9 de mayo de 2006

DATOS

@ PRIMERO:
Post-Traumatic Stress Reactions Following the March 11, 2004
Terrorist Attacks in a Madrid Community Sample: A Cautionary
Note about the Measurement of Psychological Trauma
Carmelo Vázquez1, Pau Pérez-Sales2, and Georg Matt3
1Universidad Complutense de Madrid
2Hospital La Paz (Madrid) and Grupo de Acción Comunitaria (GAC), Madrid


Estudio español sobre hechos clave de nuestra historia reciente con conclusiones para la orientación de políticas de salud pública.
A disposición de todos en http://www.ucm.es/info/Psi/docs/journal/v9_n1_2006/art61.pdf


Aviso para focas: no hay literatura.



SEGUNDO:REPORTAJE: Euskadi tras la retirada de ETA / 1
La enfermedad de la patria






La castigada sociedad vasca ha creado sus propios mecanismos darwinianos de supervivencia para hacer frente a la violencia ejercida en estas décadas
Los vascos no han salido indemnes de la prueba del terrorismo, pero su percepción de lo ocurrido es diferente según su experiencia de riesgo y su adscripción a uno u otro campo político. Abordar el pasado de silencio y omisiones como terapia necesaria para la regeneración ética de la sociedad tropieza con la buena conciencia de quienes no reconocen una situación de anomalía moral.
JOSÉ LUIS BARBERÍA
EL PAÍS - España - 08-05-2006





No todos los silencios han sido subterfugio de la tibieza
Los indicadores de salud mental son similares a otras zonas de España
El terrorismo ha hecho peor al conjunto de los vascos




La política perderá el dramatismo que ha sacralizado a la causa vascaA medida en que se disipa la nebulosa del miedo y se aleja la sombra amenazante que ha marcado tantas vidas, los vascos empiezan a palparse el desgarro sufrido a lo largo de estas décadas y a reconocer tímidamente el suelo de divisiones y resentimientos librado por la organización terrorista. Pese al suspiro general de alivio, más comedido esta vez, y a la vivificadora brisa de esperanza que ha penetrado en los hogares, el dolor y también el odio continúan humeando entre los escombros anímicos de esta sociedad castigada, dando prueba del enfrentamiento incívico irresuelto. ETA no ha pedido perdón por sus crímenes; ni siquiera ha dicho que su retirada sea definitiva, aunque hay actitudes que muestran que también en ese mundo se aspira a situarse en un plano moral diferente. ¿Cuánto hay de impostura oportunista, de autoengaño y de sinceridad en el militante de Batasuna que en la charla con el periodista en una herriko taberna subraya que, en realidad, él nunca se alegró de los atentados?

Puesto que ningún grupo social puede salir indemne de una prueba traumática de esta naturaleza, un experimento machaconamente aplicado durante más de 30 años, la cuestión es saber hasta qué punto la violencia ha condicionado y perfilado los comportamientos y las ideas de los vascos. Por extraño que resulte, no hay estudio alguno al respecto y eso que el asunto resulta sumamente pertinente porque puede dar la medida de la capacidad y de los plazos necesarios para la regeneración moral, la normalización, de la propia sociedad. ¿Cuánto habrá que esperar hasta que llegue el tiempo del abrazo? ¿Están descartadas para ese encuentro las generaciones adultas? ¿Hará falta otra generación hasta que los vascos puedan mirarse limpiamente a los ojos?

Obviamente, la respuesta la dará el discurrir mismo del proceso, las fórmulas y las formas que se adopten en los tiempos venideros, pero también la propia disposición de la sociedad y de sus instituciones a revisar y analizar lo ocurrido. Hoy por hoy, mientras los damnificados reclaman memoria, dignidad, justicia y preguntan insistentemente por qué ha pasado lo que ha pasado, otros vascos se muestran excitados ante la oportunidad de cerrar el capítulo de esta historia con un acuerdo que sancione la existencia de un conflicto político original en el que subsumir los comportamientos y exonerar las culpas. Estos vascos vienen a proponer un ejercicio de amnesia colectiva, reclaman más generosidad a las víctimas y no creen necesario sacar mayores conclusiones políticas sobre lo sucedido.

