele realizarse entre representantes de partidos políticos convencionales, de equipos de fútbol rivales o de miembros de religiones diversas que se encuentran para “dialogar”. Es decir, un debate es una presentación de argumentos enfrentados y recursos retóricos contrapuestos con los que se intenta convencer al público asistente, pues cada uno de los que debaten sabe perfectamente que el oponente es tan impermeable a sus argumentos como él mismo lo es a los suyos. Esta convicción mutua se apoya en el hecho de que un debate no pretende conocer de forma más profunda la realidad, sino convencer al público del valor de un sistema cerrado de ideas que ha sido previamente establecido (al servicio de unos determinados intereses del grupo que las defiende, intereses que nunca se harán explícitos en el debate).
Entenderemos aquí por deliberación, en cambio, un diálogo que se afronta con la firme intención de enriquecer y profundizar la propia comprensión de la realidad. Es decir, de modificarla. Esto implica que cada uno de los deliberantes lograrán su propósito en la medida en que consiga librarse de las ideas que tenían al empezar la deliberación y beneficiarse de otras ideas (mejores) que el resto de los deliberantes le habrán ofrecido en el proceso. Así como el debate pretende lograr nuevos partidarios para la causa propia, la deliberación intenta lograr nuevos conocimientos propios gracias a perspectivas ajenas.
A diferencia del debate, la deliberación es un ejercicio psicológicamente muy duro. El debatiente despliega sus mejores artes en la exposición de lo que piensa de las cosas, con la intención de seducir dialécticamente a los espíritus indecisos. Con ello suele pretender el acceso al voto o a la cartera de esos espíritus seducibles, aunque parece ser que algunos creyentes idealistas se conforman, de entrada, con ganar nuevas almas para la causa. Pero, sean las que sean sus motivaciones, el despliegue de sus argumentos siempre supone para el que lo realiza la gratificación narcisista de reafirmar el sistema de creencias con el que él mismo se ha identificado.
La deliberación, en cambio, implica el cuestionamiento de las propias convicciones y la apertura (mental) a perspectivas ajenas. Pero reconocer el propio error y la superioridad de las ideas del oponente es un acto psíquicamente antinatural y doloroso. Tan profunda es la identificación narcisista con la propia perspectiva ideológica que hasta hay algunas mentes simples que se sienten personalmente ofendidas cuando alguien argumenta racionalmente en contra de su creencias.

17 de diciembre de 2006

EL FACTOR HUMANO (XXV)

NAVIDAD (un post de Recién Llegada)

De niña la Navidad empezaba oficialmente cuando ellos llegaban, generalmente un día después de que todos nos diéramos cuenta que, una vez más, aquel año tampoco íbamos a ser ricos. Recuerdo la casa antigua de techos altos de mis abuelos, y los mejores juegos de mi infancia, cuando aún nada funcionaba a pilas, y nos bastaba una manta entre dos sofás para simular una cabaña, o hacíamos una orquesta con los instrumentos de viento que mi abuelo recortaba en trozos de cartón, con la increíble imaginación que sólo él tiene para esas cosas. A mis primos, mayores que yo, les hacían un regalo al inicio de las vacaciones, para que tuvieran tiempo de jugar antes de volver al colegio. El fuerte de los míticos “clícks”, un Ferrari de Burago que había que montar…A mí no me compraban nada. Yo escribía una carta a los Reyes Magos días después de mi cumpleaños y una mañana de Enero el salón amanecía lleno de juguetes recién llegados de Oriente. Con los años mis abuelos se cambiaron de casa, y cada vez fuimos más alrededor de la mesa. Primero vinieron sus novias, luego sus mujeres, y este año lo harán sus hijos. Ya nada es lo mismo. O quizá sí. Yo sigo adorando el pasear por la calle bien envuelta en tres capas de ropa y una bufanda, las luces de mil colores al atardecer, la música que sólo en estas fechas suena cuando entras en cualquier sitio, los escaparates, los árboles gigantes, el espumillón, la cabalgata, saludar al preferido de mis reyes, y las bolas brillantes de color rojo. Adoro el ambiente, la gente…y las flores de Pascua. Ponte el abrigo. Sal a la calle. Abre los ojos. Respira.

