15 de mayo de 2006

LO VIMOS HABLAR


El día amaneció soleado en Bilbao.La ría, desde mi hotel en el Paseo del Campo Volantín, traía el color de la tierra. En el Palacio de Congresos y de la Música se clausuraba el 23 Congreso de la AEN, la sociedad científica que agrupa a los profesionales de Salud Mental digamos, por entendernos, más progresistas. La Asociación Española de Neuropsiquiatría nació en 1929 y agrupó durante muchos años a todos los psiquiatras españoles hasta que en 1981 se escindió un grupo de críticos que más tarde fundaría la Sociedad Española de Psiquiatría.
La conferencia de clausura la iba a pronunciar el socio más antiguo de la AEN, Carlos Castilla del Pino.
Hacía tiempo que Carlos Castilla no intervenía en un Congreso Nacional. Había interés en escucharle. Tengo que decir que me quedé una mañana de más en Bilbao solo por escuchar a Castilla. Lo he dicho. Y el maestro, tan dado a torear con el pico de la muleta en las últimas ocasiones, no defraudó.
No se llenó el anfiteatro del Palacio Euskalduna pero sí seríamos unos 400 oyentes quienes durante una hora seguimos el discurso del otrora llamado"psiquiatra rojo".
Ya dijimos que el día tenía sol y que la ría traía aguas turbias.
Don Carlos es capaz de aportar solemnidad a cualquier acto. Su presencia en el Palacio, el habitual corrillo de allegados, conocidos, saludados e incluso puede que algún amigo.Todo ello resulta en un cierto alboroto, un trajín que no suele verse con ningún otro de los conferenciantes.
Castilla viste con una discreta elegancia. Nada afectado ni llamativo. El sábado, elegante traje oscuro, camisa blanca y corbata magenta. Que la plaza era Bilbao.
No dijimos que la AEN agrupa a la mayoría de psicoanalistas, psicoterapeutas y lacanianos que trabajan en la sanidad pública española. Por contraposición a la SEP donde beben los denominados "biologicistas" en sentido lato.
Hace tiempo que los lacanianos evitan a Castilla. Desde que les llamó "charlacanes" en una larga polémica acaecida en El País cuando por la redacción de ese periódico corría un joven Félix Bayón.
Hace menos tiempo que los freudianos esquivan de lado a Castilla, desde que renegó del psicoanálisis como arma terapéutica dejando reducido su impacto a "una herramienta diagnóstica de cierta utilidad".
Hace menos tiempo aún que la antipsiquiatría ignora a Castilla, desde que escribió que "esperaba ver curarse la esquizofrenia de la misma manera que vió desaparecer la tuberculosis con la llegada de la isoniacida".
En el fondo, todos los empresarios, hasta los de las pastillas si me apuran, se las traen tiesas con Castilla porque piensan que el día que se cure la esuizofrenia ellos van a salir sobrando. Y Castilla les asusta recordando como en un año, solo con la isoniacida, desapareció la pudiente industria hostelera que en la sierra del Guadarrama aliviaba los males de los tísicos españoles.
Aún más en el fondo, la batalla es más antigua. Castilla no es un relativista y sabe que hay cosas que se llamen como se llamen no son un cuento chino sino una enfermedad. La esquizofrenia, por ejemplo. Eso lo contó Don Carlos en Bilbao el sábado.
Bajo el título "Historia crítica de la psiquiatría en el Siglo XX" el cordobés expuso de manera amena, cordial y desenfadada temas conocidos que con nuevos arreglos sonaron fantásticos y diferentes.
Sus primeros años en San Roque, la Institución Libre de Enseñanza, su interés por la neuropatología, el Nóbel a Cajal, la Guerra Civil, la llegada a Madrid, los primeros contactos con López Ibor, su tesis doctoral, Córdoba lejana y sola..
El sábado, en Bilbao, aparte de destilar su aromática biografía, Castilla dijo cuatro cosas: que la psiquiatría nació en 1952 con la llegada de la clorpromacina, que uno de los hechos que más se alegra de haber contemplado es la desaparición de los nacionalismos y de las escuelas psiquiátricas nacionales tras la Segunda Guerra Mundial (por dos veces cargó el ponente "contra los nacionalismos"), que uno de los conceptos que más daño ha hecho al ser humano es el de "patriota" y que el que quiera ser un buen psiquiatra debe saber de la soiología y e la linguística y debiera leerse a los clásicos alemanes del primer tercio del Siglo XX y a su maestro Bartolomé Llopis.
¡Ah¡También dijo que la industria farmacéutica hacía favores muy flacos al rigor científico de la disciplina inventando enfermedades como la fobia social. ¡Ah¡ ahí no precisó. Habló de la industria, sin concretar responsabilidades entre los creadores de las enfermedades, que no suelen ser "de la industria".
O sea, con ligeras excepciones, el discurso que desde hace 20 años le vengo viendo a Antonio Colodrón.
Castilla citó a Freud en par de ocasiones. No más. Esto fue así y así lo vimos todos.
Una larga y cerrada ovación con el Auditorio puesto en pie. Unos pocos allegados le acompañaron hasta la salida. Hubo quién le pidió el texto de la conferencia para publicarlo ya. No había texto. Solo unas breves notas perfectamente dibujadas en un par de cuartillas. Como los grandes.


