Hace casi dos años que la literatura erótica en castellano empezó a morir. Luis García Berlanga, ese gran erotómano que tiene la barba amarilla de tanto comer coños, inició el proceso de liquidación del asunto. En el año 2003 se concedió el XXV
Premio La Sonrisa Vertical de literatura erótica al libro "Llámalo deseo" de Jose Luis Pérez del Corral. No ha habido más ediciones del premio.García Berlanga era el director de esa colección que editaba Tusquets con sumo gusto. La editorial y Berlanga dieron las siguientes y taxativas razones para clausurar el Premio:
1) la expresión literaria del erotismo ha ido gradualmente asimilándose a la narrativa general y se ha integrado, de un modo natural, en colecciones literarias no acotadas específicamente al género erótico; y
2) la mayoría de las obras premiadas en La Sonrisa Vertical han recibido, salvo en contadas ocasiones, escasa atención por parte de la Crítica, atención que actualmente ésta les dedicaría de haber sido publicadas en colecciones no especializadas.
Se puede estar o no de acuerdo pero el caso es que ya llevamos dos años sin premio a la mejor sonrisa vertical.
Sea como fuere, muchos e ilustres fueron los escritores que frecuentaron esa colección y ese género. Quiero pensar que las razones esgrimidas por Beatriz de Moura y Berlanga son acertadas. Quiero pensarlo porque desde que desapareció el Premio yo no he vuelto a leer literatura erótica. Quiero pensar que el género ha desaparecido subsumido en otros. No quiero pensar que el creciente conservadurismo social haya podido hacer el resto. No quiero pensarlo. No quiero pensar...
Un día de éstos, repasando bitácoras de actualidad me encontré con que una de ellas otorgaba un premio al mejor relato erótico sobre la mujer. La bitácora se llama CONFESIONES DE BACO y el autor, Jose. No es lo mismo, no es lo mismo. De todas formas comparé la fuerza narrativa con el último Premio Sonrisa que leí. Aquel inmenso "Espera, ponte así" del gran Andreu Martín (2001). ¡Quiá¡
¡Aprendices¡
Tú me lo pedisteAutor: José (Baco)
Publicado en: Confesiones de Baco
Me dijiste que lo hiciera aquella tarde, y tras el café en el bar, al borde de la playa, tras el paseo notando la fina arena bajo nuestros pies, tras hablar de cientos de cosas, ninguna de ellas importante, fuimos al hotel. Y allí, en aquella cama enorme, te tumbaste, tan solo tapada por la blanca toalla que sirvió para secarte después de la ducha.
Pronto tus brazos estaban atados, por tus muñecas, al grueso cabezal de madera de nogal con suaves pañuelos de seda. Y tus piernas, de blanca piel, abiertas, permanecían anudadas a la parte inferior de la cama. Yo, de pie, a tu lado, despedía tus hermosos ojos de brillante mirada cubriéndolos con un bonito pañuelo negro.
A partir de ese momento, desconocías donde estaba, que hacia y que pretendía hacer.
Mis labios te sorprendían acariciando tu precioso cuello y a los pocos segundos, mi lengua jugaba a recorrer la parte interior de uno de tus muslos mientras retiraba la toalla para contemplarte bella e indefensa, atada a la cama sin otra posibilidad que sucumbir ante mi.
Ahora en la parte interna de tu muñeca fundía mis labios en un tórrido beso. Y mis dedos suaves y lentos, descendían desde el cuello, pasando por el hombro y deslizándose a lo largo de todo tu brazo.
Desaparecía de tus sentidos, para volver a aparecer de pronto, penetrando mi lengua entre los dedos de tus sensuales pies. Mis manos presionaban la planta de ellos con suavidad, notando como se relajaban entre mis dedos hasta volver a desaparecer para ti.
Y aparecer con pequeños besos, suaves besos de labios calientes, en tus mejillas, en tu frente, en tu cuello, descendiendo lentamente a tu pecho, convirtiéndose en besos húmedos cerca de tus pezones, en la suave piel de tus tetas.
Acariciando con el dorso de mi mano tus caderas, tu cintura y tu ombligo, subiendo lentamente a encontrarme con mi boca, donde tras humedecerme un dedo rozo casi imperceptiblemente con la yema uno de tus pezones que crece instantáneamente. Ahora con las dos manos acariciando muy suavemente tus pezones, que se transforman en duros botones puntiagudos mientras comienzas a moverte, a retorcerte en la cárcel de tus ataduras.
Aparezco en tu boca mientras sigo excitando tus pezones. Mi lengua acaricia la comisura de tus apetitosos labios que entreabres, tienes hambre, suspiras, sigues moviéndote, cada vez más salvajemente, pero estas bien atada. Así que tras penetrar tu boca con mi lengua, presionar tus labios en los míos, y beber de tu saliva, desaparezco por completo.
Tu no lo sabes, solo esperas como un débil animalillo, pero te estoy contemplando, te miro tumbada y completamente desnuda sobre la cama, sensual, erótica, provocativa e indefensa, expuesta a mis deseos.
Y mis deseos son aparecer sin preámbulos con la punta de mi lengua entre los labios de tu vagina, pero suavemente, solo rozándolos, notando como al primer contacto se tensan, se erizan.
Comienzo a lamerlos desde abajo, los dos a un tiempo, el extremo de mi lengua apuntando en el centro, recogiendo así los primeros frutos de nuestro juego mientras asciendo hasta llegar al clítoris donde profundiza mi lengua impregnada ya de tu dulce jugo. Ahora si, tus jadeos anuncian que harás todo lo posible por desatarte, mientras mi lengua presiona tu clítoris, juega a rodearlo y lo golpea suavemente, noto que te tensas, que estiras fuerte intentando romper los pañuelos, pero no lo conseguirás.
Mientras juego entre tus piernas soy consciente que ahora mismo estarás abriendo la boca, deseando lamer, comer, besar, morder, pero solo puedes gemir. Soy consciente que deseas cogerme de la cabeza y apretarla contra ti, pero solo puedes apretar tus muslos alrededor de ella. Y me excito aún más, cada vez más, mientras te bebo por completo. Y me excito más y más sabiendo que deseas que te penetre, y cogerme de la cintura, y besarme, y abrazarme, y sentirme tan a dentro tuyo que te queme. Pero nada de eso puedes hacer, porque estas expuesta mis deseos.
Me dijiste que lo hiciera aquella tarde.