15 de diciembre de 2006

¡PINCHA CAMPEON¡





Los pincharratas o pinchas son los seguidores de Estudiantes de La Plata, equipo argentino de fútbol que acaba de proclamarse campeón del torneo Apertura argentino, derrotando en una final épica a los xeneizes de Boca Juniors.
La Plata es la capital de la provincia de Buenos Aires. Una ciudad habitable, concreta, provinciana que vive a la sombre de la gran metrópoli. En la Plata, hubo un dia en que unos profesores se arrancaron a jugar a fútbol con unas camisetas a rayas rojas y blancas. Con los profesores, al poco, se animaron los alumnos, muchos, cada año más y más, estudiantes y Estudiantes.
Los pinchas son un equipo segundón, de mitad de la tabla. Eran. Hasta hace un par de días en que se comieron el tricampeonato de Boca en un alarde de mentalidad ganadora.
Me alegro por ellos. Y me alegro por el Cholo Simeone, su entrenador.Un futbolista que ha sido capaz de combinar la técnica y la garra como pocos. Un futbolista ejemplar, racial. Capaz de pisar a Julen Guerrero en San Mamés y exigirle luego silencio fuera de la cancha. Y capaz de irse del Atleti por un presunto asunto de mujeres que le enfrentó con un delantero que tenía la inteligencia de la ameba.













¡Gracias, Cholo¡
Y gracias a La Bruja Verón, a Alayes, al Principito Sosa, a Mariano Pavone y a Martín Palermo, expincha que abrió el marcador en la final.
Hablamos de fútbol, solo fútbol.