APOSTILLA FINAL:
"Ustedes saben que he escrito mi autobiografía; de hecho he publicado más de mil páginas sobre mi vida. Escribir una autobiografía me ha ayudado mucho a conocerme mejor. Y lo que me queda, al repasar mi vida, es que durante casi toda mi vida he sido, soy-como todos ustedes- y seguiré siendo, psiquiatra."

58 comentarios:

Simón Suerte dijo...

Yo no lo pude ver, y bien que lo siento.

pipurrax dijo...

Con la frase final no es de extrañar que los psiquiatras le aplaudiesen de pie. A los grandes también les gusta agradar.

sarapo dijo...

Pipurrax, la frase final estuvo bien, lo reconozco
Pero Si algo no ha sabido o no ha querido hacer Castilla es "agradar oídos".
La frase yo la tomo en otro sentido.
Castilla siempre ha querido ser escritor. Novelista, más concretamente.
Y en el repaso final, a fuer de ser sinceros, le queda el oficio de psiquiatra y punto. Un oficio que ha despreciado muchas otras veces, casi siempre.

mecanikong dijo...

La frase final es cruda y dura, como muchas partes de su biografía, especialmente las dedicadas a su familia. Ni esposo, ni padre, ni amigo, ni escritor. Psiquiatra.
De jovencito se instruyó en la ciencia con los libros del médico general de su pueblo. "Cuando los médicos generales eran cultos", dijo. Snif. Qué razón tiene.
Gracias Juanjo. Y a usted Catalino, por sus flores sin nombre.

sarapo dijo...

Así lo entendí yo. Todo en Castilla es bastante sumario aunque lo del sábado fue agradable de ver.
Los médicos generales de los que habla Castilla no eran tan frecuentes. Médicos generales que se conocían las Obras Completas de Freud, en la traducción de López Ballesteros auspiciada por Ortega y Gasset. El primer idioma al que se tradujo a Freud.

lafoca dijo...

No conozco nada de la obra de Castilla del Pino, la psiquiatría es un tema que aún no entra en mis preferencias. Pero sí leí en su momento, hace dos años, el discurso de entrada en la RAE que me encantó (aunque eso no es mérito del autor sino más bien mío, que me gustan casi todos los discursos de los académicos entrantes). Y creo recordar que nombra a Freud.

Protactínio dijo...

En mis años mozos (con el título en Bioquímica aún calentito y trabajando en un Hospital Psiquiátrico Infantil: 400 camas) fui miembro de la AENPI (Asociación Nacional de Neuropsiquiatría Infantil). En uno de los congresos (Córdoba, 1982) me dieron un premiete por un trabajo sobre terapia racional de la epilepsía. Lo patrocinaba el Ayuntamiento de Córdoba, a la sazón presidido por Julio Anguita. Lo entregó Castilla del Pino.

(No lo he vuelto a ver. Pero me pareció un gran tipo y la cena fue divertidísima.)

Anónimo dijo...

Foca, le he mandado el discurso.
Cita a Freud 6 veces. Va mejorando.

sarapo dijo...

Don Prota ¿un psiquiátrico infantil de 400 camas?
¿dónde?

Protactínio dijo...

