3 de agosto de 2006

PALABRAS DE AMOR

22 comentarios:

ch dijo...

Ella me quiso tanto...
Yo la quiero todavia.
Juntos atravesamos
una puerta cerrada.
Ella, como os lo podria decir,
era todo mi mundo entonces,
cuando en el hogar quemaban
solo palabras de amor...
Palabras de amor sencillas y tiernas.
No sabiamos mas, teniamos quince años.
No habiamos tenido demasiado tiempo para aprenderlas,
acababamos de despertar del sueño de los niños.
Teniamos suficiente con tres fases hechas
que habiamos aprendido de antiguos comediantes
de historias de amor, sueño de poetas,
no sabiamos mas, teniamos quince años.
Ella quien sabe donde esta,
ella quien sabe donde anda.
La perdi y nunca mas
he vuelto a encontrarla.
Pero a menudo, al oscurecer,
de lejos me llega una cancion.
Viejas notas, viejos acordes,
viejas palabras de amor.
Palabras de amor sencillas y tiernas...
(J.M. Serrat).

ch dijo...

¡¡Notición!!
Agencias:
'Mabel', el osito de peluche que perteneció a Elvis Presley, ha sido descuartizado por Barney, un perro guardián del museo en el que estaba expuesto en Inglaterra.

lafoca dijo...

Sin ningún respeto: Barney es un hijo de perra.

Caín dijo...

¿Tequi era mi amor? ¿Quién es Tequi?
Si de lo que se trata es de palabras de amor callejeras:

Viva Alí
Viva Agcá
Viva no mais Alá

(Anónimo en un callejón de Lugo)

chema dijo...

Buenos días a todos.
El tiempo:
17ºC. 82% de humedad. Se llegará máxima de 23ºc.

Hoy en "La Voz de Avilés" José Luis Gª Martín:

Perseo y la cesta de frutas.

Sólo cuando estamos enamorados la vida tiene argumento. Por eso la mía es ahora un poco más que un puñado de desvaídas anécdotas
sin sentido, de días iguales y de ficciones para matar el tiempo. Por eso también, siempre que puedo, vuelvo a los lugares en que he sido feliz, consciente de que no volveré a serlo.

Desde la Loggia dei Lanzi, protegido por el alto y rutilante Perseo, miro el ir y venir de los turistas entre las fuentes y palomas de la Piazza della Signoria. Ya he cumplido mi habitual peregrinaje por esta ciudad. He estado en Santa Maria Novella, donde te vi por primera vez antes de verte en uno de los frescos de la Capilla Tornabuoni; he subido los 414 escalones del Campanile; he cruzado el Ponte Vecchio y paseado mis soledades por el jardín de Boboli; me he llegado hasta Santa Croce y en la inacabada capilla Pazzi he escuchado al silencio mientras le rezaba a un Dios que no existe.

Y luego he vuelto aquí, a estos soportales donde se refugian de la incuria del tiempo los más hermosos mármoles, a la espera de que vuelva a ocurrir el milagro. Acabo de comprar una nueva edición del libro que leía entonces, los 'Frammenti di un discorso amoroso', de Roland Barthes. Lo abro al azar y lo primero que encuentro es una canción popular japonesa: «Así es la vida: / caer siete veces / y levantarse ocho».

Yo tenía una edad razonablemente adulta, treinta años, y había venido sólo a Florencia desde la ciudad cercana en que estudiaba entonces. Fatigado y un poco mareado (ansiosamente había querido verlo todo en el menor tiempo posible), me senté a descansar en uno de los escalones de la Loggia. Y entonces vi pasar, airosamente inconfundible, a la doncella que en el 'Nacimiento de San Juan Bautista', de la Capilla Tornabuoni, porta un cesto de frutas. Volvió la cabeza hacia mí, y me pareció que me sonreía. Inmediatamente olvidé mi cansancio y fui tras ella. La ocultó un grupo y yo creí que la había perdido para siempre. Me entró un ataque de pánico, como me ocurre en ocasiones. Pero se me pasó de inmediato. En cuanto la entreví, luminosa, un poco más allá. Corrí hacia ella. Se detuvo extrañada, pero no asustada, y me miró con ojos interrogantes. A mí se me fue de pronto toda mi audacia, me di cuenta del ridículo que estaba haciendo. Habitualmente no soy así de impulsivo, todo lo contrario.

«Perdón, señorita, creo que la he confundido con otra persona», dije yo, ruborizándome, en una mezcla de italiano y español.

«No importa -me respondió en español-, también a mí tu cara me resulta familiar».

«¿Española?»

«No, pero me gusta hablar esa lengua; parece que uno de mis antepasados era un soldado que anduvo por estas tierras en los tiempos del Gran Capitán».