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PD: NUNCA HAY QUE DEJAR DE CREER--CHOLO SIMEONE

13 de diciembre de 2006

IMAGINARIO

Cuando el sueño se va, la radio. Imaginario. Una hora para compartir con todos ustedes. Una voz cálida, femenina y sensual desgrana los contenidos que nos van a hacer pasar un rato agradable, a tí que no duermes.
Locutora, entreteniéndose con el micrófono, enredándose en cada sílaba: primero, una noticia a comentar: un 10% de los españoles ha visitado a un especialista en psiquiatría o psicología durante el año 2006.Me despierto más profundamente. Recibiremos llamadas de los oyentes con problemas psiquiátricos y luego, luego, en la segunda parte, tendremos como invitado a Eduardo Punset, que nos hablará de su maravilloso libro EL ALMA ESTA EN EL CEREBRO. La mujer se ufana con el rebullir de Punset al otro lado del hilo.
Llaman los oyentes, primera parte. Vamos a ello, ¡amigos¡ dice entre seductora y coquetuela. ¡Hola¡ llamo desde Bu..os. ¡Nos llama Juan desde Burgos¡ y el otro, ¡que no¡ ¡que no¡ ¡Desde Burdeos¡ Ah¡ parece extrañarse la locutora de que la escuchen los franceses. La locutora ¡desde Burdeos¡
Juan es un psicótico crónico, con lenguaje pobre en variedad de palabras, tono cheli y desconectado, pero con brío.Me quise suicidar varias veces... Le prohíben dar nombres de medicación dura, muy dura, me dejaba tirado, sin poder caminar, pero me curé. Ahora ya sé que La vida consiste en volver a encontrar el interruptor si te has desconectado.Y así voy tirando..Juan, años de enfermedad...
¡Adiós y gracias, Juan¡
Caen sin tregua testimonios verité, gente muy al borde de la ruptura: padres de hijos con problemas de conducta, hiperactivos para los neurólogos que se atreven a tratar la conducta humana, suicidas persistentes, mal de amores. Cuando habla el penúltimo depresivo, recién curadas sus muñecas de los últimos cortes, que lleva varios días sin dormir, a la locutora se le han ido el fuelle y las ganas de broma sobrepasada por el aluvión de llamadas. La vida ha entrado por el éter como una ola gigante, un tsunami de dolores pensaría luego entrevelado. La mujer no puede y empieza a pedir las llamadas de expertos a los que derivar el sufrimiento humano, demasiado humano. ¡Y empiezan a llamar profesionales¡ Psicólogos, médicos, psiquiatras.... Y me preguntaba qué será de ellos, que será de esos pacientes insomnes, porque pasaron a comunicarse entre bastidores, tras las líneas y las antenas y dejé de oirles ¿qué les dirán? ¿serán meros publicitadores de consultorios privados? ¿habrá gente que ayude de buena fe? ¿se ayudarán mejor los pacientes entre sí , sin necesidad de expertos? Mi descreimiento carvalhiano del oficio tiembla cuando oigo la algarabía y el alivio de algunos de los contertulios. Aprovechó la locutora para irse de allí con sigilo.
¡Ah¡ por fin, la segunda parte del programa, a solas con Eduardo. Todo para ella. Todo por un sueño. ¡Qué libro tan maravilloso, Eduardo¡ ¡Y qué título¡ Lo bueno de Punset es que dice las cosas claras y simples. Ayer noche, dijo que acababa de llegar de Bestan (Boston)de entrevistar a unos científicos, que el título de su libro se lo debía a un tal Thomas Willis, frailecillo inglés del Siglo XVIII y que el cerebro ¡era una maravilla de tal calibre¡ Dijo Punset que de esa maravilla salían los seres humanos divididos en pinochetistas o antipinochetistas. Algo así. ¡Y yo ya me indigné¡ Y apagué la radio. Pensaba justamente en la frase que mejor había funcionado aquella noche, el madero al que varios cofrades se ataron para seguir resistiendo los cantos de las sirenas: el interruptor de Juan, desde Burdeos. Escondido entre las redes de Punset.





PD.



RADIO 1: Sigue, realizado desde Barcelona, de 01.00 a 03.00 horas, Silvia Tarragona con IMAGINARIO, toda una invitación a la evocación nocturna y a la participación de cuantos se quieran sumar al tren de la imaginación, las sugerencias o las propuestas para lograr cada día un mundo mejor

11 de diciembre de 2006

PEDIR PERDON, AUNQUE SEA POSTUMO

APROXIMACIONES
Pedir perdón, aunque sea póstumo


JOSÉ LÁZARO

BABELIA - 09-12-2006
Es asombrosa la cantidad de almas puras que están últimamente obsesionadas por conseguir que alguien les pida perdón por algo. A ser posible, por algo que sea cierto. Y, a ser posible, con examen de conciencia, dolor de los pecados y propósito de la enmienda. Pero si no es posible, da lo mismo: lo importante es que pidan perdón. Que lo pidan (aunque sea de forma póstuma) hasta los muertos.

Tan preocupante manía hizo que resultase muy oportuno el artículo en el que Santos Juliá (EL PAÍS, Babelia, 14 de octubre de 2006) sostenía que la trayectoria de los intelectuales que apoyaron inicialmente el franquismo y se apartaron más tarde de él debe ser analizada recurriendo a una investigación que permita "conocer [el pasado] en lo que fue y tal como fue", desconfiando del moralismo de los acusadores y de los testimonios autobiográficos de los acusados. Y añadía: "Ese empacho de moralismo, esa proclividad a juzgar conductas políticas por intenciones morales, es la misma nube que nubla la vista a tanto aficionado a lanzarse sobre el pasado de nuestros fascistas, nacionalsindicalistas o católicos de camisa azul para exigirles que confiesen su culpa".