No era el "Fray Berbardino" en Madrid, no crea. Era el Hospital Nacional Psiquiátrico Infantil "La Atalaya", en Ciudad Real. Duró hasta que aparecieron las autonomías y el estado disolvió todo aquello y (supongo) mandaría a cada niño a su CA respectiva. Niños de hasta 18. Muchos paralíticos cerebrales, bastantes caracteriales (algunos enviados por el Tribunal de Menores), Down, Cornelia de Lange, Aicardi, incluso un Lesch-Nyhan... un estupendo muestrario. Yo me dedicaba, esencialmente y aparte de recuento/fórmula/velocidad, a valorar niveles plasmáticos de anticonvulsivantes por EMIT. (Parecido al ELISA, pero en fase homogénea.)

((Grandes años.))

Protactínio dijo...

Rata: "Fray Bernardino", no "Fray Berbardino".

devisita dijo...

Le ha quedado de rechupete el post. Qué lujo. El de castilla del Pino, porque Vd. fue lo vio, lo escuchó y nos lo cuenta.

(Y las croquetas?.)

recién llegada dijo...

Desde la butaca, se le oía exponer sus ideas sin esa falta de respeto que para mi supone el leer una conferencia. No utilizó el ordenador, ni el fondo tras su espalda se llenó de colores, pero con sus palabras viajamos del blanco y negro de la dictadura al arcoiris de la democracia. Y sin banderas. Su frase final, casi llenó mis ojos de lágrimas. Como dice XX yo quiero acabar mi vida diciendo que fui hija, amiga, amante, y quizás madre. Pero me encantaría poder decir que fui psiquiatra, porque en esas diez letras viajan también mi emoción y mis sueños.

devisita dijo...

Protactinio dijo...
Down, Cornelia de Lange, Aicardi, incluso un Lesch-Nyhan... un estupendo muestrario.

¡Cómo son los de ciencias!

(Don Pro: mi marido lleva unas semanas queriendo preguntarle más combinaciones para el Torkay.)

lafoca dijo...

Ya que está por aquí el señor Protactíneo y por si aún no se ha ido, pregunto: en agosto voy a pasar ocho días en la parte de Castilla-La Mancha que aún no conozco, a saber: Ciudad Real, Cuenca y Albacete ¿Alguna recomendación de algo que sea inexcusable ver?

Protactínio dijo...

De visita: el Tokay se está poniendo muy de moda para tomar al acabar la comida. Yo no lo veo ahí, entre otras cosas porque sólo tomo postre líquido. Me gusta mucho, en invierno, con las sopas; me gusta (yo creo que es su perfección) con el foie; nada mal con quesos ligeros, poco maduros o de untar; lo he probado con escabeches (perdiz o codorniz) y le dice muy bien: mucho mejor que los tintos (aunque sean frescos) que con los vinagres van mal (en mi opinión). En fin... y solo. A estas horas, por ejemplo.

(Suele ponerme sentimental. No melancólico: sentimental.)

Anónimo dijo...

El restaurante de Las Pedroñeras, si quiere rascarse el bolsillo. Y para dormir, La Casa de la Luna, en Mota del Cuervo.

Protactínio dijo...

Lafoca: aparte de lo "clásico" (Museo de Arte Abstracto en Cuenca; Plaza de Almagro, cerca de Ciudad Real; Belmonte; alguna bodega sobre la que podría mandarle información si me dice dónde...) son de obligada visita: Las Rejas, en Las Pedroñeras; Mesón de Pincelín, en Almansa; El Fogón, en Albacete capital; y El Corregidor, en Almagro).

sarapo dijo...

Don Prota, el post de mañana nace en las Tierras Raras.

lafoca dijo...

Tomo nota de lo "clásico", que además de clásico imagino gratuito. Las Rejas... sí, ahí va de vez en cuando mi hermana que (foca contando secretos) es inspectora médica en esa su autonomía.

devisita dijo...

Don Pro:
Gracias mil.
Lo del foie ya está.
Ahora lo atacaremos con el escabeche.
ummmm... Viernes pm=Tokay.

chema dijo...

De Castilla solo conozco su autobiografía que recomiendo a todo el mundo.
En cuanto a los comentarios de mecanikong y sarapo sobre cultura y médicos: a los médicos especialistas en medicina de familia/generales/de atención primaria/de cabecera nos queda el consuelo de saber que en comparación con los especialistas hospitalarios sí que somos mucho más cultos, pero de lejos vamos, eso lo sostengo aquí y en cualquier sitio.

mecanikong dijo...

