8 de abril de 2006

SIRENAS




Siempre me ha gustado la historia de las sirenas. Esa especie de encantamiento mágico y femenino que arrastra a los hombres a la perdición y al desastre.
Las sirenas son personajes mitológicos cuyo canto llevaba a los marinos a la perdición.El primer testimonio acerca de la aparición de sirenas se remonta a La Odisea de Homero, que relata las aventuras del héroe griego Ulises, durante su largo viaje de regreso a Itaca, después de la guerra de Troya: las sirenas de la época no son esos seres mitad mujer, mitad pez, que las leyendas más modernas retuvieron, sino unas aves con cabeza y pecho de mujer. Su canto es tan bello que los marinos que las escuchan no pueden resistírseles y arrojan sus naves contra los arrecifes.

Cuando Ulises abandona la morada de la hechicera Circe, sabe que debe pasar cerca de la isla de las sirenas. Siguiendo los consejos de la hechicera, el astuto héroe recurre a una estratagema que le permitirá oír y no obstante salvar la nave y a sus compañeros. Tapa los oídos de sus hombres con cera después de haberles pedido ser sólidamente atado al mástil. Así podrá saciar su curiosidad escuchando el canto de las sirenas, sin ceder a su encantamiento. ...Este canto se revela melodioso y desgarrador, colmado de bellas promesas. Ulises les grita a sus compañeros que lo desaten, pero por supuesto éstos permanecen sordos a sus gritos. Finalmente, el barco pasa y los héroes escapan al funesto destino de tantos otros ...

Al respecto de las sirenas, decía Moreno Ruiz que ante su contemplación se demostraba la bisexualidad del varón: "La vulva de la niña de los ojos masculinos se excita y humedece hasta el centro nervioso y cerebral que rige nuestras emociones de machos, cuando nos llega la imagen de una sirena... De ahí que, en efecto, tengamos un componente bisexual. La niña de nuestros ojos varoniles es lesbiana."
El mundo está hecho de contradicciones, ambivalencias a lo que se ve.

20 comentarios:

Fernando Terreiro dijo...

Amigos, es preciso que todos, y no sólo uno o dos, conozcáis las predicciones que me ha hecho Circe, la divina entre las diosas. Así que os las voy a decir para que, después de conocerlas, perezcamos o consigamos escapar evitando la muerte y el destino.

Antes que nada me ordenó que evitáramos a las divinas Sirenas y su florido prado. Ordenó que sólo yo escuchara su voz; mas atadme con dolorosas ligaduras para que permanezca firme allí, junto al mástil; que sujeten a éste las amarras, y si os suplico o doy órdenes de que me desatéis, apretadme todavía con más cuerdas.

Así es como yo explicaba cada detalle a mis compañeros.

Entretanto la bien fabricada nave llegó velozmente a la isla de las dos Sirenas, pues la impulsaba próspero viento. Pero enseguida cesó éste y se hizo una bonanza apacible, pues un dios había calmado el oleaje.

Levantáronse mis compañeros para plegar las velas y las pusieron sobre la cóncava nave y, sentándose al remo, blanqueaban el agua con los pulimentados remos.

Entonces yo partí en trocitos, con el agudo bronce, un gran pan de cera y lo apreté con mis pesadas manos. Enseguida se calentó la cera, pues la oprimían mi gran fuerza y el brillo del soberano Helios Hiperiónida, y la unté por orden en los oídos de todos mis compañeros. Éstos, a su vez, me ataron igual de manos que de pies, firme junto al mástil, sujetaron a éste las amarras, y, sentándose, batían el canoso mar con los remos.

Conque, cuando la nave estaba a una distancia en que se oye a un hombre al gritar en nuestra veloz marcha, no se les ocultó a las Sirenas que se acercaba y entonaron su sonoro canto:

Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuanto sucede sobre la tierra fecunda.

Así decían lanzando su hermosa voz. Entonces mi corazón deseó escucharlas y ordené a mis compañeros que me soltaran haciéndoles señas con mis cejas, pero ellos se echaron hacia adelante y remaban, y luego se levantaron Perimedes y Euríloco y me ataron con más cuerdas, apretándome todavía más.

Cuando por fin las habían pasado de largo y ya no se oía más la voz de las Sirenas ni su canto, se quitaron la cera mis fieles compañeros, la que yo había untado en sus oídos, y a mí me soltaron de las amarras.