En el mismo número de Babelia, Sánchez Ron daba cuenta de la aparición del libro de Jaume Claret Miranda sobre el "atroz desmoche" (la expresión es de Laín Entralgo) con que fueron depuradas las universidades españolas en torno a 1940. El libro en cuestión documenta la profundidad del daño que la barbarie franquista hizo a la universidad española.

En un tercer artículo, Andrés
Trapiello señalaba que "cuando Tovar o Laín se apartaron de la Victoria que se lo dio todo, habían pasado ya muchos años". Pero la aportación más original de aquel número de Babelia fue la del novelista Isaac Rosa, el cual (empleando, seguramente, el rigor historiográfico y la consulta de fuentes primarias que con razón preconizan Juliá y Sánchez Ron) fustigaba a los "catedráticos que ocuparon cátedras cuyos titulares legítimos habían sido depurados (como Laín)". Y esta notable aportación historiográfica cambia radicalmente lo que hasta ahora pensábamos quienes nos interesamos por la obra científico-médica de Laín (y por su biografía, en la medida en que contribuye a explicar su obra).

El descubrimiento de Isaac Rosa se opone completamente a la versión del asunto que aparece en Descargo de conciencia. Laín Entralgo confesó allí, de forma detallada, que al entrar en Madrid con las tropas victoriosas, en 1939, ya traía la firme idea de acceder a la cátedra de Historia de la Medicina que por entonces regentaba Eduardo García del Real. Utilizando sus influencias, Laín comunicó al decano de la facultad que le interesaba "recibir un nombramiento de ayudante y, si el catedrático me lo aceptaba, dar alguna lección a los alumnos". La respuesta que recibió (según relata con su característica retórica anticuada) fue que "el camastrón -el infeliz, más bien- de don Eduardo, no recibió con buen ánimo mi módica demanda. Lo comprendo. Había sido socialista, supo que yo venía de Burgos, y debió de pensar así: 'Este sujeto será un pescador a río revuelto que quiere entrar en mi casa, para a continuación echarme de ella'. La verdad es que en aquellos tiempos no era muy disparatada tal composición de lugar. No quise sacarle de su error, y por el momento desistí de esa pretensión mía. Después de todo, en 1940 iba a jubilarse, y era preferible que el hombre lo hiciese a su gusto". Y en nota a pie de página añade Laín: "Algo después, mi amiga la doctora Giménez Cacho me presentó a don Eduardo. Hicimos excelente relación; y tan pronto como se convenció de que para él yo era 'persona tratable', más de una vez pude gozar de su verboso ingenio".

La absoluta disparidad entre esta vieja versión de Laín y el reciente descubrimiento de Isaac Rosa requiere una comprobación. En los archivos de la Universidad Complutense y en el Archivo General de la Administración (Alcalá) se puede constatar que Eduardo García del Real y Álvarez de Mijares (que fue abuelo de Carlos y Francisco Bustelo) nació el 1 de marzo de 1870. El 13 de abril de 1939, dentro del obligatorio expediente de depuración, redactó de puño y letra y firmó un oficio en el que confesó haber pertenecido hasta mayo de 1934 al partido socialista, afirmó que "no ha ocupado ningún puesto directivo, ni político", que "nunca ha pertenecido a la masonería" y manifestó su deseo de permanecer en la cátedra de Historia Crítica de la Medicina.

Entre los diversos informes que figuran en su expediente (de abril a junio de 1936) los representantes de Falange, de la Policía madrileña y de la Facultad de Medicina testimonian que, efectivamente, en 1934 se había dado de baja en el partido socialista, que no había actuado posteriormente en política y que durante la República solía decir que la derecha estaba pagando las tonterías que había hecho y la izquierda tendría que pagar las tonterías que estaba haciendo.

