Pronto hará 20 años que murió en Treviso el escritor Goffredo Parise. Parise es un autor poco conocido para el mundo cultural hispano pese a la importancia de su obra en Europa, sobre todo en Italia, su país natal.
Contemporáneo, entre otros, de Calvino y Pasolini, su recuerdo ha ido difuminándose en el tiempo y sólo ha reaparecido en contadas ocasiones. Ahora se recuperan sus ensayos periodísticos en un volumen graciosamente titulado "Cuando la fantasía bailaba el boogie".
Viajero infatigable durante gran parte de su vida, desquiciaba con facilidad a sus críticos y colegas cuando hablaba de la falibilidad de la novela. Parise afirma que la mayoría de las novelas están condenadas a volverse inútiles porque no es fácil que se liberen de la carga del tiempo en que están escritas y en el que viven sus personajes.
Una de sus grandes admiradoras fue la escritora Natalia Ginzburg, editada en España bajo la intercesión de A. Trapiello. Ginzburg nunca soportó a Parise hasta que leyó su cuento AMOR. Desde entonces, Ginzburg comenzó a imitar a Parise hasta calcar su estilo. Ambos tenían muy claro lo que buscaban: el rechazo de la "prosa de arte", de la construcción de tramas y de todo artificio narrativo o retórico, en favor de una parca, despojada y aparentemente errática "imitación de la vida". Nada menos.
Parise conoció la obra de Darwin y estableció en sus ensayos y sus novelas "El Amo"o "El olor de la sangre" un fuerte nexo entre literatura y biología que se traduce en una prosa muy simple y racional. Parise sabía que el hombre también es sentimiento, sentimientos, que deben ser interpretados y descritos como subyugados a la razón. No sentimentalismo.
Esa dependencia y respeto de Parise hacia el CUERPO en la literatura le granjeó una gran distancia con el mundo cultural de su época dominado por grupos de una izquierda que como bien describe Peter Singer se niega a aceptar que "el hombre es un animal evolucionado que lleva en su comportamiento la marca de nuestra herencia".
Parise, con Ginzburg y otros muchos, saben que es posible transformar "una gris realidad en una realidad púrpura" pero que no tiene ningún sentido, como afirman los aranoas de turno "reinventar la realidad". ¿Para qué?
Su mejor obra en castellano es "Silabario" donde pretendió hacer un diccionario personal de los sentimientos. No pudo llegar a la Z. Se quedó en la S, de soledad.
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