7 de enero de 2006

SKRABANEK

La ley antitabaco que hemos estrenado los españoles este primero de año ha reabierto el debate sobre los “estilos de vida” saludables y los estudios epidemiológicos que los sustentan.
A muchos de nosotros la ley antitabaco nos parece un decreto caprichoso, irracional y lleno de cinismo. A Peter Skrabanek, apóstol de la crítica de la epidemiología también se lo parecía. Y luchó contra ésta y otras pautas similares durante los últimos años de su corta vida.
Skrabanek, fallecido en 1994, acuñó el término “bioestilismo” para definir el abuso que la epidemiología contemporánea hacía de los factores de riesgo que aparecían vinculados a algunas enfermedades (colesterol, presión arterial, etc) hasta transformarlos en factores causales. En muchos casos, ni siquiera se encontraban pruebas que sustentasen la calificación de factores de riesgo.
La moderna epidemiología ha impulsado importantes cambios en políticas sociales y sus decisiones acarrean costosas transformaciones industriales, como en el caso de la creación y difusión de los alimentos light, cuyos beneficios para la salud nunca han podido ser demostrados.
Skrabanek reivindicó una mejor consideración del paciente haciéndole responsable parcial de su enfermedad en lugar de ahondar en las políticas culpabilizadoras que sin ton ni son llevan a cabo los departamentos de salud pública.
Skrabanek fue lo que se dice un pensador incómodo y políticamente incorrecto. Desde su púlpito en el Trinity College de Dublín y desde la revista The Lancet fustigó sin descanso las hipócritas decisiones que los llamados “paneles de expertos” tomaban en relación a las políticas preventivas en salud pública basándose en una ciencia epidemiológica infradesarrollada.
Skrabanek trabajó muy duro porque la epidemiología fortaleciese su epistemología y sus herramientas de trabajo. También por limitar el presuntuoso poder dimanado de las facultades de Medicina a la hora de teorizar y determinar de forma arbitraria el valor de una vida humana.
La obra de Skrabanek ha sido devorada por la pujanza de las políticas “healthy way of life” que gobiernos tanto conservadores como progresistas han asumido en sus programas electorales sin tener en cuenta las restricciones a la libertad individual que ello comporta. El miedo a la libertad de los políticos.
De otra parte, Skrabanek fue un gran admirador de otro heterodoxo, el premio Nobel de Física Richard Feynmann. Ambos decían tener amores comunes: las cervezas con los amigos, las mujeres bonitas y la ciencia.

12 comentarios:

Ventura dijo...

La ley antitabaco está pensada sobre todo para defender a los no fumadores, (la mayoría de la población), de la absoluta insolidaridad de los fumadores. La relación causal del tabaco con las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y el EPOC, que es de lo que se muere la mayoría de la gente, está más que demostrada. El último que relativizó lo pernicioso del tabaco fue el "epidemiólogo", Joaquín Leguina, que a los pocos meses sufrió un infarto. Esta ley es cobarde porque no defiende a los trabajadores de la hostelería, que seguirán aumentando su riesgo de cáncer de pulmón, ni tampoco a los jóvenes, porque el precio es barato y se puede adquirir el tabaco en máquinas. La realidad es que somos menos libres de lo que creemos y al final consumimos lo que la industria quiere. Pero mañana, sushi y sashimi, como los japoneses, que viven hasta los cincuenta.

Ventura dijo...

Ya lo dijo Benedicto, el peligro está en el relativismo moral: EL TABACO ES MALO, MALO, MALO.

devisita dijo...

Pero, vamos a ver. Que me lo aclaren, por favor.
¿Es o no malo el tabaco?
Porque si es malo, malo de verdad, pues que lo prohiban total y radicalmente, sufragando el estado -por no haberlo hecho antes-las terapias de desintoxicación.
Si es relativamente malo, como pasar por un cruce mal señalizado, beber más de 2/4 copas del alcohol/día, caminar debajo de un edificio en construcción, el colesterol alto o, en su época, el pescado azul; no entiendo a que viene tanto rollo.
Y si es bueno... que lo digan...pero que lo digan ya.

Ah, Sr Ventura, los fumadores no son ni más ni menos solidarios que los no fumadores. Como tampoco lo son los padres que no tienen hijos respecto a los que los tienen.

devisita dijo...

En cuanto al fondo delcomentario, los paternalismos son deleznables, vengan del estado, de los expertos o de la Santa Madre Iglesia.

Chema Ledo dijo...

A Rafa71 que me lo preguntaba en lo de ayer, ahora mismo estoy viendo ese calendario sobre mi mesa.
Gracias.

Como te digo una Co te digo la O dijo...

Con tu permiso he puesto tu blog entre mis link. Espero no te moleste.
Un saludo
Román

Chema Ledo dijo...

Jambrina, ¿no puede poner en hora el reloj?
Gracias.

TheoSarapo dijo...

Ledo, hago lo que puedo.

r dijo...

ufff, menos mal. A menudo lo urgente es tener paciencia. Esta tarde he visto "Gente di Roma". Bien.

marni dijo...

Controvertida la cuestión del tabaco. Está claro que es un factor de riesgo de primer orden, pero no un factor causal. De todos modos no hay duda al afirmar que se trata de un hábito no sano, al menos para el cuerpo. Para la mente y el alma del fumador probablemente será saludable.Que cada uno decida lo que quiere hacer con su ser. Yo no fumo y a mí el humo me molesta, pero creo que hay espacio y espacios para todos, respeto, organización y buen humor. Pero sobretodo me molesta la estupidez...¿cómo es posible que hagan desnatada hasta la leche condensada?¿A quién se creen que engañan?
A rafa 71: si decido cazar ratones, luego ¿qué hago con ellos?

James Boswell dijo...

ChemaLedo, pese al reloj, llegará tarde a la cita.

heptafon dijo...

Compleja, sin duda, la cuestión del tabaco, con o sin ley. Se mezclan aspectos comerciales, de estilo de vida, sanitarios, políticos (al menos en este caso). Y no se suele utilizar el sentido común. Que el tabaco no es beneficioso para la salud parece claro. Pero que se llegue (como sucede en algunos lugares de USA) a prohibir fumar por la calle mientras se permiten todo tipo de combustiones contaminantes me parece irracional.

En otro orden de cosas, la estadística epidemiológica de una funeraria parisina del siglo pasado es la más incontestable:
"de cien que nacen, cien que mueren, visite nuestro catálogo".