El instructor del expediente dictaminó que de los antecedentes de García del Real "se deduce un cierto liberalismo" (que el encausado explicó como el sentido de la libertad propio del catolicismo que profesaba, explicación que le fue aceptada). Pero que estaba claro "que su actuación pública anterior al Movimiento Nacional se caracterizó por su españolismo y distanciamiento de los izquierdistas antinacionales", por lo que decidió "proponer la readmisión sin imposición de sanción de don Eduardo García del Real, catedrático de Historia de la Medicina". Concluido el proceso, la resolución fue publicada en el BOE el 3 de septiembre de 1940. Seis meses antes (el 1 de marzo), García del Real había cumplido 70 años y se había jubilado. En los archivos de la Complutense consta que cobró su última nómina como catedrático en marzo de 1940. La oposición en que Laín ganó la cátedra vacante se celebró dos años después, a finales de 1942.

A partir de ese momento, Laín
realizó una obra ensayística y mantuvo unas posturas políticas que siguen siendo polémicas: unos admiten sus tardías afirmaciones de que los errores políticos que cometió tenían nobles intenciones; otros piensan que sus esfuerzos por flexibilizar el franquismo desde dentro no pasaron de ser un parche acomodaticio carente del valor (y de las consecuencias) que tuvo la rebelión de Ridruejo. El debate es difícil de objetivar. Pero lo que nadie discute es que desde su cátedra universitaria Laín profesionalizó por primera vez en España las Humanidades Médicas y realizó dentro de estas disciplinas una obra teórica de gran amplitud que alcanzó el máximo prestigio nacional e internacional. Y, teniendo en cuenta que esa obra académica iba destinada a un reducido grupo de especialistas, y que del resto de sus actividades podría haber obtenido muchas más gratificaciones sociales y económicas, habría que preguntarse por qué dedicó a la investigación histórico-médica tantos miles de horas y tantos cientos de páginas un hombre al que "la Victoria se lo había dado todo".

La "guerra de las esquelas" a la
que estamos asistiendo, así como la afición a tirarse las listas de muertos a la cabeza, están resultando tan estériles como dañinas. Y a ellas se añaden las informaciones que sustituyen la investigación rigurosa por la difamación insidiosa. La Guerra Civil española, como otros conflictos semejantes que provocan una brusca crisis social desastrosa, podría ser una excelente ocasión para analizar la forma en que el fanatismo suele convertir al grupo rival en enemigo absoluto a exterminar; para estudiar la facilidad con que se destruye la frágil capa de la civilización y se desencadena la bestia humana; para comprender mejor la forma en que en ese tipo de conflictos se mezclan las convicciones ideológicas, los intereses particulares, las obligaciones familiares y los rencores personales o sociales; para explorar la similitud de los procesos psicológicos que empujan a la barbarie a los "hunos" y a los "hotros" (Unamuno). Pero para eso sería necesario analizar racionalmente los mecanismos psicosociales comunes que empujan a los "hunos" y a los "hotros" a crímenes similares justificados por ideologías opuestas. Y eso es mucho más difícil que seguir creyendo firmemente en la propia ideología y denunciando, con razón o sin ella, a los que en su día creyeron en la contraria. Aunque también es mucho menos ridículo que exigirles a los unos y a los otros que pidan cristianamente perdón.

10 de diciembre de 2006

EL FACTOR HUMANO (XXIV)


8 de diciembre de 2006

EL VALS DE LAS VELAS

Hoy, releyendo, en uno de los largos ratos en que me cuesta decir nada y soy incapaz de escribir, a la mitad de una frase, una mujer reconocía que cuando enmudecía, para recuperarse debía retirarse unas horas, unos días, unas semanas...para seguir adelante
Va a ser eso, pienso, mientras desde el oído se me acerca esa tonadilla que los músicos tocan al salir o al volver de una larga gira. El vals de las velas. El viento en las velas. Va a ser eso. Velas y viento.