Me quedé callado mirándola, sin saber qué decir; siempre he sido muy tímido con la gente que me gusta. Pero ella, Anna, no era tímida, o no lo fue conmigo. Tomó desde el primer momento las riendas. Me llevó a tomar un refresco a un café cercano, me hizo contarle mi vida, se despidió cuando le pareció conveniente, no sin citarme para el próximo fin de semana. «¿Dónde vives? Dame tu teléfono», me atreví a decirle mientras ella ya se alejaba.

«No te preocupes. Nos vemos a la una, donde hoy, en la Loggia, y luego comemos juntos».

Tenía treinta años, pero muy poca experiencia (casi tan poca como ahora) en determinados asuntos. La semana se me hizo interminable, apenas pude dormir, dudaba entre si todo había sido un sueño o una broma.

La angustia se acentuó la media hora que llegué con adelanto a la Piazza della Signoria, pero a la una en punto -ni un minuto antes, ni un minuto después- apareció ella, la esbelta doncella de la cesta de frutas. Le comenté el parecido y fuimos juntos a ver el fresco de Ghirlandaio. Y la verdad es que no se parecían tanto como yo creía, aunque se daban un aire. Ella era mucho más guapa.

¿Cuántos fueron aquellos encuentros? Menos de media docena. ¿Cuánto duraron cada uno de ellos? Entre dos horas, el primero, y diez el último. No necesito esforzarme para recordar con precisión todos los detalles: hasta podría decir exactamente -ni uno más ni uno menos- el número de besos. Tengo muy buena memoria para lo que de verdad me importa, pero se me olvida todo lo demás.

Sólo en tres o cuatro ocasiones mi vida ha tenido argumento. Esa fue una de ellas. ¿Cómo acabó todo? Un sábado no apareció, ni al siguiente, no volvió a aparecer. Aunque parezca increíble seguía sin darme su dirección ni su teléfono. Ella sí tenía los míos. Pero no se puso en contacto. Luego tuve que volver a España.

La verdad es que lo pasé peor cuando me imaginaba una cosa así (después de cada cita siempre me temía que fuera la última), que cuando ocurrió de verdad. Yo era muy consciente de que no merecía a Anna, que era sólo un milagro, que me dejaría en cuanto se le pasara el capricho. Y yo creí que se le pasaría tras la torpeza de la primera vez (la segunda vez que nos vimos). Siempre supe que yo era menos que nada para un ser así. Pero volvió y volvió y volvió, hasta que decidió no volver más.

También yo estuve un tiempo, mucho tiempo, sin decidirme a volver a Florencia. Ahora vuelvo siempre que puedo, con cualquier pretexto: una edición de Lasso de la Vega, un estudio sobre los años italianos de Jorge Guillén. Vanas excusas para no reconocer ante mí mismo que sólo vengo para detenerme un rato en la Loggia dei Lazi a ver pasar la gente y esperar que vuelva a ocurrir el milagro.

No ha vuelto a ocurrir, quizá no vuelva a ocurrir. Y mi vida no tiene ya más argumento que los que yo mismo me invento. Miro el seductor Perseo. Cuando me encontré con Anna era el mismo bronce que había modelado Cellini. Ahora es sólo una reproducción. ¿Es por eso menos fascinante?

No he vuelto a encontrar a Anna. Pero he creído encontrarla en tantas ocasiones que apenas si he tenido tiempo para desesperarme por su ausencia. No la he encontrado a ella, pero enviadas suyas me han ofrecido el cesto de frutas que llevaba sobre la cabeza. Y nunca he dejado de alargar la mano.

No volvió a ocurrir el milagro. Pero he aprendido algunos trucos de magia que lo fingen muy bien. Con ojos expertos miro a la gente de la Piazza. Entre los apresurados y fatigados turistas, algunos indolentes sucedáneos de Anna o de Perseo. Miro, escojo, pruebo suerte.

Y a veces, no raras veces, la tengo. Inmerecida.

Cuando uno estuvo una vez enamorado, aunque luego no vuelva a estarlo nunca, la vida jamás carece de argumento.

mecanikong dijo...

Ahí vamos.
Foca, no se puede disculpar lo que no tiene disculpa. Doy gracias a diario, aunque algunos días se me olvida, por vivir y saber que vivo en el submundo de los relativamente felices y sin grandes problemas (de Yupi)(de momento).
Hay que volver a Florencia.

sarapo dijo...

Hay que irse a vivir a Florencia.

lafoca dijo...

Dé usted gracias, pero si ha visto más jineteras en La Habana que prostitutas en Madrid, necesita un oftalmólogo.

mecanikong dijo...