Es más Chema, dijo Don Carlos Castilla del Pino que los más cultos pasaban por ser los pisiquiatras.

chema dijo...

"pasan por ser", eso es.
El médico más culto que conozco es médico general.Para asombro de los puristas ni especialista en medicina de familia.
En realidad se jubiló hace un año. Cuando tenía un rato libre en la consulta sacaba un cuaderno y se ponía a hacer unas integrales o se leía unas páginas de San Agustín que es lo que de verdad le gusta.
En una carpeta con un título propio de un manual de medicina guardaba un libro fotocopiado de Nietzsche.
Hoy se confunde la cultura con haberse leído lo último de Pérez Reverte, saber comentar la filmografía de Coppola y haber ido a una exposición de Tapies. Y así nos va.
Yo, por mi parte, soy inculto y bastante burro.

Hasta mañana a Todos.

Anónimo dijo...

"Lo vimos hablar" hace unos años en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España cuando presentó Teoría de los sentimientos. Con Juanjo. Devisita, ¿cómo era aquello del peregil y las salsas?

Ana dijo...

Soy la usuaria anónima anterior.

devisita dijo...

Con médicos como Vds. sube el nivel. Seguro que se salen del percentil.

Por cierto, Foca, ¿dijo Vd. que estaba estudiando derecho "eclesiástico"?
Y ¿tiene 22 años y una hermana Inspectora Médica en Cuenca?

Pues ya va estando bastante claro...

devisita dijo...

Ana. Ya le echaba en falta.
Vds no se pierden ni una. Tocan todos los palos.

Va a resultar que los más cultos son los matemáticos. Ja.

devisita dijo...

Nada más lejo de mi intención que promocionar a nadie. Pero parece ser que el foco encontró a la foca.
Tremenda quedada la de la foca.

devisita dijo...

Vayan al blog de la foca. Lean y rápidamente regresen a éste.

chema dijo...

Devisita, ya he hecho lo que dice. No entiendo nada. ¿Quién es el foco? ¿Cual es la apouesta foca?
¿Dos blogs? Yo voy por el tercero.
¿Ha caído lafoca en manos de L.N.E.?

lafoca dijo...

Devisita ayer dije que estaba estudiando derecho eclesiástico y hoy no dije que mi hermana trabajase en Cuenca, también dije que tengo 22 años y que mi hermana es inspectora médica ¿Qué es lo que va estando bastante claro? Me tiene en ascuas.

chema dijo...

A mí no me hablen de la Inspección Médica, que me pongo malo.

lafoca dijo...

Chema, el médico culto del que habla es el que ha sustituído R.A?

chema dijo...

Foca:Sí.
Y no digo más.

lafoca dijo...

Mi médico. Le echo de menos.

Anónimo dijo...

COÑO, ¡QUE PENA¡.
TAMPOCO DIGO MÁS.

Ana dijo...

Para que vean que hago los deberes les contaré que he terminado El mito de la educación que, por cierto, no parece un título muy adecuado (una mala traducción, I suppose). Muy bueno: claro, didáctico y, sobre todo, muy entretenido. La autora tiene un gran sentido del humor. Aunque soy profana en la materia, me parece que condensa bien lo que se ha estudiado sobre la crianza de los niños y la socialización, a pesar de que pone en solfa el rigor con que se hacen los estudios y sus interpretaciones interesadas. Sus tesis están por demostrar pero argumenta con gran consistencia y su discurso está muy alejado de lo que yo he leído por ahí sobre educación (que debo reconocer que es muy poco). Claro que este no es un libro que te diga cómo tienes que educar a los niños, seguramente por eso me ha gustado.

sarapo dijo...

The nurture assumption, título original.
Ana, hace un par de años hicimos un intento para traer a Judith Rich Harris a Oviedo. No sé si conservo el mail de respuesta de su manager.
Tiene varias dolencias autoinmunes con afectación cutánea, que empeoran con la luz solar. Apenas sale de casa.
En este momento ignoro si vive.
Me lo paso en grande en los congresos preguntando a los cátedros ¿qué opinan de la obra de Rich Harris?
No la conoce casi nadie. Es mas, les parece inadecuada la pregunta. Un psiquiatra infantil no tiene porqué saber nada de educación de los niños, parecen decir. En fin...