6 de diciembre de 2006

ENTRE PELIRROJAS





@ Reconozco que María Vela Zanetti me supera. Ya espero callado que esta columnista de YO DONA publique un libro con todos sus saberes sobre la elegancia. Podría ser la manera de que empezase a enterarme de una vaina. Tan pronto me pone a parir a Catherine Zeta Jones como se pierde entre la ropa interior de Segolene Royal como reaparece para revitalizar la depauperada imagen de Eva Hache. Pero su admiración por Tilda Swinton no la entiendo. Tilda Swinton. ¿Saben ustedes quién es Tilda Swinton? Pues yo tampoco. Bueno, sí. La ví en una película titulada ORLANDO, basada en la obra de Virginia Woolf. Como tantas. Bueno, pues a juicio de María Vela, la señorita Swinton es una de las mujeres más elegantes de la fiesta. Le ruega que no cambie pero sobre todo que no se tiña. La Swinton es pelirroja intensa y natural y eso a la Vela le hace tilín. Yo, ya digo, no lo entiendo. Salvo que las prefiera pelirrojas porque parece que aguantan menos el dolor...¡Cuánto nos gusta sufrir¡


@Félix Pérez Romera tiene un excelente blog titulado LAS PALABRAS DE LA TRIBU (romera. blogspot.com). Muy divertido. Cuenta que el joven líder de Ciutadans-Partido de la Ciudadanía, Albert Rivera, está pasando unos días difíciles después de haberse sabido de su pasada militancia en el Partido Popular. Corre incluso el rumor de que por ese motivo ha presentado su dimisión a dos personas significadas del partido: el catedrático Francesc de Carreras, miembro del grupo fundador, y el diputado José Domingo, número dos de la lista en el Parlamento catalán.
«He escuchado que este sábado Rivera presentó su dimisión a Carreras y a Domingo».
Y un guasón le ha respondido:
«¿Y no se la ha presentado también a Pavarotti?».

4 de diciembre de 2006

UN HOMBRE DE PALABRA



El sábado por la mañana conocí a Inma Monsó. Sabía de su existencia por un compañero barcelonés que todo lo lee. Y porque el Padre Espada la libró de las penas del infierno el otro martes al citarla en una de sus columnas jónicodóricocorintias.
Inma Monsó tiene 47 años y una hija, una niña china adoptada. Inma Monsó es viuda desde hace 3 años. Desde 2003, el año en que murió el hombre con el que compartía su vida, el Cometa. Desde entonces no ha dejado de escribir ni un solo día. Un solo libro. El libro de su vida con su Cometa, con un hombre de palabra
Como me gustó y yo no tenía plan me la llevé a casa y seguimos hablando. Le había costado mucho llevar a cabo el proyecto pero sentía que con la escritura había vencido a la Muerte. «Tenía la necesidad de dejar testimonio sobre aquella persona. No quería que se me escapara un solo detalle ni siquiera del día de duelo», me explicaba.
En su libro está la Muerte, ese tabú de la sociedad occidental: «La gente la intenta eludir y eso la hace más dolorosa». Está la Medicina actual: tecnificada, pero de «una deshumanización profiláctica» que te amarga los días.
Le pregunté si había novela en esta biografía sentimental y me contestó que no había nada inventado, que no podía engañar así a su hija y las amistades cercanas.
Luego quise saber cómo había sucedido todo y me contó que después de treinta años sin ir al médico el Cometa fue tocado por un cáncer. Un dolor «incandescente» le sumió en el laberinto de las biopsias. Imma Monsó aprendió a saborear cada minuto de vida en pareja. Fue un día de invierno. después de una retahila de pruebas radiológicas. Llovía a cántaros en el Tibidabo y muchas personas acarreaban grandes sobres que parecían anticipar sentencias de muerte. El suyo revelaba que no se había encontrado ninguna anomalía... Horas después llegó la muerte en forma de infarto.
Le conté a Inma que una escritora americana apellidada Didion había contado algo parecido en un libro titulado EL AÑO DEL PENSAMIENTO MÁGICO. Lo sabía, me dijo, pero ella nunca conoció al Cometa.
Asentí convencido. Antes de despedirnos, hice una llamada al Señor del Gran Poder para ver si podríamos tener otra vez esta conversación en público y en primavera y el Señor, con voz de trueno, me dijo “Traedla, coño, traedla”.