No necesito hacer recuento de prostitutas. No hay disculpa ni oculista que valga. No se revuelva.

lafoca dijo...

Si no necesita hacer recuento, si sólo lo dice por decir... pues nada, a mí también me asombró la gran cantidad de asesinatos en plena calle que hay en Suiza... Con dios.

mecanikong dijo...

Caray, no pensé que le gustara tan poco debatir sobre la situación de las prostitutas en un régimen comunista y en otro capitalista.

foca doblegada dijo...

11:00 AM


mecanikong dijo...
No necesito hacer recuento de prostitutas. No hay disculpa ni oculista que valga. No se revuelva.

Es que con esos argumentos me ha vencido.

mecanikong dijo...

Quería decir que lo del recuento, la cantidad, es engañoso. El régimen castrista es esquizofrenógeno. Las carreteras llenas de soflamas muy guapas (Dignidad, Honor, Patria, La Mujer Participa en La Revolución), y la realidad otra muy distinta. Me pareció que la prostitución era algo cotidiano allí, asimilado. No me diga que aquí es así, porque no. No es normal que la hija de uno baraje la prostitución como forma de ganarse la vida. Algo falla, aparte de que sea el oficio más antiguo del mundo.
¿Cuál es la nacionalidad de las prostitutas de Madrid?
Vale, temazo este.

chema dijo...

¿Han visto ustedes la película "Millones"? Es de un niño al que le molan las historias de Santos.
Se la recomiendo a ustedes todos.

asurbanipal dijo...

Para La Foca, de Pirandello, sabiendo le gusta:

"¡No porque les pareciese a ellos, no, sino porque lo han creído¡¡Lo han querido creer¡ Y no hay pruebas contrarias que valgan cuando se quiere creer."
(Cosi, como tu mi voui)
Y es que ellos son así, como tú quieras...

Buen artículo de Espada en EM sobre el tema. Me gustaría tener acceso al artículo de Beatriz de Moura que cita.
¡Foca, ríndete, que somos más¡

chema dijo...

POR ALUSIONES:

Una agonía entrañable

ARCADI ESPADA

El dictador Fidel Castro ha gozado siempre de una completa invulnerabilidad en la prensa europea. En el caso de España a la invulnerabilidad se le ha añadido un amor ciego. Este amor no tiene nada que ver con el dictador ni con el socialismo, ni siquiera con el son cubano. Es un puro amor a nosotros mismos. En cada una de las hilachas de la barba del comandante hay un nudo cano de lo que pudimos y no fuimos. Este ejercicio de autoamor debería darles pudor y vergüenza, pero sólo sienten melancolía, que es una enfermedad muy extendida e incurable de la acción.
Hace años la editora Beatriz de Moura escribió un formidable artículo: Proletarios del mundo, perdonadnos. El título, soberbio, bastaba, y bien podía haberse quedado la caja en blanco; pero la editora iba a más y protagonizaba un brillante ajuste de cuentas con su memoria y la de los ídems: la actitud chic de esas élites que experimentaban el socialismo como un viaje (fuera un trip mental o un viaje veraci a los lujosos balnearios del mar Negro) había contribuido a la prolongación en el tiempo de las dictaduras comunistas. De ahí la petición humilde de perdón.

La supervivencia de Castro tiene explicaciones diversas, pero hay que incluir entre ellas la bonhomía del juicio de la gauche caviar (una denominación, por cierto, que se está arruinando: por supuesto ya no hay gauche, pero es que tampoco caviar), agravada por las excitantes novedades cubanas de estos últimos años: el turismo sexual y los incipientes buenos negocios, sin que, por supuesto, hayan desparecido, como es tradición, el donaire y la gracia, es decir la sonriente vía cubana a la catástrofe.

Ahora que Castro ha enfermado gravemente, el tono entrañable con que se acoge al dictador, su salud y su obra empeora todas las circunstancias: la del adjetivo y la del impudor de los derrotados. Respecto a la prensa, el modelo estilístico es evidente: Tico Medina y la agonía de Franco. En un viejo periódico socialdemócrata titularon ayer en portada que la familia dice que está bien. Y es que un hijo de Castro le había dicho a un empresario que el viejo saldrá y el empresario se lo dijo a un periodista mientras escuchaban boleros. Y de ahí al mundo.

Qué importa la evidencia política de que el dictador haya declarado la muerte secreto de Estado, como declaró la vida. Qué importa cuando todo es tan cubanito sí señores. Un trozo de nosotros se muere con Castro, van a titular un día de estos. Siempre tan previsores, los muy vivos, sufriendo y muriendo por delegación estricta.