"Me temo que nuestra sociedad no va a enfrentarse a su pasado, como tampoco los alemanes de la posguerra, salvando las distancias, fueron capaces de ejercer el duelo", indica el ex consejero de Cultura del Gobierno Vasco, hoy apartado del PNV, Joseba Arregui. "Ellos no pudieron o quisieron enfrentarse al silencio que habían mantenido ante los crímenes y sospecho que tampoco nosotros vamos a preguntarnos por qué hemos mirado para otro lado, por qué no hemos actuado como parte del Estado en el combate contra ETA. Me entristece decirlo, pero creo que la memoria que reclaman las víctimas se quedará en nada ante la buena conciencia del nacionalismo", señala Joseba Arregui.

"Salvad a la sociedad vasca, salvad de la culpa al nacionalismo, preservar su buena conciencia" parece ser la consigna actual del partido que dirige con aire renovador Josu Jon Imaz y lo que explica la promesa de saldar la "deuda moral histórica contraída con las víctimas". Pero como destaca Javier Urquizu, psicólogo e hijo de asesinado, lo cierto es que la tregua ha llegado con un lehendakari interpelado directamente por el medio millar de damnificados vascos que han suscrito la carta de los agravios a las víctimas y que se niegan a posar junto a él ante las cámaras. Por lo mismo, tal y como ha denunciado el ertzaina Teo Santos, la retirada de ETA se ha producido sin que la policía autonómica (más de 7.000 efectivos, una brigada especial antiterrorista de 300 agentes y un nutrido servicio de información) haya practicado en los dos años y medio precedentes la detención de un solo activista. ¿Y cómo disolver la sospecha de que los asesinatos de unos han permitido la permanente victoria política de otros? ¿Cómo desmentir la famosa metáfora del nogal: Unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces?, ¿cómo obviar que el nacionalismo vasco no ha explicado todavía por qué reaccionó ante el asesinato de Miguel Ángel Blanco pactando con ETA en Estella la exclusión de los no nacionalistas que validaba el esquema mental del terrorismo?

Aunque se formulan de manera contrapuesta, la invitación a enterrar el pasado en aras de la concordia futura, "pasar la página", que se repite estos días, no tiene por qué negar la necesidad de abordar con franqueza lo ocurrido en Euskadi. Se trata de una deuda moral contraída con las víctimas pero también de la terapia necesaria para conjurar el regreso de la violencia y evitar que el rencor se instale permanentemente a la espera de que, como ocurre ahora con los exhumados cadáveres de la Guerra Civil, la ignominia acabe por aflorar muchos años más tarde. "El reto es darse cuenta de que lo que importa es la gente, no el territorio", ha dicho John Hume, antiguo líder del nacionalismo moderado irlandés (SDLP) y uno de los artífices del proceso del Ulster.

Porque lo que queda tras la retirada -¿permanente?-, de ETA no deja de ser un campo de ruinas moral en el que la figura alegórica del árbol talado de las víctimas emerge sobre la niebla como testigo incómodo que interpela a la sociedad. Ya dijo José Martí que "el suelo triste en el que se siembran lágrimas dará árbol de lágrimas". Despejada la opresiva atmósfera violenta, encauzados los enfrentamientos políticos y despertadas las embotadas conciencias, lo que aparecerá en el solar vasco y quedará para siempre son los 817 agujeros negros de los asesinados, las secuelas traumáticas de los 2.000 heridos, el vacío abierto por los 10.000 exiliados y la angustia de los 40.000 amenazados en los grupos de riesgo. Son cifras a las que, aunque sea a los efectos contables del caudal del sufrimiento, hay que sumar las bajas de los propios victimarios: los 32 asesinados por los GAL, los muertos por la explosión accidental de sus bombas o en enfrentamientos con la policía, los suicidados, la terrible muerte por torturas de Joxean Arregui el 13 de febrero de 1981, y los 650 presos atrapados en la espiral de violencia y represión que ellos mismos generaron.