Espero su reseña sobre BESAME MUCHO.Y no se deje presionar por su esposo (en el sentido ideológico, claro)

Ana dijo...

Reciénllegada dijo: "...sin esa falta de respeto que para mi supone el leer una conferencia."

A mí no me parece una falta de respeto pero sí que me causa mucha extrañeza que los escritores -¡precisamente ellos!- lean las conferencias o las presentaciones de sus libros ("nosotros" no leemos y para que nos salga bien "ensayamos"). Aunque lo de la lectura no me parece del todo mal en ocasiones: asistí a una conferencia (leída) de Antonio Muñoz Molina en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo que "me hizo vibrar".

Devisita, sabe que nuestra vida social es comparable a la de una esponja marina, así que las salidas son muy pocas pero escogidas.

pipurrax dijo...

Las esponjas hacen en ocasiones excursiones interesantes

Ana dijo...

Sarapo dijo: "Me lo paso en grande en los congresos preguntando a los cátedros ¿qué opinan de la obra de Rich Harris? No la conoce casi nadie."

Sarapo, ha puesto el dedo en la llaga. Este pasado fin de semana El País Semanal publicó un reportaje sobre el stress infantil. Me gustaría saber lo que piensa Rich Harris sobre lo que se dice en él, aunque después de leer su ensayo me lo puedo imaginar. ¿Realmente un artículo que ha recibido un premio tan importante puede tener tan poca repercusión? Lo poco que he leído (insisto en que es muy poco y menos especializado todavía) parece ser lo de siempre.

En cuanto a Bésame mucho lo dejé aparcado por nuestra amiga Judith, que me gusta bastante más. Tendré que empezarlo de nuevo pero me temo que no es mi estilo ni en la forma ni en el fondo. Y ya sabe que no me dejo presionar por Pablo, solo impresionar.

devisita dijo...

Sólo sé que no sé nada.

lafoca dijo...

Pues nada.

devisita dijo...

Flaco favor cuando jugando a los médicos éstos se inventan enfermedades. Por ejemplo, el síndrome de Sisí: está tan contenta que seguro que le pasa algo malo, se engaña, sufre mucho la pobre, pero lo manifiesta así, de esa forma, pareciendo estar más feliz que un 8.

En medicina me gusta el rigor. Excepto el rigor mortis.

devisita dijo...

Bob Esponja
De lunes a viernes a las 11:00 hrs. y los sábados en D la Re.
En las profundidades del Océano Pacífico en la ciudad de Bikini Bottom vive una esponja marina llamada “ Bob Sponja” quien vive en una piña muy cerca de sus dos inseparables amigos Patrick Star y Sandy Cheeks. Bob siempre se mete en problemas con la intención de ayudar y ser útil a sus amigos y ser eficiente en su trabajo pero a veces no le será fácil.


Hay gente pa´to.

Fernando Terreiro dijo...

Castilla del Pino

como médico. ni idea.

como persona. .

devisita dijo...

Como persona no le gusta, parece.
Cuente, cuente. Somos todo ojos.

lafoca dijo...

Cuente Terreiro, que le leemos. Estoy estudiando otra cosa ya, no vaya a ser que el "eclesiástico" me traiga más líos.

Simón Suerte dijo...

De un pintor me interesan sus cuadros, no si le ponía los cuernos a su mujer. A un escritor lo juzgo por sus libros, no por si fue buen o mal padre. A un psiquiatra por su obra. La de Castilla es sobresaliente. Estamos hablando del más grande psiquiatra español vivo. Por favor, dejemos Salsa Rosa para la Televisión.

mecanikong dijo...

A mí si alguien me interesa, quiero saber todo, incluída su vida personal.
Intento que esa búsqueda de datos biográficos no influya en mi idea sobre la obra como escritor, pintor, o lo que sea. Intento.

mecanikong dijo...

A mí si alguien me interesa, quiero saber todo, incluída su vida personal.
Intento que esa búsqueda de datos biográficos no influya en mi idea sobre la obra como escritor, pintor, o lo que sea. Intento.

Fernando Terreiro dijo...

Por supuesto, Simón. Pero, a parte de que la curiosidad de Mecanikong sea natural, si una persona escribe sus memorias y habla de su vida personal, entonces ésta se convierte en su obra, y la de Castilla en muchos aspectos, como el familiar, es lamentable.

mecanikong dijo...

