2 de diciembre de 2005

ARGENTINA (II) : Mitos pasados y mitos por venir

La Argentina fue fundada por ficciones. Hasta donde recuerdo, la primera nación que me narraron, antes de que aprendiera a leer, era una sucesión de estampas en las que abundaban las lluvias y los desiertos.
Mi primera nación fue un libro con un cabildo de adobe y tejas, una mañana de llluvia, en 1810.
Alrededor del cabildo, algunos edificios bajos, con damas de miriñaque y patriotas de levitas impecables, que exigían la expulsión del virrey. Los patriotas llevaban paraguas y repartían cintas azules y blancas.
La estampa escamoteaba falazmente la realidad. La plaza, en verdad, era un lodazal y los paraguas eran una rareza en la aldea de fin de mundo llamada Santísima Trinidad y puerto de Buenos Aires.
En los libros donde por primera vez leí los relatos de la nación, la censura de nuestros orígenes era deliberada y respondía a un proyecto político: el proyecto de convertir a la Argentina en un país de cultura europea, habitado por hombres de raza blanca.
Los hombres modifican el pasado para poder reconocerse mejor en el futuro.
A finales del siglo XIX, imaginar el futuro era un ejercicio concurrido.
Los fundadores del relato nacional trataron de educar la posteridad a través de héroes ejemplares que sacrificaban su vida por una patria ideal.(---)
Mas imaginativo, el siglo XX dejó tras de sí grandes escritores ciegos que remedan el infortunio de Homero, héroes idealistas caídos en plena juventud (Ché y Evita), astros defútbol indisciplinados (Moreno y Maradona), cantantes de tango que mejoran con la muerte, como Gardel y Polaco Goyeneche.
Y también un par de pesadillas: la pesadilla de un cabo de policía con delirios ocultistas que dominó la vida y la muerte del país durante once meses; la de una infinita red de campos de muerte, donde los verdugos enterraban a las víctimas vivas en fosas o los arrojaban al mar.

(continuará...)

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