De norte a sur, de este a oeste, la geografía humana vasca ha quedado marcada de cicatrices, punteada con cientos, miles, de atentados que componen un mapa del crimen, también físico, difícil de borrar. "Aquí mataron a...; en aquella esquina explotó el coche bomba...". Por mucho que el tiempo amortigüe los recuerdos, los sonidos, las voces y las imágenes, los ecos del pasado y las pesadillas sobrevivirán largos años en las familias y hará falta mucho más que el interesado bálsamo de la amnesia y el maquillaje de la brutal sentencia del refranero: "El muerto al hoyo y el vivo al bollo", para poder despojarlos de su ominosa carga. Lo que ha quedado tras este experimento de terrorismo sin parangón posible en Europa -Irlanda no sirve aunque se invoque para facilitar el proceso-, es una sociedad fragmentada, aleccionada en la inhibición y el silencio, en la que el miedo, el dolor y el quebranto se han repartido, obscenamente, de manera tan desigual que las percepciones sobre la realidad y el alcance de lo ocurrido varían sustancialmente en función de la adscripción a uno u otro grupo político.

Con las excepciones que se quieran, hay cuatro colectivos claramente conformados por su proximidad al dolor y al miedo: las víctimas, eternamente derrotadas, irremisiblemente vencidas; los victimarios, prisioneros del mundo psicópata que han creado y recreado a conciencia; la población no nacionalista, sometida permanentemente a una amenaza potencial ejercida de manera expresa y sistemática sobre sus representantes políticos, y los nacionalistas, excluidos por definición del riesgo. No, ETA no ha sido la plaga de langosta que arrasa por igual todos los cultivos. Con las excepciones notables de aquellos nacionalistas empresarios y ertzainas que se opusieron a las exigencias de la organización terrorista o la combatieron profesionalmente, los muertos han caído del lado de los funcionarios del Estado y de la población vasca no nacionalista.

¿Estamos hablando de una sociedad enferma? Los indicadores objetivos de salud mental no muestran diferencias significativas respecto a otras zonas de España. Más aún, según los estudios realizados por encargo de un laboratorio farmacéutico, resulta que Euskadi es la comunidad con menor índice de personas depresivas: el 2,48%. Como apunta Francisco Llera, director del Euskobarómetro, deducir a partir de estos datos que la población vasca no siente ni padece los efectos persistentes del terrorismo supone ignorar la complejidad de los mecanismos psicológicos que enmascaran los temores de las sociedades en crisis. De hecho, sin dejar de certificar que el miedo, la preocupación por el terrorismo y la inhibición a la hora de hablar de política en público son muy superiores entre la población vasca no nacionalista, el estudio publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en diciembre de 2004 concluye que en Euskadi se produce un rechazo subjetivo a considerarse víctima, como si asumir esa condición incrementara el riesgo objetivo. Pero, así y todo, está claro que las alteraciones anímicas más agudas, patentes en los grupos de riesgo y nunca estudiadas por el Servicio Vasco de Salud (Osakidetza), se diluyen en el conjunto de una población generalmente satisfecha. Ya dice el lehendakari que en el País Vasco se vive muy bien.

"Euskadi no es una sociedad psicológicamente enferma pero su diagnóstico es quizá más preocupante porque se trata de una sociedad ética y políticamente enferma que para poder regenerarse moralmente necesitará de una generación entera y dotarse de un sistema educativo de nuevos valores", indica Miguel Gutiérrez, jefe de la Unidad de Psiquiatría del hospital bilbaíno de Cruces. A su juicio, la sacralización de la política ha contaminado de dogmatismo al nacionalismo de derecha e izquierda y establecido un sistema de valores fundamentado en una concepción etnicista de lo vasco y en las falacias mitológicas. También Enrique Echeburua, presidente del Instituto Vasco de Criminología, cree que la patología de la sociedad vasca es de orden estrictamente ético.

"Hemos vivido una situación de anomalía moral que ha durado 40 años y aunque la amenaza se ha concentrado en sectores determinados, el temor a ser denunciado por los chivatos de ETA ha creado", explica, "un miedo social más amplio que después de tantos atentados se ha traducido en déficit de sensibilidad y de empatía para con las víctimas, hasta incurrir en la perversión moral".

Echeburua habla sobre todo del silencio, del silencio en los centros de trabajo, en los bares, en la calle, en los colegios, los institutos, la universidad. "Incluso en las clases de Ética el asesinato perpetrado la víspera no daba lugar al menor comentario", subraya. Ciertamente, el silencio vergonzante ha acompañado durante dos largas décadas el fantasmal deambular de las víctimas abocándolas a preguntarse una y otra vez, obsesivamente: "¿Por qué a mí?", "¿qué hemos hecho?". Es una pregunta que ni las instituciones ni la Iglesia vasca han sabido responder puesto que la suya ha sido una condena sincera y testimonial, pero afectiva y políticamente ajena a las creencias y valores, a las otras realidades que representaban las víctimas. No se han puesto en el lugar de los otros, no han abierto su corazón, no han cruzado la línea de sus prejuicios ideológicos para posibilitar que el abrazo fuera realmente solidario.