(Coda: «Al fin y al cabo, como ha dicho Fidel, el socialismo es la ciencia del ejemplo». Belén Gopegui, EL MUNDO, 3 de agosto de 2006.)

ch dijo...

A su bola:

"Científicos hallan dos 'planetas' sin estrella vagando juntos".

ch dijo...

Se ve que es verano.
En la portada de EM:

"Los bomberos evitan que un joven pierda un dedo por un anillo.
utilizaron una herramienta multiusos con sierra".

lafoca dijo...

Mario Alberto Tagle y Babé, La Habana, Cuba, 1925. Comenzó la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, en el curso 1945-1946, fue compañero, en este primer año de la carrera, del alumno Fidel Castro Ruz, con el que tuvo las relaciones propias de esta circunstancia y, si se quiere, un poco más -llegaron en mismo día y hora a la Universidad- al haber recibido de éste la oferta de que lo acompañara en la candidatura de Los Manicatos, por la que Fidel aspiraba a delegado del aula. Al terminar la invasión perpetrada por Playa Girón fue trasladado, por el Comandante, Narciso Fernández Suárez, Jefe de Personal del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a la Auditoría General y de allí, terminada la instrucción de la causa contra los invasores, fue trasladado al Ministerio de Industrias, creado en 1961, para trabajar a las órdenes directas del Ministro, Comandante, Ernesto Guevara de la Serna. En el Ministerio de Industrias, se desempeñó; primero, como Auxiliar Especial del Ministro y, más tarde, como Jefe del Departamento de Asuntos Especiales, adscrito directamente a éste, teniendo, en ambos cargos, el deber de asistir a los Consejos de Dirección de Ministerio; a las Reuniones Bimestrales; a los Análisis de los Informes de las Empresas Consolidadas e Institutos, Direcciones Provinciales, Viceministerios y sus dependencias; y, de realizar, como un miembro más del Consejo, las visitas quincenales programadas a las fábricas de las empresas del Ministerio y dependencias de sus Institutos, rindiendo, por escrito, el resumen de esas visitas. No menos importante, en su relación personal con el Che, durante todo este período rehusó la participación conjunta en trabajos voluntarios, en particular, en los cortes de cañas y en la emulación especial de la Junta Central de Planificación y el Ministerio de Industrias -perdió Industrias- que se efectuó, durante varios encuentros, en la textilera Camilo Cienfuegos, antes Mayabeque, en la villa habanera de Güines. En noviembre de 1963, el Comandante Guevara lo designa Director de la Empresa Consolidada de Derivados del Cuero -productora, fundamentalmente, de todo el calzado nacional- y, en función de ese cargo, se le envía a Checoslovaquia, país de gran desarrollo de esta industria y en el cual el Ministerio había adquirido, de la firma Kovo, una fábrica completa para la producción de calzado. El 15 de julio, de ese mismo año, fue destituido del cargo de Director de la mencionada Empresa y, tras distintas ubicaciones en el Ministerio de Industrias, fue traslado al Ministerio de la Industria Azucarera, donde se desempeñó como Jefe del Despacho del Ministro, a su destitución, pasó a la Fiscalía General de la República, como Jefe de la Dirección de Control de la Legalidad, más tarde, a la Organización Nacional de Bufetes Colectivos, desempeñándose como Director del Bufete de Abogados de Oficio, del Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana y como miembro del Grupo de Supervisión de la mencionada Organización. Su última actuación jurídica relevante fue la de haber participado, como abogado defensor, en la Causa Especial No.2/89, seguida contra el general de división, José Abrantes Fernández, Ministro del Interior y la cúpula dirigente de ese Ministerio. En 1994, viajó a España, pidió asilo político, que le fue denegado, y se encuentra, actualmente, con permiso de residencia comunitaria en este país.


Como le habrán visto decenas de veces por la calle, la próxima vez, si les interesa saber algo de Cuba, párenle, invítenle a una cerveza y hablen con él.

Tiene mucha razón AE en su artículo, pero eso no tiene nada que ver conque la realidad cubana sea de extrema pobreza y de prostitución cotidiana. Venga, suéltenme más tópicos cubanos.

paco maigo dijo...

No se cita a las jineteras en ningún sitio, tampoco hay balseros en la columna de Arcadi.
Hay una clara denotación de la manera cubana de encaminarse hacia la catástrofe, del autoamor del progre nacional y del daño que causamos a otros.
Y la vida y la muerte, secretos de estado.
¡Qué os den, fidelianos, que os den¡

TheoSarapo dijo...

Bueno, bueno, bueno.
Todavía hablando del pasado.
¡Que estrenamos You tube¡

Bruno dijo...

Siento el retraso

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Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.