PRIMER PARRAFO DEL LIBRO


Ya no recuerdo cómo era antes de conocerle. Sólo sé que yo andaba de un lado para otro con mis huevos, en busca de un lugar donde guardarlos todos, porque detestaba la idea de ponerlos en recipientes distintos, de separarlos. Un único cesto, quería yo. Y cuando conocí al Cometa, tras un duro aprendizaje sentimental, conseguí este gran objetivo. El Gran Objetivo. Inquietud, calor, cerebro, ternura, confort... Complicidad y polémica. Pasión y compasión... El sereno fuego de la chimenea y la aventura turbadora, todo en la misma mirada. Amistad profunda y eros salvaje, todo en el mismo nido. Las noches estrelladas y ardientes y el sofá de lectura mientras la pipa reposa en la mesilla, todo en el mismo escenario. Las tormentas de verano y la niebla amiga, todo en el mismo paisaje. No tenía que moverme. No tenía por qué. No tenía adónde. Todo estaba ahí, en un reducido espacio, a mi alcance.

3 de diciembre de 2006

EL FACTOR HUMANO (XXIII)

1 de diciembre de 2006

ROJOS Y GRACIAS

Pese a que sé casi todo sobre su historia y sobre su madre nunca he podido adivinar qué piensa de la vida. Un intelectual, de los de insultar con desprecio, con ira. Tampoco he podido saber con certeza a quién vota pese a haber sido militante activo del PSOE. Ahora que se le avecina la jubilación- lleva años amenazando- hablo con él a menudo. Un poco con miedo porque hace meses me confesó que vota a Izquierda Unida y yo que no me lo creo y menos cuando me dice que de su casa salen cinco votos para Izquierda Unida cada vez que hay elecciones.
Anteayer me llamó para decir que quería hablar conmigo. Hablamos. Otra conversación. Un pequeño problema de salud que un amigo cirujano resolvió sobre la marcha. Me había recortado el artículo de Elvira Lindo sobre los progres. Este miércoles en la última de El País.Los progres. Los denostados progres no están dispuestos a renunciar a todo. No están dispuestos a seguir rindiéndose. Y al final de la tarde, cuando los últimos rayos de sol le iluminaban la cara, me lo dijo: "Mira, yo le perdono al PSOE lo del GAL porque ahora que no nos oye nadie, el mejor terrorista es el terrorista muerto pero lo que nunca he podido superar fue lo de la corrupción".
Me lo dijo y cayó callado. Una ráfaga al aire y a mi curiosidad. Una revelación.
Y luego, rumiando:Los progres. Los fachas. Los ciudadanos. La corrupción. La mentira. Los beneficios desmesurados de las empresas. Los valores. La caída de los valores personales. El dinero ganado de cualquier modo y manera.
Me fui quedando solo. Empecé a rascarme la cabeza. A rascarme la calva, que me dice Fernández. Cada vez más solo. Pedí el postre. Un ciudadano apellidado Boswell que ha escrito la mejor biografía de un médico jamás pensada. Y esta cosa: "uno todavía es rojo porque piensa que todo el mundo debe tener las mismas posibilidades de dejar de ser tonto. Aunque algunos se empecinen en la tontería bajo el manto de la inmaculada izquierda".
Y doy gracias: a quien hace unas horas colgó el poema de Gamoneda sobre el río de mi vida.
Y a quién me regaló un IPOD.









PD.
Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.Esto era el destino:llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.

Antonio Gamoneda (Libro del frío, 1992)