La reacción del dirigente nacionalista que al conocer el asesinato del presidente de la patronal guipuzcoana José María Korta exclamó, estupefacto: "¡Era uno de los nuestros!", es un ejemplo explícitamente revelador de esa distancia abismal. ¿De quiénes ha sido, pues, el resto de los muertos? Al igual que otras iniciativas, la reconfortante propuesta que Xabier Arzalluz esbozó en su día para que los afiliados peneuvistas acompañaran en la calle a los socialistas y populares amenazados no ha pasado nunca de ser un efímero enunciado. Y como se ha visto a lo largo del tiempo, la violencia terrorista no ha apartado un ápice al nacionalismo vasco de su camino soberanista, no le ha llevado a replantearse sus fundamentos doctrinarios sabinianos, no ha deshecho el comunitarismo culturalmente etnicista que congrega al conjunto de los nacionalistas. Ciertamente, enfrentarse a los violentos, no desde la admonición verbal, sino desde la consecuencia coherente que reclaman los hechos, resulta mucho más duro si se les considera parte indiscutible de tu comunidad natural única. ¿Es ése el mal de Euskadi, la maldición de la patria?

Dice Enrique Echeburua, profesor de Psicología de la Universidad del País Vasco, que la sociedad ha optado por adaptarse a la situación ante la falta de liderazgo institucional y de mecanismos con que combatir un fenómeno tan singular como el de la violencia etarra. "La gente ha creado sus propios mecanismos de supervivencia darvinianos, ha preferido no significarse socialmente y recluirse en su parcela individual. Digamos", indica, "que se ha adaptado, al precio de la degradación moral". En todo caso, conviene no olvidar la naturaleza conservadora de las sociedades sometidas y recordar que también la lucha contra el franquismo fue cosa de un segmento minoritario de la población. ¿Tiene sentido preguntarse si, sometidas a las mismas circunstancias, la sociedad catalana, madrileña, andaluza o gallega lo habría hecho mejor?

Bajo la opresión de ETA, la sociedad vasca ha producido muchos héroes anónimos, héroes bajo la razonable definición de personas capaces de cumplir dignamente con su deber ético en situaciones difíciles que conducen a la mayoría a la renuncia. En casi todos los pueblos, en casi todas las empresas, en casi todos los centros escolares, existen, a veces en régimen de semiclandestinidad, gentes capaces de hacer lo que la mayoría no hace, de decir lo que otros callan. No puede ser casual que muchas de estas personas se distinguieran en su día por su oposición activa a la dictadura franquista.

El profesor de Lengua y Literatura donostiarra Luis Daniel Izpizua subraya, además, que junto a la resistencia activa, se ha producido una resistencia pasiva "construida desde el terror, pero contra el terror" que ha sabido labrar su propia autonomía cotidiana, mantener su voto y contribuir a la derrota del monstruo. "No puedo explicarme de otra forma", dice, "que nuestra sociedad no haya sucumbido por completo a la suma del terror y del régimen nacionalista". Luis Daniel Izpizua otorga a esta resistencia una gran importancia con vistas a los retos futuros políticos que se avecinan. Es posible, pues, que no todos los silencios hayan sido el subterfugio de la cobardía física o moral. Ya dijo el escritor húngaro Sándor Márai que "la indiferencia es una forma de valentía en situaciones límites". Puede que el eslogan "Dilo con tu silencio" que ha presidido las concentraciones ciudadanas, habitualmente escuálidas, sintonizara adecuadamente con las limitadas capacidades de denuncia de la población no nacionalista. Pero sería muy injusto excluir a los nacionalistas de bien que han cruzado la acera para abrazar a su adversario ideológico o que han combatido dialécticamente la barbarie indisponiéndose o enfrentándose a veces con su propia familia biológica.