Conque, cuando ya abandonábamos su isla, al pronto comencé a ver vapor y gran oleaje y a oír un estruendo. Como a mis compañeros les entrara el terror, volaron los remos de sus manos y éstos cayeron todos estrepitosamente en la corriente. Así que la nave se detuvo allí mismo, puesto que ya no movían los largos remos con sus manos.

Fernando Terreiro dijo...

HOMBRES HERIDOS

Fernando Terreiro


Nuestro primer personaje se llama Sean Thornton, y es el protagonista de una obra maestra del cine clásico americano. El hombre tranquilo, dirigida en 1952 por John Ford.. Es este un hombre que regresa a lo que él siente como su casa, pues es la tierra a la que pertenecieron todos sus antepasados. Una tierra que, al igual que la Ítaca de Ulises se configura como la tierra más cercana al paraíso. Y es que sucede que Innisfree es un paraíso, y así es magistralmente mostrada por John Ford, y vivida por el espectador. La tierra de la hermandad entre unos hombres sencillos y buenos, la tierra de una igualdad que no excluye las diferencias necesarias y, ante todo, que no excluye la diferencia sexual. La tierra, al fin, donde el deseo surge de un modo natural y en donde la naturaleza es en todo instante reflejo de ese estado, en perpetuo deseo, del ser humano.

Como el Ulises de Ítaca, Sean Thornton ha tenido una experiencia de la muerte, una experiencia que tiene la tremenda categoría de lo irreversible y que le ha dañado como ser humano de tal forma que sólo en la huida parece encontrar sentido para su vida. Precisamente por esa herida será reconocido como aquel que realmente es: el campeón de boxeo que se retiró cuando mató a otro hombre en un combate. Sean encontrará en Inisfree una mujer tan valiosa como para adquirir un compromiso con ella, pero precisamente su herida está conformada de tal forma que impide su encuentro, dejándole en una soledad perturbadora, una soledad que sólo él y los espectadores podemos conocer en toda su enorme dimensión. Y, sin embargo, al final, en una de las mas estimulantes secuencias de la historia del cine, llena de regocijo y vitalidad y, no obstante, repleta de la misma violencia que Ulises se ve obligado a utilizar en muchas ocasiones, Sean se sobrepone a su herida para conseguir finalmente que esa mujer de la que se ha enamorado sea verdaderamente, en lo real de los cuerpos, su mujer. Aunque para ello tenga que volver a pelear y enfrentarse de lleno con la profunda herida de la que hasta ahora tan solo había sabido huir.


Nuestro segundo hombre también regresa. Regresa (lo había prometido) junto a sus compañeros de viaje que, a pesar de haber pasado con él varios años, sólo son capaces de reconocerle por sus heridas, porque en lo demás, según ellos mismos confiesan, en nada se parece a aquel hombre que les había dejado algún tiempo atrás. Vuelve de la soledad más absoluta, pues algunos de sus mejores amigos le han traicionado, han renegado de él. Incluso se ha sentido abandonado por aquel al que ha consagrado su vida: su propio padre. También este segundo hombre comprometió su palabra, aunque esta palabra no se refiriese tan sólo a una mujer, como en el caso de Ulises o de Sean Thornton, pero precisamente en el hecho de haber muerto radica el cumplimiento de parte de ese compromiso: la otra parte la cumple ahora, en el momento justo de volver con sus amigos.


El compromiso de volver desde la muerte. No vuelve, como Ulises o Sean Thornton, de una experiencia de la muerte, sino que vuelve desde la misma muerte. Ya que murió fijado a un madero, quizás el mismo que Ulises utilizó para evitar ser arrastrado por el irresistible canto de las sirenas. Un madero cruzado que es signo y imagen, pero en el que sucede una muerte real, y la conjunción de esas tres dimensiones le da la extraña dimensión de lo simbólico. Una dimensión tal como para lograr que otro en el camino de Emaus, otro que se siente tan herido como él por la condición humana y que apenas se le debe parecer, retome la palabra por la que aquel creyó necesario dar la vida: y aunque no se le parece físicamente será finalmente reconocido como el mismo que murió días antes, ya que sus heridas y sus palabras son las mismas que las de aquel que fue clavado en la cruz. Y es que, al fin y al cabo, el hombre no es más que una herida y la palabra que le sujeta, aquella palabra que hace que su humanidad no escape por la herida que significa el saber de nuestra muerte inevitable.

Fernando Terreiro dijo...

Perdónenme

sarapo dijo...

Faltaría más, Fernando.
Gracias por acercar el texto a la intertextualidad.

Ártabro dijo...

