10 de diciembre de 2005

ARGENTINA (IV): MIS QUERIDOS CADAVERES

Una de las cosas que más me sorprende de Buenos Aires, y de Argentina en general, es el punto necrofílico de sus habitantes. Pudiera ser que esta preocupación por el más allá desde el más acá fuese un trasunto amplificado de esa música y ese baile tan serio y formal, enlutado que es el tango. Esas letras siempres tan tristes, celebrando losas vitales como piedras de molino, pasados que vuelven, barrios que se fueron y sobre todo, sobre todo, amores traidores. Y es que sós una bacana, ché¡. Pudiera ser, ¡qué sé yo¡
El centro de Buenos Aires, la mejor zona de la ciudad, se la lleva el majestuoso y barroco cementerio de La Recoleta. Paseas días y días por Madrid o Barcelona y ni te enteras de donde hay un cementerio. Pero en Buenos Aires nomás llégáis, vení, vení, voy a mostraros el camposanto. ¡No me jodan que no es rara la historia¡ Es rara pero real. Como real es que la capilla donde se casa la clase pudiente bonarerense está incrustada en una de las paredes de La Recoleta y sirve tanto de peaje para la "vida" como para el "más ashá".
Y es que se hace duro estar comiendote un matambrito, levantar la vista de forma distraída y toparte con un impresionante panteón. Todo muy gore pero conjunta mal.
La reciente historia argentina está cuajada de episodios que reflejan esta pasión por impedir que los muertos descansen de forma adecuada; bien por la vía de ponerlos céntricos, al lado del botellón, por aclarar, o bien sea por querer seguir disfrutando de ellos vía cuerpo presente.
Pongamos, por no aburrir, que la cosa empieza, en 1935, cuando una multitud arrebatada intentaba tocar el cuerpo de Carlos Gardel. La cosa se fue calentando y en 1952, cuando murió Evita, setecientos mil dolientes aguardaron un frío chaparrón durante varios días con la esperanza de acercarse y ver y tocar el cadáver (el viaje del cadáver de Evita será objeto de un post especial en este blog).
En San Telmo, el rastro de Buenos Aires, siguen vendiéndose las primeras páginas de los periódicos que contaron el velatorio de Evita.
En 1976, se reprodujeron unas cuantiosas manifestaciones de dolor y de acercamiento al cadáver de otra gloria nacional, el boxeador Oscar Ringo Bonavena.
Pero el baile no había hecho más que empezar.
En 1987, le roban las manos al cadáver de Perón (otro post especial explicará este hecho). En 1990, roban el corazón incorrupto de Fray Mamerto de Esquiú, prestigioso santo local, que es recuperado cuando el obispo ya tenía un maletín con el dinero para el rescate.
Carlos Menem, en 1989, viendo que la situación económica se iba a pique, ordenó el traslado a Argentina de los restos de uno de los padres de la patria, Juan Manuel de Rosas, quien yacía tranquilamente en Southampton desde 1871.
El resto de políticos, viendo el fruto obtenido por Menem, se puso manos a la obra y en un par de meses voltearon los ataúdes de unas cuantas glorias nacionales. Incluso los cadáveres de Borges y de Cámpora calentaron banquillo aunque,finalmente, no saltaron al avión.
En 1996, fallece Carlos Menem junior en un accidente de helicóptero. Su madre, Zulema Yoma, inestable psíquicamente desde los vaivenes de su matrimonio, empezó por acusar de su muerte a la Mafia y acabó por decir que el cadáver enterrado no era el de su hijo, basándose en que había quedado un cuarto de hora en el velatorio a solas , mientras trabajaba un equipo de limpieza.
Sea como fuere, la buena mujer consiguió exhumar el cadáver, la autopsia demostró que su cuerpo era el de su hijo y ella pudo descansar tranquila, eso sí, tras cambiar de alojamiento el cadáver a un lugar secreto.
El adagio final de esta sinfonía trágica lo ponemos con un guiño a la comedia.
En 1994, con gran pompa y alboroto, se decidió el traslado de los restos mortales del mejor poeta que ha tenido Argentina, Leopoldo Lugones, a su ciudad natal, Villa María, al sur de Córdoba. Efectuado el trueque, alguien advierte que el auténtico lugar natal era Villa de María, a cuatrocientos kilómetros de distancia. No se atrevieron a más y Lugones descansa, pero en lugar equivocado.
A lo que íbamos. Claro que la necrofilia, los ocultismos y demás paranormalidades suelen florecer en épocas de crisis o de dudas ante el futuro.Acerca de la significación de la necrofilia se ha especulado mucho. Especulado, ¡cómo no¡. Que si búsqueda de la autodestrucción, que si voluntad de nóser, etc, etc.
En todo caso, y si me dan a elegir preferiría que las ciudades no ordenasen su estructura tomando como eje y centro un inmenso cementerio.Por respeto a los muertos y a la realidad.

7 comentarios:

Rafa71 dijo...

Hoy habrá una butaca libre en Mestalla. Espero que el año que viene se anime...

Cvalda dijo...

Buenos Aires... qué inquietante.
Un placer leer tu blog, Juanjo.
Abrazos.

James Boswell dijo...

Chapó, Juanjo.

"La muerte me desgasta, incesante".
J.L. Borges

Teófilo el necrófilo dijo...

Juanjo, cuéntanos ya lo del cadáver de Evita.
Queremos saber.

Recién llegada dijo...

Perdone mi ignorancia, Sr. Jambrina: ¿Qué es un "matambrito"? ¿O acaso es una licencia literaria suya? Ah! Ventura, quizás tenga usted razón y yo sea sólo una argentina frustrada (espero su veredicto). Y la respuesta. Gracias por este trozo de tierra. Y por la libertad.

TheoSarapo dijo...

MATAMBRE:
Es entonces la carne bajo el cuero y sobre las costillas, que cubre los dos flancos del animal vacuno. Los de lengua anglo americana la llaman Flank Steak. Se despega del costillar con la ayuda de un simple cuchillo.

Es un excelente bocado. Algo así, me parece, como la tortilla de patatas en España.
Señor Ventura, conteste a la recién llegada.

ventura dijo...

Mi vanidad ya ha quedado colmada al tener algo de resonancia. De todas formas yo quería hacer una pequeña broma al valorar a su vez tu blog... he de mejorar mi expresión escrita, ya que tengo fijación oral, como Shakira.La recién llegada no es vanidosa ya que usa seudónimo.