Con todo, si el aserto del profesor Echeburua: "La sociedad se ha adaptado al precio de la degradación moral", es sustancialmente correcto, habrá que convenir que el problema vasco actual es ahora también, precisamente, un asunto de autoestima. Porque se supone que una sociedad humillada por el miedo obtiene un pobre reflejo de sí misma, ve mermada la conciencia de su dignidad y reducidas sus posibilidades. Quedan pocas dudas de que el terrorismo ha hecho peor al conjunto de los vascos, también a algunos de los héroes forjados en esta situación y atacados por la desesperanza, la rigidez de pensamiento, la frustración melancólica y la dureza emocional. "Ha quedado la sensación de que somos una sociedad tan vulgar como las otras, pero que, encima, matamos", comenta Joseba Arregui. Es una apreciación que se compadece mal con la buena conciencia que el nacionalismo exhibe y con el mensaje de los partidos de Gobierno. "Somos una referencia europea de identidad propia", ha escrito Josune Ariztondo, la secretaria de la ejecutiva del PNV. "Tenemos que llegar a la unidad nacionalista porque de esa manera al pueblo vasco no habrá quien lo pare", ha manifestado, a su vez, la secretaria general de Eusko Alkartasuna (EA) Begoña Errasti.

Con violencia o sin ella, el nacionalismo no va a renunciar a su proyecto pannacionalista, pero tendrá que reformular probablemente sus planteamientos, tratar de convencer y de seducir más que de imponer. Podemos pensar que la política perderá el dramatismo criminal que tan poderosamente ha contribuido a sacralizar a la "causa vasca" y que con el tiempo todos los ciudadanos podrán expresarse con idéntica libertad. Quizá entonces puedan volver muchos de los que han sido expulsados física o anímicamente del solar de Euskadi, conducidos al exilio interior y exterior de una patria excluyente monopolizada en sus símbolos y su cultura por el nacionalismo. ¿Es un sacrilegio pretender que el árbol mutilado de las víctimas, testimonio del horror, acompañe al árbol de Gernika en la Casa de Juntas de esa villa? ¿Es un disparate que el símbolo de las libertades vascas entrelace sus raíces enfermas con las de un nuevo roble para que las generaciones futuras recuerden que la primera de las libertades es el derecho a la vida?

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Con Barbería y con muchos más, pienso que la razón de la permanencia de ETA tiene que ver con árboles y nueces, con la mayoría de los vascos...

37 comentarios:

chema dijo...

JJ:"...se diluyen en la normalidad que experimenta la mayoría de la población civil vasca. Esa y no otra ha sido la razón de la permanencia de Eta".

No, Juanjo, no. No se puede uno quedar ahí.
Oía el otro día hablar a unos amigos de lo bien que está San Sebastián, de lo bonito que es, los pinchos que te ponen y lo graciosas que son las herriko tabernas (herriko cavernas). "Es un lugar estupendo para ir de fin de semana, eso sí siempre que no te metas en política" decían. Comenté por lo bajo de modo que solo me oyó el que estaba a mi lado: "¿Pero puede uno no meterse en política con lo que pasa en el País Vasco?". Normalmente uno no opina de política cuando está acompañado de gente de la que no conoces de que pie cojea salvo que quieras montar una bronca, pero hay unos principios que se dan por supuestos, eso en sociedadees donde hay unas condiciones básicas de libertad.
En el País Vasco hay un estadio predomocrático que hace que gente abiertamente estúpida aplaudan a un terrorista cuando dice "No admitir que los otros sufren fue un error", en ese estadio predomocrático se está obligado a "meterse en política" siempre.
Si las cosas son como dicen hay que acabar los razonamientos Juanjo:la normalidad que experimenta la mayoría de la población civil vasca es falsa, se la construyen con su cobardía, con su sometimiento a los más miserables. Eso es lo que hay, la normalidad es miedo y el miedo explica la permanencia de eta hasta nuestros días.

8:58 PM

lafoca dijo...

Espero que mi (o el de cualquier otro) poco malintencionado comentario no haya dado lugar a esto. Pero si es que sí, le puedo recomendar algún PSI...

mecanikong dijo...

Chema, entendemos que su razonamiento no hace sino apoyar lo expresado por Juanjo.

chema dijo...

"...los 65o presos atrapados..."
Este artículo es una mierda.

Mecanikong,Juanjo no remata la faena:
Aquí lo que hay son unos delicuentes que matan por dinero y se acabó la historia.