Si todos los camareros fueran como Fernando todos los bares serían bibliotecas.

Bruno dijo...

Dos mujeres bajo el mismo techo, !y una de ellas pelirroja!

Anónimo dijo...

àSÍ ES, BRUNO.

devisita dijo...

Por lo que se lee, es más peligroso el oído que la vista.
Y es que las palabras bonitas y bien susurradas nos desarman a casi todas.

Luis Prats dijo...

...mas atadme con dolorosas ligaduras para que permanezca firme allí, junto al mástil; que sujeten a éste las amarras, y si os suplico o doy órdenes de que me desatéis, apretadme todavía con más cuerdas...

devisita dijo...

Luis Prats dijo...
...mas atadme con dolorosas ligaduras para que permanezca firme allí, junto al mástil; que sujeten a éste las amarras, y si os suplico o doy órdenes de que me desatéis, apretadme todavía con más cuerdas...


Un poco masoca ¿no?

roberto dijo...

Pajarracos con tetas y con un poder que nada tiene que ver con lo femenino: su canto. Sólo Orfeo, otro de los muchos viajeros con billete de ida y vuelta del reino de Hades, pudo vencerlas y salvar con su música a la tripulación del Argos.

(No recuerdo si la marinería se lo quiso tirar. Lo doy por supuesto).

Fernando Terreiro dijo...

Catalino entre la guardia y la chica de la foto se ha quedado sin palabras.
Lo de arriba es un artículo que escribí hace tiempor para una revista de...psicoanálisis!. Diván, el terrible. Buen título y buena sección de cine. Era amena pero había mucho lacaniano suelto.
La próxima de M. Night Shyamalan parece que va de sirenas (y no sé si la protagonista es Bryce Dallas Howard).

Catalino dijo...

Fer jajajajaja pues Sí. Más una siesta de 4 horas. Un si vamos al SE o al NO. SE 1 NO 3. Avisando a ártabria que voyyyyyyy!!!. Estoy un pelín pasado/depre/primavera. Mis dos golpes de risa hoy (curativos)
a)Sirenas Sirenas Veo Sirenas.
b)[165] Escrito por: Psicoanalista de Guardia - 8 Abril 2006 08:24 PM
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Ya lo dije: grandote del tipo armario.
Felicidades a los cumplidores de ayer: cuatrimesinos? y cuasicuarentones? (unos se quitan y a otros les ponen).
Yo también llevo meses escribiendo aquí algo: me felicito.
Las Sirenas actuales las contemplo con "la niña de nuestros ojos varoniles" en las que resulta muy dificil echar cera.
A Fanny no la veo, siempre desayuna tras el periódico.

devisita dijo...

Muy bien Fernando.
Si todos fuesen como Vd. No sé. Casi seguro que bebería más de 10 cafés al día.
La analogía del 3er hombre está bien traída dadas las fechas. Discrepo, empreo, en ser sólo heridas y palabras.
En último extremo, en heriditas de parque, de roce de bicicletas y caídas a destiempo, por el juego.
Resulta llamativo el hecho de que resale la tremenda traición de todos, incluidos los amigos.Y que vuelve, por ellos, por los amigos. Creo que eso le retrata. Más que ese laguna azul casi siempre sucio que no le pega nada.

ddeevviissiitta dijo...

empreo, empero, lampreo

yomismamismamente dijo...

reale, resalte...lalala

fanny dijo...

Lo que es la rutina Cat.
Yo siempre les veo en forma, tras o delante del periódico o de esa flor que, esta noche, por estar saliente de guardia, le regalo a Vd. para mañana, con la venia de los principales.

sarapo dijo...

Bien, Roberto, bien.
Es cierto que Orfeo con su lira logró sustituir a los cantos de las sirenas en el interés de la marinería que con Jasón y otros tantos argonautas iban buscando el vellocino de oro.


Don Fernando ¿así que en Diván el Terrible? Buscaré en los números atrasados. Al principio, allá por el 1998 la compraba.

catalino dijo...

Buenas. Entro un momento. Gracias Fanny. Me voy para el corazón de Galicia. Intentaré mantener contacto a través de ciberes y ondas. A ver si soy capaz de sacar unas fotos de mimosas. Disfruten de las vacaciones que tengan. Ya me suenan las gaitas. Fernando, le mandaré un saludo al pasar por Tordesillas.

sarapo dijo...

Páselo Bien,Catalino, páselo bien.
¿Irá por Lalín? ¿Por Ribeira Sacra?