Dejó claro, a sus 84 años, que casi toda su vida ha sido, es Y SEGUIRÁ SIENDO psiquiatra. Ahí queda eso.

mecanikong dijo...

Corto y pego lo que escribió José Luis García Martín hace casi un año. Disfruten lo que queda de día.

Castilla del Pino, monstruo perfecto

Carlos Castilla del Pino parecía haberlo contado todo de sí mismo en esas dos obras maestras de la literatura autobiográfica que son Pretérito imperfecto (1997) y Casa del Olivo (2004), escritas con una precisión y una veracidad siempre admirables y a ratos casi insoportables. Pero Anna Caballé,
polémica autora de la biografía de Francisco Umbral, estudiosa del género, ha sabido completar el retrato del personaje en el volumen Carlos Castilla del Pino. Cinco conversaciones sobre la psiquiatría, la felicidad, la memoria, los libros... (Península). Es un placer abrir el libro y ponerse a escuchar, con los ojos muy abiertos, a estos dos inteligentes conversadores.
Todo resulta desproporcionado y excepcional en Carlos Castilla del Pino, comenzando por su capacidad de trabajo. Hasta su jubilación los días de su vida seguían el mismo esquema: Me levantaba a las cuatro y media o cinco de la mañana y preparaba las clases y los seminarios. Desayunaba y me duchaba tres horas más tarde; a las ocho y media entraba en el seminario y estaba allí hasta las doce; luego, mis colaboradores y yo tomábamos café en el Cisne Verde, y a los veinte minutos comenzábamos los seminarios en el hospital. A las dos volvía a casa. Dormía sentado en la butaca como diez o quince minutos. Daba la clase de cuatro a cinco a los alumnos. A las seis comenzaba la consulta privada, que la reduje al mínimo porque ya no podía más. Terminaba a las nueve y media de la noche. Y todo esto intercalado con preparar conferencias, escribir libros, prólogos, corregir tesis...
Capacidad de trabajo y obsesión por el orden hasta en los mínimos detalles. Por ejemplo -anota Anna Caballé-, desayuna «invariablemente» tres tostadas con aceite y dos tazas y media de café con leche, hace detallados resúmenes de todos los libros que lee, abre una carpeta a cada persona de interés que conoce y en ella guarda sus impresiones, la correspondencia cruzada...
No sólo como científico ejemplar nos presenta Anna Caballé a Carlos Castilladel Pino. Es también un sabio, alguien que ha cumplido con el precepto de la Epístola moral a Fabio: Iguala con la vida el pensamiento. Castilla del Pino, como su admirado Goethe, habría alcanzado la máxima plenitud y felicidad destinada a los humanos: Desde el 83 he realizado el ideal de mi forma de vida: amar y trabajar, es decir, dos formas de placer.

Pero el lector -sin dejar de admirar al personaje- encuentra algo de desasosegante en su perfección. Anna Caballé no puede dejar de preguntarle por unas declaraciones suyas que escandalizaron a muchos (dijo que le afectó más no obtener una cátedra universitaria que el suicidio de su hija): ¿Es que tu deseo de independencia personal no fue compatible con el hecho de ser padre de siete hijos? De hecho no son roles que puedan conciliarse fácilmente.

La respuesta que da ahora es tan escalofriante como aquellas declaraciones: No, es que no los he conciliado, Anna. He gustado de mis hijos mientras eran pequeños y les veía descubrir cómo andaban, cómo hablaban. Luego, como imaginaba que no respondían a mis pautas, dejaban de interesarme y los dejaba ir. Tener hijos, reconoce, fue un error. Pero tuvo siete, lo cual parece demasiado benévolo calificar como «un error». Y cinco de esos hijos que dejaron prontamente de interesarle y apartó a un lado para que no le distrajeran de su trabajo ni perturbaran su orden inmutable acabaron trágicamente. Tampoco fueron muy felices los hijos de Thomas Mann. Algo que no se nombra / con la palabra azar rige estas cosas, diría Borges. Parece que hay grandes hombres que, como los ogros de los cuentos, necesitan devorar a sus propios hijos.
Atrae y repele Castilla del Pino. Estas conversaciones con Anna Caballé están llenas de observaciones inteligentes, rara es la página en la que no encontramos una reflexión iluminadora: Yo distingo entre cara y rostro. La cara se ve, el rostro se lee, porque el rostro es la cara en movimiento. Con la cara se nace, pero el rostro se hace, y por eso hay que descubrir qué nos dice el rostro de quien tenemos enfrente.