El otro día viendo "La Pelota Vasca" me quedé de piedra oyendo al "hombre de paz" (como le llama el presidente del gobierno) Otegui diciendo que cuando los ciudadanos vascos estén en casa metidos en Internet en lugar de andar por los montes no existirá un pueblo vasco. Eso es lo que tienen en la cabeza, andar por los montes, tocar la flauta, recitar sus versos, plantar lechugas y mirarse el ombligo.

chema dijo...

"Alberto y Espe", la mejor entrada de mi blog se ha quedado con 0 comentarios. No lo entiendo.

Bueno, nueva entrada dedicada a la cocina de mercado.

Hoy, en el TD de Lorenzo Milá, Arzak se paseaba por un congreso gastronómico o así.
¿Ya han dicho algo Arzak y Arguiñano sobre el asesinato de uno de sus compañeros? Ah! que le dieron dinero a la viuda, ya, ya, ya...
¿Ya ha sido visto el líder de opinión Iñaki Gabilondo en alguna mani contra eta?
La equidistancia, el árbol y las nueces,... el miedo.

TheoSarapo dijo...

Foca, no se preocupe. Estaba todo previsto. Les debía los datos. Eso es todo. Y la discrepancia es sana. Más que el peloteo.
Y no nos faltes.

chema dijo...

¿Ya ha explicado Anne Igartiburu sus visitas a los presos de eta?

Bruno dijo...

Esto ya lo he contado otras veces.

Tengo unos amigos que residen en mi (germana) ciudad; anteriormente vivían en Beasaín. Cuando les pregunto que qué tal se vivía, me responden que mientras estaban allí 'todo' les parecía normal, pero que al mudarse aquí se dieron cuenta de lo que era la verdadera 'normalidad'.

Caín dijo...

¿Explicó Clemente por qué alineaba repetidas veces a Julio Salinas en el mundial de EEUU? ¿Busca la Igartiburu nuevos bailarines entre los presos etarras para su programa? ¿La postura de los vascos ante el terrorismo no es la misma que la de House ante la medicina?

chema dijo...

¿Ya ha respondido Carlos Sobera alguna pregunta sobre su opinión de eta?

Caín dijo...

¿Le queda algún comodín?

chema dijo...

¿Ya ha explicado Xabier Arzallus con cuantos etarras se reunía?

chema dijo...

Que sepa todo el Blog que en la 2ª temporada House se va de putas.

lafoca dijo...

Le faltan la 2 y a3, no sólo va a nombrar filoterroristas de la 1, de 4 y de t5, espero.

lafoca dijo...

11:16 PM
chema dijo...

¿Ya ha respondido Carlos Sobera alguna pregunta sobre su opinión de eta?
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El Mundo, 29 de mayo de 2002, entrevista a Carlos Sobera:

Me parece muy bien cualquier medio para luchar contra ETA

chema dijo...

foca, estoy repasando el periódico de ese día y no encuentro la entrevista.

chema dijo...

foca de La2 y A3 ahora no se me ocurre nadie.Echeme una mano.

chema dijo...

Foca, ya he encontrado lo de Sobera. Era en un encuentro digital:

12. Egunon, ¿me podría dar su opinion acerca de la ilegalización de Batasuna?. Muchas gracias.

Me parece muy bien cualquier medio para luchar contra ETA pero la ilegalización de un partido político abre un debate jurídico muy complejo.
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pero,pero... ya estamos con los peros. ¿Y si es complejo? ¿qué? Que son terroristas,.... que no se enteran.

Ana dijo...

Recuerdo una entrevista a Clemente en El Larguero no ha mucho tiempo. He olvidado el enunciado exacto de las preguntas sobre el 'problema vasco' aunque sí recuerdo el tono general de las respuestas: si no fuera por el acento juraría que era gallego. A pesar de los regates quedó bien claro que es nacionalista. Lo que recuerdo bien es que cuando Joserra (gran entrevistador, por cierto) le preguntó qué le parecía que hubiera una selección vasca contestó:

-Muy bien, pero también me parece bien que haya una selección andaluza, y otra de Madrid, y otra de Vigo y otra de Salamanca.

Si fuese otro pensaría que quiere una selección de Bilbao (pero del mismo Bilbao) pero conociendo (aunque poco) al personaje me parece que tiene una empanada que ni los de Bilbao, oye.

lafoca dijo...

Al cuello le echaba la mano. Piense un poco Chema ¿está completamente seguro, sin ningún ápice de duda, de que ese día no utilizó ninguna página del periódico para envolver pescado? ¿o para limpiarse... el sudor?

devisita dijo...

Nueva victoria de Nadalll.
Tengo que ir de excursión a Manacor antes que sea un lugar de culto y se convierta en peregrinaje.

chema dijo...

Clemente es ese señor que cuando en la comunidad autónoma vasca gana las elecciones el pnv (o sea siempre menos una vez que ganó el psoe y le dieron el gobierno al pnv) aparece la noche electoral en los telediarios abrazándose a todos los jefes de la cosa.

lafoca dijo...

Chema, no me voy a meter en ámbitos de derecho pero supongo que sabe que a batasuna no se la ilegalizó por terroristas. En ese caso estarían en la cárcel.

chema dijo...

No foca, la puse en el fondo de la jaula del canario.... Que le he dicho que ya la he encontrado.


Parece que lo de los árboles del Paseo del Prado ya se soluciona por sí mismo.
Agencias:
Una acacia del Paseo del Prado se ha caído esta mañana debido a su avanzado estado de putrefacción.

chema dijo...

hablando de derecho y de cárceles ¿por qué los Albertos no acaban de ingresar en prisión?

chema dijo...

foca, ¿no dirá en serio lo de echarme una mano al cuello? que esta es una tierra de libertad.
Disculpeme, es que estoy en plan Federico

chema dijo...

ELPAIS.es abre un blog para recoger los testimonios de los afectados por la presunta estafa de las empresas de inversiones filatélicas.
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Voy pa´lla, a ver si saben dar respuesta a mis preguntas sobre "lo vasco".

Ana dijo...

Chema informa: "Una acacia del Paseo del Prado se ha caído esta mañana debido a su avanzado estado de putrefacción."

Mañana Tita de riguroso luto Chanel.

lafoca dijo...

¿Ana, usted es la matemática?

Ana dijo...

Sí.

Fernando Terreiro dijo...

Estoy completamente de acuerdo con Chema. Creo que la sutileza de que no es una sociedad enferma psicológicamente, pero si moral y políticamente sobra. En mi opinión es una sociedad enferma y basta. y la terapéutica pasa por la extracción del nacionalismo si no del espacio público (como dice Arcadi) sí al menos del espacio de poder. ¿A alguién de esta tierra libre le parece eso posible? Soy optimista como Calleja, con el alto el fuego al menos no nos matan -dice-, pero soy profundamente pesimista ante la posibilidad de que la sociedad vasca llegué a ser, ni siquiera a largo plazo, una sociedad libre y razonablemente sana .
También es, no lo olvidemos, una sociedad con varias decenas de miles de exiliados que nunca entran en las estadísticas.

lafoca dijo...

Yo es que de mates no entiendo nada, de verdad. Si un folio tiene 300mm x 210mm (el ancho soy incapaz de medirlo, pero 20 juntos no me llegan a medio cm) ¿podría decirme cuántos caben en una furgoneta que cargue 7 toneladas?

Fernando Terreiro dijo...

Mañana me voy a Cantabria de vacaciones cuatro días, y como no soy amante de los ciber, como alguno, me despido de ustedes hasta el somingo, aunque a lo mejor mañan cae algo. Espero que me echen un poquito de menos.

lafoca dijo...

Fernando, lo del largo plazo es un poco exagerado ¿no?. Nosotros somos una sociedad razonablemente sana después de una guerra civil.

Fernando Terreiro dijo...

Tienes razón, Foca, si largo plazo son cuarenta años desde "el fin de las hostilidades", sabe Dios, ojalá.

lafoca dijo...

Eta y la guerra civil no son comparables y supongo que la sociedad española ya era razonablemente sana antes de 1975.

cat dijo...

"que cuando en la comunidad autónoma vasca gana las elecciones el pnv (o sea siempre menos una vez que ganó el psoe y le dieron el gobierno al pnv)"
dijo Chema.
No me haga recordar las veces que espero oir ese día nombrar a los asesinados por los que ganan... y enfurecer de rabia con el silencio.

Será una asociación libre de imágenes para test PSI: llevo acordandome de una camiseta que circulaba cerca del muro de Berlín y en los 4 idiomas ponía algo así : " ¡Ojo! Está saliendo de la zona controlada por los americanos"