Castilla del Pino quiere llegar a la felicidad desde la sabiduría: Creo que hay que reivindicar -en este mundo actual de sabedores, a veces de sabedores eminentes, pero no de sabios- lo que es la sabiduría: saber quién se es para vivir de acuerdo a sus preferencias, y construirse una vida como hábitat confortable. Es sabio quien consigue amar y ser amado, se apasiona con su quehacer, goza de la amistad leal e inteligente, y de los libros que puede leer una y otra vez, y de la música que no se cansa de oír, y de los cuadros que no cesa de ver... Y aleja y despacha fuera de su mundo lo que considera estúpido, cruel, feo, incluso incómodo. Sabio, luego feliz: nada más (ni nada menos). En otro lugar afirma rotundamente: Yo de las cosas que no tienen remedio no me preocupo.
Quizá ésa sea una buena receta para ser feliz, aunque no todos estén en condiciones de aplicarla, pero no para convertirse en un ser humano que despierte especial simpatía.
Tras leer sus libros, tras leer (casi escuchar) estas conversaciones, a Castilla del Pino sin duda lo admiramos, pero preferimos admirarlo de lejos, casi como a un fenómeno circense. El ser psiquiatra -le dice a Anna Caballé- no es una garantía de sentido común. Eso ponlo así, con letras mayúsculas, ¡porque hay psiquiatras dotados de una inmensa estupidez!

Ninguna estupidez puede encontrarse en Castilla del Pino, pero cuanto más le conocemos (y le admiramos) menos nos habría gustado tenerle como psiquiatra, como amigo íntimo, como padre. Hay bastante de inhumano o -lo que es lo mismo, aunque parezca lo contrario- de demasiado humano en su rígido sentido del orden, en su voluntariosa e implacable perfección.

Ana dijo...

Muy acertado J.L. García Martín.

¿Conocerá Castilla las teorías de Rich Harris? Le vendrían muy bien si necesitase aliviar su conciencia (cosa altamente improbable) como padre. No lo conozco como psquiatra (por razones obvias) pero en las escasas ocasiones que he leído entrevistas en las que habla de su vida familiar me da un repelús...

Simón Suerte dijo...

Admirable como teórico de la psiquiatría, pero abominable como ser humano, ese es el diagnóstico que parece se más acertado para Castilla.

Su actitud vital ante la familia es lamentable, frio y calculador, un auténtico psicópata. Será recordado como psiquiatra, que es en lo que parece querer refugiarse. Sin embargo, trato de juzgarlo por su obra no por su vida.

Aunque en este caso concreto el señor Terreiro tiene razón ha sido el propio Castilla el que ha dado publicidad a esta peculiar forma de entender las relaciones familiares. Casi da la impresión de que se enorgullece de lo que ha hecho, y nos lo muestra como ejemplo de vida virtuosa dedicada al estudio científico.

Si lo hace esperando que lo juzguemos, mi sentencia es tan clara como firme su comportamiento como padre,marido y amigo ha sido sencillamente lamentable.

Ártabro dijo...

Son legión los grandes personajes cuya vida privada deja (o dejó) mucho que desear. A mí, de Castilla del Pino, lo que más me sorprende no es la frialdad con que afronta las relaciones familiares, si no la sinceridad con que lo manifiesta. No alcanzo a comprender por qué revela unos sentimientos íntimos que él sabe que van a provocar airadas reacciones. Podría simplemente guardar silencio sobre los mismos y así cerraría el círculo: reconocido hombre de ciencia, notable escritor y persona ejemplar.
No puedo evitar comparar su caso con el de Rousseau. Éste, en “Las confesiones”, refiere también, con la mayor frialdad, como a sus cinco hijos los enviaba al hospicio conforme iban naciendo. Se los quitaba de encima y nunca más volvía a preocuparse de ellos. Aquella lectura me conmocionó, me dio mucho que pensar, y no es que llegara a la misma conclusión que Raskolnikov; pero llegué a asumir que algunos hombres (pocos), por su extraordinaria inteligencia y capacidad tienen una relación con los sentimientos que no es mensurable con los parámetros del resto de los mortales.